La insoportable levedad de los gobernantes argentinos

El doble discurso y la frivolidad peronista están sin duda presentes en todos los integrantes del gobierno actual argentino.

Cualquiera abre la boca para decir cualquier cosa sin mirar más allá de su nariz, ni siquiera mirar su ombligo, centro de su visión imperial y de la frustración del fracaso como nación en que han sumido al país los diferentes gobiernos peronistas y militares desde hace casi 60 años.

«Suerte que los políticos argentinos duermen de noche, pues este tiempo es cuando el país puede crecer sin tener su intermediación; si no durmieran, estaríamos perdidos», decía mi amigo, distinguido historiador y pensador argentino, Dr. Emilio Corbière. O,»la Argentina se arregla si dejamos de robar 2 o 3 años» como dijo el ex dirigente gremial Barrionuevo, uno de los referentes históricos más importante del Peronismo.

Esa tendencia a deformar la realidad, de ser venales en el pensamiento y en la acción, sin ningún miramiento ético, tirando excrementos sin importar a quien afecta, es tan común en la política argentina, que es considerada como una naturalidad. Hace unos años hubo un famoso programa de televisión que batió récord de audiencia, y únicamente se hacía con pedazos de cintas viejas de TV. Se incluían viejas promesas y las posiciones actuales sobre un mismo tema que manifestaban las primeras figuras de la política. La presión del gobierno logró hacerlo levantar; cámaras ocultas, programas de TV, campañas de prensa, han sustituido a la justicia controlada por el poder de turno

Entonces, ¿nos pueden extrañar las declaraciones del ministro del Interior Fernández, contra nuestro país y contra nuestro Presidente? ¿Cómo no va agredir un ministro del Interior que no puede controlar a sus piqueteros, no tiene la capacidad de imponer la ley ni garantizar la libre circulación de los bienes y las personas en su territorio? Este ministro no tiene otro argumento que la agresión. ¿Cómo se puede sentir un gobierno que no puede imponer la ley ni las disposiciones vigentes sobre el cuidado de las aguas y el medio ambiente sobre las industrias que bordean el río Paraná o aquellas que envenenan el directamente el Río de la Plata? ¿Cómo se ha de sentir un gobierno que ahora también va a tener un problema con Brasil, que va a instalar una planta de celulosa en el alto Uruguay, al lado de la ciudad de San Borjas de 700 mil toneladas de producción anual? ¿Cómo puede sentirse un gobierno que tiene congelada una reclamación del Paraguay por contaminación que provoca una empresa de celulosa argentina frente a la costa paraguaya?

¿Cómo ha de sentirse el Gobierno Provincial de Busti, que luego de haber intentado a mediados de los 90 atraer inversiones en el área de la forestación con «todo tipo de facilidades», no lo pudo lograr y vio con espanto cómo estas inversiones se radicaban en Uruguay o en el sur de Brasil? ¿Cómo puede sentirse ese gobierno provincial que ve con desesperación cómo su proyecto de puerto profundo de Concepción del Uruguay desaparece frente el auge que tienen Fray Bentos y Nueva Palmira?

Busti grita desaforadamente porque sólo puede sentir pasar los miles de millones de inversión que se le escurren de sus manos sin dejarle nada entre los dedos. Esto para este gobernante peronista acusado por los medios de prensa de enriquecimiento ilícito y con varios procesos judiciales sobre el particular que lo afectan a él y a sus principales colaboradores debe ser desesperante.

Por otra parte, no nos engañemos: si hay alguien que no puede imponer nada a nivel industrial y político es el gobierno argentino, que ha sido y es incapaz de proteger el medio ambiente, los cursos de sus ríos frente a papeleras, petroquímica, industrias y todo tipo de contaminación de los efluentes que se vierten en ellos por «la pasividad» de sus controles, y es incapaz de pagar el precio político, social y económico de obligar a todas las industrias contaminantes a transformarse en ecológicamente limpias.

Por favor, señores Fernández, canciller Taiana, miren para dentro y véanse en el espejo de la realidad antes de opinar sobre nuestro Presidente, por otra parte electo por más del 50 % de los ciudadanos en primera vuelta, legitimidad que por más que quiera no pude mostrar el Sr. Kirchner.

Los uruguayos con nuestro espíritu crítico y provincial, nos encontraremos encolumnados tras nuestro gobierno y nuestro Presidente en defensa de nuestra soberanía y de un desarrollo sustentable. No nos pueden dar lecciones de cuidados del medio ambiente quienes no saben cuidar su propio hábitat, y no nos pueden dar consejos sobre derecho quienes hacen con el derecho lo que se les canta. *

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