Disminución de la pobreza
De acuerdo con las informaciones difundidas por el Instituto Nacional de Estadística y reseñadas en la edición de ayer de LA REPUBLICA, la pobreza bajó en 2005, por primera vez tras seis años, al 29,8 por ciento de la población, frente al 32,6 por ciento registrado en 2004. De esta manera, en nueve meses de gestión los pobres bajaron en 80 mil.
La pobreza había empezado a subir en el año 1999, cuando se inició la recesión que duró cuatro años.
A finales de 2004, el porcentaje de personas pobres en nuestro país llegó hasta el 32,6 por ciento, según cifras procedentes de la misma fuente. La cantidad de pobres en Uruguay disminuyó en 79.300 personas durante el año 2005.
La mayor cantidad de personas que lograron superar la barrera de la pobreza (46.000) reside en el interior del país, y el resto (33.300) en Montevideo. En la capital, la pobreza bajó al 30,2 por ciento, desde el 32,4 por ciento, mientras que en el resto del país se redujo al 29,5 por ciento, frente al 32,8 por ciento registrado en 2004.
El porcentaje de personas indigentes también descendió, pero sólo cuatro décimas de punto porcentual, y pasó de 3,9 por ciento a finales de 2004, a un 3,5 por ciento al culminar 2005. Del análisis de los índices de pobreza en las edades de la población, surge que el 55,7 por ciento de los niños menores de 6 años viven en hogares pobres, el 50,4 de los menores de entre 6 y 12 años son pobres y el porcentaje disminuye al 39,5 por ciento en los menores de entre 13 y 17 años.
Como se puede apreciar, la información difundida es de una enorme significación. Supone la primera ruptura importante en la lógica de la reproducción económica seguida del «sálvese quien pueda» social, el fin de las prácticas despiadadas inherentes a la visión neoliberal en boga en nuestro país en los últimos cuatro gobiernos anteriores al advenimiento del gobierno progresista.
Es desde esa perspectiva de solidaridad con los más golpeados que el gobierno progresista echó a andar sus políticas sociales a través del Mides, con la aplicación de un Plan de Emergencia Social que, de acuerdo con esta información estadística, empieza a dar resultados visibles.
Resulta un hecho sintomático que la información resumida más arriba, de acuerdo con los términos en que la difundieron todos los demás periódicos que se editan en Montevideo, fue presentada en el matutino El Observador en un titular jerarquizado que reza: «El flagelo (de la pobreza) aún golpea a 856.800 uruguayos».
El titular del matutino conservador no se trata, obviamente, de una falsificación ni mucho menos. Solo que el énfasis está puesto no en lo nuevo, que es la disminución del número de pobres, sino en lo anterior, lo que no era noticia. Lo que durante años no había sido noticia. La pobreza era algo normal. Formaba parte del «orden natural» de una realidad marcada por una economía de mercado. Del tan elogiado libre mercado.
De este modo, de manera casi subliminal, el periódico parece dar evidencia del fastidio que al pensamiento conservador le provocan los logros democráticos y sociales del gobierno progresista.
Tampoco carece de sentido la expresión flagelo usada en el título de El Observador, que coloca a la pobreza en el cuadro de los terremotos u otras calamidades originadas en la naturaleza. En realidad la pobreza no es el resultado de un hecho «neutral» de este tipo sino de la aplicación de determinadas líneas de acción social y económica. Líneas inscriptas en ciertas visiones de conjunto o ideologías que informaron la acción de los gobernantes y de los partidos a los que pertenecían.
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