Las movilizaciones de emigrantes latinos en territorio norteamericano han resultado de una amplitud sorprendente. Cientos de ciudades asistieron al desfile pacÃfico y ruidoso de cientos de miles de emigrantes latinoamericanos que viven con severas dificultades legales ante las autoridades del paÃs.
Las intenciones de algunos sectores de la derecha republicana, que se proponen combatir las migraciones de latinos a tierras de los EE.UU. han profundizado la inquietud y han ayudado a darle forma a las demandas.
La emigración de trabajadores latinoamericanos hacia el Norte ha sido una constante en los últimos decenios. Pero parecerÃa que la crisis económica actual, por la que atraviesan varios estados latinoamericanos, ha acentuado la presión migratoria procedente del Sur.
El crecimiento de la migración a su vez ha generado sentimientos xenófobos y se ha aprobado en la Cámara de Diputados una ley tendiendo a restringir el ingreso de extranjeros. Todo ambientado por un clima de discriminación y rechazo cultural y étnico.
Como ha observado el gran estudioso norteamericano Inmanoel Wallerstein: “Aquellos que favorecen rigurosas acciones estatales contra los emigrantes (y no sólo contra los ilegales) se expresan en un lenguaje xenófobo y reciben respaldo gracias al sentido generalizado de inseguridad económica y social que existe entre la clase obrera y la clase media. Este grupo tiende a favorecer la construcción de muros y las expulsiones de variados tipos. Comúnmente se localizan entre las fuerzas polÃticas más conservadoras, pero atraen el respaldo de algunos grupos que normalmente apoyan a grupos situados más en la izquierda”.
Quienes se oponen a medidas estatales rigurosas son, de hecho, dos grupos muy diferentes. Están las elites de los negocios, que reciben bien a los emigrantes en la creencia de que esto les permite mantener los salarios bajos. Y tienen razón en alguna medida. AsÃ, quieren que los emigrantes tengan el derecho de entrar y trabajar. Pero no están ansiosos de que los emigrantes obtengan derechos polÃticos, lo que les permitirÃa luchar por mayor remuneración. El segundo grupo es bastante lo opuesto. Está compuesto de los grupos de emigrantes y de aquellos en la izquierda que favorecen el aumento, no el decrecimiento, de los derechos sociales y polÃticos de los emigrantes.
Según el polémico escritor Samuel P. Huntington (autor entre otras obras de “Choque de civilizaciones” donde se pone el énfasis de esta confrontación como la dominantes en el perÃodo que ha seguido a la finalización de la Guerra FrÃa) ha dicho que “los elevados flujos de esos emigrantes amenazan con dividir a Estados Unidos en dos pueblos con dos culturas y dos idiomas diferentes, el inglés y el español”.
Esto debido a que, “a diferencia de grupos de emigrantes en el pasado que llegaban a Estados Unidos, los latinos y mexicanos no se integran al resto de la sociedad” estadounidense y preservan sus costumbres y lealtad a sus paÃses de origen, agregó.
“Estos latinos forman sus propios enclaves (culturales), como sucede en las ciudades de Los Angeles y Miami, rechazando los valores anglosajones que permitieron construir nuestra sociedad y el sueño estadounidense”.
Las movilizaciones de masas de estos últimos dÃas tienen caracterÃsticas cada vez más definidas. Hay en ellas reivindicaciones que se podrÃan encuadrar dentro de la lucha por la vigencia plena de los derechos civiles y polÃticos para las minorÃas latinoamericanas en los EE.UU.
Por su grado de organización, por la amplitud de su convocatoria y por las consignas levantadas, las movilizaciones latinas en los EE.UU. registran también los cambios profundos que sacuden a las sociedades latinoamericanas de hoy, bien distintas por cierto a la apatÃa y conformismo que ciertas visiones caricaturales pretendieron atribuirle a la condición latina. *
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