Elección en el BPS: de democrática tuvo poco

¿Cómo es esto? Los integrantes de la Corte Electoral, los miembros del Banco del Previsión Social (BPS), algunos parlamentarios, los integrantes de las organizaciones de empresarios, jubilados y activos participantes en las elecciones del pasado domingo por las que se eligieron los directores sociales que integran el directorio de ese organismo, hablaron hasta el hartazgo de la importancia del voto universal y obligatorio, una expresión que, según ellos, «refuerza la democracia en nuestro país»

El doctor Mario Cataldi también lo hizo de manera larga, utilizando el tiempo de los oyentes de las radios en batir palmas por un acto comicial que, en nuestro opinión, mostró lo mal que funciona la democracia electoral en nuestro país y también que la rigidez de las normas que se aplican   mal que le pese a muchos que hablaron de más   hicieron a la elección del pasado domingo una expresión muy poco democrática en que, las distorsiones dadas por el poderío de cada lista y la capacidad de movilización de los representantes de las mismas para surtir de listas a los circuitos de votación, fueron decisivas a la hora del recuento de los votos.

O es que no saben el doctor Cataldi y muchos otros que hablan de lo ocurrido y baten palmas, que ese día la democracia faltó a la cita. En los circuitos empresariales y de jubilados, en general no hubo listas de todas las tendencias representadas cuando no, como ocurriera en algún circuito, los votantes debían sufragar necesariamente «en blanco» porque en el llamado «cuarto secreto» sencillamente no había papeletas de votación de ninguna de las opciones.

¡Qué contrasentido! Plantear el voto obligatorio y paralelamente no organizar, circuito por circuito, que hubiera listas suficientes para que la expresión democrática fuera plena. ¿Era muy engorroso para la Corte Electoral reclamar a cada organización que impulsaba un candidato la entrega previa de hojas de votación, para que los integrantes de las mesas en vez de vigilar los arcaicos procedimientos del voto, como el colmo   por ejemplo – que la tirilla del sobre se corte frente a ellos, pudieran proceder a colocar las hojas de votación para que los sufragantes que, obligatoriamente debían de concurrir, pudieran efectivamente ejercer el derecho del voto?

Los responsables de la Corte Electoral se escudan en que la obligación de la provisión de las hojas de votación era de cada uno de los sectores que apoyó a candidatos, eximiendo de responsabilidad a la propia Corte Electoral, sin advertir que con ese procedimiento equivocado, esa argumentación falaz y esa metodología arcaica y repetida elección tras elección, lo que se logra es que una expresión democrática, como la electoral, se convierta en un arbitrio en el que se imponen quienes tengan mayor capacidad de organización y puedan, o entregando las horas de votación previamente o reponiéndolas cuando hacen falta, poder estar siempre presentes con sus propuestas en el llamado «cuarto secreto»

Quienes no tienen esa capacidad están impedidos de competir, restándole opciones al elector en un proceso que va deteriorando en forma evidente el valor democrático de una elección que por arbitrio de la ley era de voto obligatorio. Lo sorprendente, casi insólito, es que los integrantes de la Corte Electoral, que deben tener presente esta dificultad, pues era de evidencia plena que ocurriría, no trataran de organizar, pese a los altísimos costos que tuvo esta elección de directivos sociales del BPS, este aspecto.

Si el voto, por arbitrio de la Ley, es de carácter obligatorio, no le puede faltar al sufragante ninguna opción. Tiene que tener ante sí todas las posibilidades planteadas por las distintas tendencias y no solo por las que han tenido capacidad de movilización para realizar una provisión ajustada de cada uno de los circuitos.

Y en ello está en juego   nada menos – que el contenido democrático del acto comicial en cuestión. Por supuesto que es una situación que se reitera en las elecciones nacionales, donde el problema queda diluido de alguna manera, porque en general los principales partidos tienen posibilidades de colocar listas suficientes y, además, en el trabajo electoral previo una de sus tareas prioritarias es el reparto de las hojas de votación.

Pero bien sabemos que existen algunos grupos   especialmente los de corte testimonial   sin capacidad de movilización, que no tienen la posibilidad de que el elector se incline por su opción, porque en general sus listas no están en los cuartos secretos.

En evidencia este es un tema a analizar y resolver. No es posible que se siga adelante con este tipo de elección «obligatoria», en la que el ciudadano que no concurre a sufragar es multado (por más que ello sea una ficción previa para apuntalar el éxito del comicio), sin que los mismos organizadores del acto electoral vehiculicen la necesidad de que las hojas de votación de todas las opciones estén presentes en el momento adecuado.

Lo ocurrido el último domingo cuestionó todo lo proclamado sobre la esencia democrática de esa expresión ciudadana.

Que de democrática tuvo poco. Muy poco. *

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