Otro aniversario de un acto memorable
Hace hoy 35 años tenía lugar en Montevideo un acto de masas sin precedentes en la historia del país. No sólo por la multitud impresionante que llenó las calles céntricas de la capital, sino –sobre todo– porque se trataba de la presentación oficial en público de una nueva fuerza política nacida hacía menos de dos meses.
El nacimiento de esta nueva fuerza era, a la vez, la culminación de un proceso de unificación de los partidos y sectores de izquierda y de las organizaciones civiles representativas del movimiento popular; concretamente el movimiento sindical había logrado cristalizar su unidad en 1965, con la creación de una central única de trabajadores, la CNT.
Pero más allá de la prédica unionista lanzada a mediados de los años cincuenta y del ejemplo de unidad de la clase trabajadora, la crisis que vivía el país y la escalada autoritaria del gobierno de Jorge Pacheco Areco fueron el elemento catalizador para que las fuerzas progresistas hallaran la forma de unirse en torno a un programa y un candidato común.
El Frente Amplio surgió, pues, como expresión política de una voluntad de cambio cada vez más extendida entre la población y de rechazo al modelo dictatorial implantado por el gobierno, incapaz de responder al descontento y a los reclamos populares de otra forma que no fuera la escalada represiva.
El conglomerado de izquierdas surgía, entonces, como alternativa a un modelo agotado y como propuesta en defensa del estado de derecho, de las instituciones, de las libertades y de la democracia.
Cierto es que había otro agrupamiento político que levantaba banderas similares: los sectores nacionalistas agrupados bajo el liderazgo de Wilson Ferreira Aldunate, cuyo «Compromiso con Usted» planteaba un reformismo de características progresistas. Pero el Frente Amplio aparecía ante los ojos de la población con un compromiso mayor en la defensa de las libertades y en la propuesta de cambios profundos en la sociedad y en la economía.
Aquel año de 1971, año de su nacimiento, el Frente Amplio habría de tener su bautismo de fuego en un acto de masas multitudinario y esperanzador, y más tarde, en noviembre, al someterse al juicio de los electores.
Aquel viernes 26 de marzo de 1971 la avenida 18 de Julio –entre el monumento al gaucho y la Plaza de Cagancha– había sido desbordada por un público fervoroso que veía en el Frente Amplio la posibilidad real de tener un gobierno popular. Allí se oyó por primera vez al candidato a la Presidencia de la novel coalición de izquierda, emitir un mensaje esperanzador, unitario y pacificador, desde un estrado en el que aparecían por primera vez juntos figuras emblemáticas de la izquierda y dirigentes recientemente escindidos de los lemas tradicionales.
Fue a partir de ese acto que la grey frentista redobló su fervor militante y logró movilizar a gente de todos los rincones que acudían, entusiastas, a los comités de base. Fue a partir de entonces que la derecha en general y la oligarquía en particular sintieron por primera vez que los privilegios de los que el status quo les permitía gozar se hallaban en peligro. De ahí surgió la histeria antifrentista que apeló a todo tipo de recursos para neutralizar la avalancha popular. Desde la propaganda mentirosa y los infudios hasta el accionar de grupos armados de ultraderecha que cometían tropelías a troche y moche con la complicidad de la policía, la campaña electoral se desarrolló en un clima enrarecido y las elecciones se celebraron sin las debidas garantías.
En aquella primera comparecencia en las urnas, sólo algo menos de un quinto del electorado dio su voto al conglomerado de izquierda. La frustración fue grande, pero a partir de entonces, y a pesar de los doce años de plomo, esa fuerza política siguió creciendo elección tras elección hasta llegar al histórico triunfo de octubre de 2004. *
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