Más acceso democrático y más pluralidad

En la edición del sábado pasado se dio cuenta que quien firma esta nota había sido contratado por LA REPUBLICA como consultor periodístico externo y profesional durante dos meses, para analizar la nueva realidad de crecimiento de ventas de ejemplares de este medio de comunicación, luego de los cuales yo volveré a desarrollar mis actividades regulares como consultor internacional. Desde luego que las meras sugerencias de mi informe van a ser modestas y no tienen otro fin que el cumplimiento serio y más fecundo posible de un contrato profesional, que en esta casa, visto probablemente que he fundado y dirigido diversos medios, les ha parecido, para mi sorpresa, que esas sugerencias podían tener algún valor y colaborar en algo con la construcción de un nuevo modelo que recoja la nueva realidad creciente de lectores.

 

Hacia un nuevo orden informativo nacional

Es importante sí analizar la situación de transición de la prensa nacional. Que el precio del diario común cueste regularmente un dólar y medio coloca al país a la cabeza mundial de los diarios caros. Diríase que el acceso a la información a través de la prensa escrita tiene, para los ciudadanos en comparación con el resto del mundo, un carácter confiscatorio. La ciudadanía uruguaya tiene pues confiscado su acceso a la información de la prensa escrita. Y no puede pensarse, desde luego, que ello pasa por casualidad sino que no puede resultar más que de una expresa voluntad de elites.

Cuando LA REPUBLICA -en batalla desigual que va a ser recordada como un hito del periodismo nacional, que tiene nombre y apellido y es el del director de esta casa- rompe con eso y logra bajar el precio del diario, multiplica por varias veces sus tiraje y se pone a la cabeza de la prensa nacional, salvo los días domingo en que el diario El País no es comprado por su periodismo sino porque cacarea, gallito al fin, avisos mal llamados económicos. No lo logra por sus contenidos informativos, desde luego. No lo logra por la Biblia sino por el calefón. Sencillamente con el precio bajo, el derecho a la información deja ahora de estar confiscado para los ciudadanos de poder económico medio y bajo.

El nuevo orden de diarios accesibles volverá a determinar que los ciudadanos de clases medias -los que sobreviven todavía en esa posición- y los ciudadanos de clases desposeídas tengan más acceso a la información. Un derecho humano que en Uruguay se había increíblemente oligarquizado y era reservado para consumo de unos pocos. Cuando, por el contrario, el país en décadas pasadas, cuando supo construir sus caminos, lo hizo desde la opinión de la tinta sobre el papel circulando por las calles entre los ciudadanos comunes, que con información hicieron la nación. Eso ha empezado a suceder nuevamente y será desde ya una característica del nuevo orden.

 

La calidad del orden informativo nacional

El hecho de que el periodismo escrito -que tiene, por sus características, posibilidad de mejor contextualizar y analizar en profundidad las informaciones- vuelva a ser un fenómeno de masas alterará claramente el orden vigente.

Porque la cantidad de lectores al mismo tiempo puede posibilitar la mayor inversión en la calidad de los productos al mismo tiempo que esa mayor cantidad de lectores exige esa mayor calidad. No quisiera entrar ahora en lo que podríamos denominar con soltura la crisis del periodismo nacional -no sólo de prensa gráfica sino, en una proporción mayor todavía, crisis del periodismo televisivo y radial- pero es claro colegir que no habrá país en serio sin periodismo en serio. Y que, necesariamente, habrá una relación entre la calidad del periodismo -la calidad en suma de las informaciones que circulan- y la calidad con que el país encuentra sus caminos. Cuando uno ve que el que dice una información en televisión, por ejemplo, no la entiende cabalmente -lo que es muy frecuente salvo honrosas excepciones- lo que ocurre es que se está poniendo en marcha un sistema en que ese no entendimiento se reproducirá socialmente. Salvo excepciones, por ejemplo, el país se encuentra en medio de una crisis internacional sin que la mayoría de la prensa se haya dignado explicar claramente la relación entre la producción de celulosa y el medio ambiente. Eso sí es crisis de comunicación, mismamente. Porque no debe olvidarse que como en realidad la prensa escrita hace la agenda de la prensa audiovisual y le da o no le da -como es ahora el caso- los contextos, la mejor calidad de la prensa escrita impactará en la mejor calidad de la prensa audiovisual.

Por otra parte, el crecimiento de la calidad -permitido por un mercado mayor- determinará inexorablemente que la prensa popular sustituya a la otra no sólo entre las clases populares sino en todo el arco de la sociedad. Como pasó en el pasado glorioso del país.

 

El nuevo orden plural

El orden actual reproducía los decadentes valores de un sistema establecido de privilegios  un establishment- y se encargaba de articularse con los poderes fácticos para combatir a cada informador desafiante, como si se pudiera parar al tiempo, y así mantener por un mayor lapso sus beneficios. El arco de los poderes fácticos, la corrupción política, el contrabando, el lavado de dinero, la corrupción policial, el delito de escritorios contables y jurídicos y otros tenían una alianza fraternal con el orden en decaimiento. El reclamo de ese papel para la prensa de fiscalización de los poderes fácticos fue un tema permanente de mis editoriales tanto de Posdata como, antes, de Jaque.

¿Qué es un orden plural? El país cuando supo construir su éxito sólo tenía prensa escrita -la radial estaba en pañales y la televisiva no existía- y, de acuerdo a la necesidad partidocrática de ese tiempo de construcción de identidades, la prensa era toda partidaria.

Eso ya no existe en el mundo. Ha sido sustituida por un fenómeno de lealtad de los órganos de prensa no ya con los partidos sino con la sociedad. Y expresan, sí, frente a ella, no lealtades partidarias sino «sensibilidades» que es otra cosa bien diferente, sea de orden más conservador, más de centro o más progresista, según sea el caso de la sensibilidad de los editores. Por poner un ejemplo, dos diarios importantes en el mundo como El País de Madrid o Le Monde de París, ambos de sensibilidad progresista han sido, sin embargo, los más implacables críticos de inconductas llevadas adelante por funcionarios de gobiernos de partidos progresistas. Lo mismo se puede decir con respecto a órganos de prensa conservadores como los franceses y los ingleses que han sido decisivos en caídas de gobiernos de partidos que teóricamente recogían sensibilidades que les eran afines.

Lo que ocurre es que el compromiso con una sensibilidad es un compromiso ético que nada tiene que ver con los intereses muchas veces muy concretos y particularistas de un partido político.

Concebido así el pluralismo, en el nuevo orden nuevos órganos de prensa tendrán que recogerse sensibilidades hoy mal entendidas -en el campo del conservatismo nacional- no ya como un trueque de beneficios entre medios y partidos sino como un orden dado por escalas de valores que recojan honestamente las diversas sensibilidades que conforman a la sociedad.

Para quien firma ha sido una razón decisiva para aceptar la consultoría contratada el convencimiento de que todos debemos colaborar en construir ese nuevo orden plural capaz de generar reflexión de la sociedad sobre sí misma, tan imprescindible, y no ya -como los llamados medios grandes hicieran en las últimas décadas- reproducir un discurso en cuya desinformación se mantenía a la sociedad lo más fuera de juego posible. Así lo hicieron hasta i
mplosionar. En muchos campos. En el campo periodístico convirtiéndonos en el país de la América Latina que pese a tener porcentualmente más ciudadanos con instrucción, tiene menos lectores de diarios por cada mil ciudadanos. Vergüenza.

Y el convencimiento, en ese mismo orden de ideas, que los promotores del nuevo orden del periodismo gráfico alentaremos no solo expresiones vinculadas con nuestra propia y particular sensibilidad de ideas, cada uno en la suya, sino que el nuevo periodismo plural animará la accesibilidad democrática -y con ello el acrecentamiento de la calidad periodística- a todas las sensibilidades en el camino de la evolución y el desarrollo nacional. En compromiso con los valores generales que se le deben a la sociedad, y a sus diferentes sensibilidades políticas, y no con los «mandados» particulares que la prensa no le debe a los partidos, cuya insustituible legitimidad abreva en otras fuentes. *

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