Reflexiones libres después de leer a Platero

No recuerdo bien si fue en 1994 o 1995, cuando la Fundación Friedrich Ebert me invitó, junto a otros periodistas y dirigentes sindicales, a participar de un semanario sobre el movimiento obrero y la coyuntura (creo que ese era el tema).

A esa reunión llegué de casualidad porque el invitando original fue Jorge Wilson Arellano, quien prefirió pasarme la invitación. Una vez en la reunión me encontré con Gerardo Rey, quien hoy integra el directorio de UTE, con Luis Romero de Funsa, Antonio Ladra, experiente periodista de sindicales al igual que Miguel Flores, entre otros.

En esa reunión dije, entre muchas cosas, que el movimiento sindical uruguayo debía impulsar la reglamentación sindical y el derecho de huelga, porque eso le convenía. Dije más: señalé que se venía una ola neoliberal que iba a hacer saltar en pedazos las relaciones laborales y que estaba en peligro la existencia de los sindicatos y de la propia clase obrera.

Creo recordar bien. Ninguno de los presentes me dijo que yo estaba loco, ni que me había vuelto amarillo, ni nada por el estilo. La impresión que me llevé de esa reunión fue de que muchos estaban de acuerdo con mi alocada tesis, pero que algunos de ellos preferían que no lo dijera en voz alta. Esa impresión fue tan real, que no lo volví a repetir, aunque algún lector me ha dicho que escribí algo similar en LA REPUBLICA.

Recuerdo todo esto, porque en este mes el PIT-CNT, su dirección, tendrá una importante reunión para analizar el proyecto de ley sobre ocupaciones, metodología de lucha que es prolongación del derecho de huelga.

Es sabido que este proyecto es visto críticamente por parte de un sector de la dirigencia sindical, con razones que muchas veces son válidas y otra veces no. Pero el problema no es el análisis de cada párrafo del proyecto, cosa que hay que hacer y con lupa, sino definir previamente cómo los trabajadores se paran ante tremendo desafío.

Los trabajadores sindicalizados uruguayos tienen una histórica identificación con la necesidad de que el movimiento sindical sea independiente de los partidos políticos, de los empresarios y del Estado. Una sana identificación, por cierto.

El problema está en que muchas veces esa independencia de clase se la asimilado con la idea de que los sindicatos no deben aceptar ningún tipo de acuerdo escrito (leyes) con las patronales y el Estado. Esa identificación, desde mi punto de vista, es incorrecta y termina no ayudando a los asalariados.

El pasado domingo Eduardo Platero, dirigente de Adeom y de la vida, dijo en LA REPUBLICA que Rodney Arismendi gustaba decir que «No somos indiferentes al gobierno del Estado Burgés». Con esa afirmación estaba manifestando, creo interpretarlo bien, que para los trabajadores no es lo mismo una dictadura fascista a un Estado liberal burgués, porque esas libertades de la democracia favorecen a los más débiles, aunque sea recortadas.

Platero incluso va mucho más lejos cuando afirma cosas que en líneas generales comparto. El voluminoso dirigente sindical dice que el «Frente es un movimiento con fuerte entonación popular, estamos en un gobierno burgués, progresista pero burgués». Yo hubiera dicho que la izquierda uruguaya, que tiene como fin último la superación del Estado burgués en una perspectiva histórica a muy largo plazo, ejerce su actividad política en una sociedad donde predomina y domina el derecho burgués, cuyo sustento es la propiedad privada y la apropiación de la plusvalía.

Por encima de la puntualización anterior, lo que importa es que Platero le está diciendo al movimiento sindical que la legalidad burguesa, si es progresista, termina ahogando a los sectores capitalistas más retardatarios y reaccionarios, a la vez que favorece a los asalariados (¿Voy bien, Platero?).

También es verdad que Platero no dice que haya que acompañar el proyecto del gobierno u otro similar sobre las ocupaciones, pero yo digo que el movimiento sindical necesita de mucha legalidad burguesa, para defender sus intereses y consolidar sus conquistas.

Este gobierno del doctor Tabaré Vázquez es progresista en general, pero es de izquierda en materia laboral. Por eso se está ante un gran momento para los trabajadores, que no debe ser desperdiciado porque los gobiernos progresistas pueden no ser eternos o porque puede haber otros gobiernos progresistas que no sean tan sensibles a los derechos de los asalariados.

Un buen ejemplo de lo que puede llegar a pasar con gobiernos reaccionarios o con fracciones de ellos, es el de Francia, que está desmantelando los derechos sustanciales de los jóvenes trabajadores. Las barricadas han vuelto hoy a Paris para enfrentar a un nuevo y renovado empuje del neoliberalismo, cosa que mañana puede pasar en nuestro país. Para enfrentarlo, al igual que en la ciudad de la torre, habrá que poner gente en la calle, además de inteligencia. Pero si hay, en el medio del debate y del combate, leyes progresistas para defender, mejor.

Por eso no hay que tenerle miedo a la legislación en temas laborales, al contrario hay que gestarlas, presentarlas y hacerlas patrimonio de toda la sociedad.

Hoy es el momento, mañana puede ser demasiado tarde. *

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