Escrito por: JORGE R. BRUNI
En el año 1999 la pobreza en el Uruguay afectaba al 15.3% de la población urbana. En 2004 se habÃa incrementado al 32.1%. En 2005 hubo una importante recuperación. No obstante, persiste, aunque atenuada por varios mecanismos que el gobierno ha puesto en marcha. Entre otros: Plan Nacional de Emergencia, Consejos de Salarios, combate a la informalidad. Por otra parte, se prevé, de acuerdo a proyecciones del PBI para 2006-2007, que la tasa de desempleo, pobreza y salario real, experimenten una notoria mejorÃa en el bienio.
Está de más insistir acerca de las graves consecuencias culturales y sociales que originan fenómenos reiterados y prolongados tales como el desempleo, trabajo en negro, informalidad, desprotección social, pobreza. Todos hechos que se asocian al bajo nivel educativo, nula protección social y de atención de salud, originando en definitiva exclusión social. Y lo que es más grave, socavando profundamente la cultura del trabajo. “Gano más recolectando basura que trabajando por un sueldo miserable y sin protección” es una frase repetida desde muchos años atrás en este paÃs.
Felizmente son tendencias decrecientes en Uruguay a partir del año 2005.
En los últimos años el capital y el trabajo evolucionaron desigualmente, en el paÃs y en el mundo. Mientras el primero avanzó hacia la unidad global mundial, el segundo lo hizo hacia su fragmentación y deterioro. ¿Botón de muestra? El capital figura en cuanto tratado de inversión y comercio existe. ¿Sucede igual con el trabajo? Recordemos por otra parte, que la Cumbre Mundial del año 2005 de las Naciones Unidas, no sólo apoyó una globalización justa sino que expresó que los objetivos del pleno empleo productivo y trabajo decente para todos, son metas fundamentales de polÃtica nacional e internacional y estrategia de desarrollo de reducción de la pobreza. ¿Por qué todo esto? Porque Uruguay tiene en su Constitución el artÃculo 7, que dispone que el trabajo es uno de los derechos fundamentales, colocándolo por tanto en el centro de atención y discusión de la sociedad. En otras palabras: la centralidad del trabajo digno en el mundo que potencia la vida humana en todas sus dimensiones.
En lo que va del actual perÃodo de gobierno, la modificación del sistema de Relaciones Laborales, propósito reiteradamente anunciado por el gobierno, se ha ido concretando. Se convocaron Consejos de Salarios, se sancionó la ley de fuero sindical. Se fortalecieron la Inspección General de Trabajo, el área de Seguridad Social, la Dirección General de Coordinación del Interior (Dinacoin), la Dirección Nacional de Trabajo (Dinatra) y la Dirección Nacional de Empleo (Dinae). Agreguemos la promoción de mecanismos de prevención de conflictos, tratando de canalizar la natural contradicción entre capital – trabajo, propio de cualquier sociedad democrática.
Si bien se podrÃa seguir con ejemplos de lo hecho, es a otra cosa que queremos referirnos: el lugar central que ocupa el trabajo en cualquier sociedad. Y por tanto al trascendente papel que en tal sentido deberÃa desempeñar la educación.
Ante el difÃcil panorama descrito: informalidad, pobreza y exclusión, ¿no será necesario inculcar conceptos básicos a los futuros ciudadanos sobre lo que significa la centralidad del trabajo en la sociedad, hoy subvaluado culturalmente como consecuencia de una realidad lacerante que se arrastra de muchos años atrás? ¿No deberÃa la educación encarar el mismo como tema sustancial? ¿Imaginamos lo que originarÃa que tales conceptos básicos y elementales, fueran introducidos en los planes educativos?
Resulta innegable la sustancial importancia de la educación y formación en Derechos Fundamentales del Trabajo para todos los sectores sociales y la sociedad en general. Y como natural complemento, la mayor difusión posible de sus contenidos, para lo cual no resulta ajena esa formidable herramienta que tenemos los uruguayos que nos ha ubicado como ejemplo sin par en América Latina: el diálogo social. SÃ, tenemos mucho para hacer. Estamos trabajando, con dificultades, errores y aciertos. De eso se trata. *
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