Tiempo de autocríticas militares

En los últimos días, desde la prensa y desde algunas alocuciones de altos funcionarios militares, tanto en Argentina como en Uruguay se han escuchado expresiones autocríticas acerca de lo actuado por las Fuerzas Armadas en las décadas del setenta y ochenta.

La conmemoración en los próximos días del trigésimo aniversario del golpe de Jorge Rafael Videla ha dado lugar a numerosas publicaciones, debates, intercambios que reavivan un debate que está lejos de haber concluido.

Empecemos por decir que en Argentina las expresiones públicas de un pensamiento militar autocrítico han sido considerablemente anteriores a las que se han producido en nuestro país y, a la vez, el contenido de las mismas es mucho más severo y va más a fondo en la condena a lo actuado durante el régimen de terrorismo de Estado.

Todo parece indicar que, tarde o temprano, las nuevas generaciones de jerarcas que van alcanzando los principales cargos de la conducción militar toman distancia de los alegatos en defensa de los regímenes militares que estuvieron en boga anteriormente.

Así, de acuerdo a lo informado por Página 12, el general Bendini ha dicho: «Los desencuentros y los enfrentamientos de origen esencialmente político tuvieron como respuesta, por parte del Estado, un injustificable sistema represivo»; y admitió que «aún no hemos logrado restañar las trágicas heridas en la sociedad producidas» con la instauración el terrorismo de Estado. Incluso, se refirió a la «otra cara del llamado Proceso», para marcar la «destrucción del aparato productivo» y la «pobreza y marginación que aún condicionan nuestro presente».

De acuerdo al matutino citado, Bendini fue el tercero en la serie de autocríticas que se sucedieron con muy pocos días de diferencia, a casi 30 años del inicio de la última dictadura militar. El almirante Jorge Godoy ya había formulado el mea culpa por las «deudas» de «un pasado trágico» en nombre de la Armada, y el brigadier Eduardo Schiaffino había hecho lo propio por los aeronáuticos.

El jefe del Ejército optó por ir más allá que sus camaradas y tras deplorar las «terribles consecuencias» de la dictadura «por la cantidad de muertos y los condenables métodos empleados», también habló de la nefasta herencia económica «del Proceso», que adjudicó a «un sector del Ejército que estuvo al servicio de una facción ligada a intereses ajenos a los de nuestra nación».

No debemos olvidar que, además de la faceta de instrumentación del aparato represivo, el 24 de marzo de 1976 señala el comienzo de una política económica de enajenación del patrimonio nacional, de endeudamiento externo, de destrucción del aparato productivo en beneficio de la especulación financiera, de pérdidas de derechos sociales y políticos y de desarticulación del Estado argentino.

Por su parte el ex comandante en Jefe del Ejército argentino, Martín Balza, en una nota publicada en estos días ha formulado estas fuertes consideraciones: «Aún cuando, tal como en todos los golpes anteriores, se cometió la recurrente tropelía contra la Constitución Nacional, el golpe de 1976 concibió un metódico y frío plan de exterminio que fue desarrollado, sin sombra alguna de duda o remordimiento, por sus fieles ejecutores.

En este marco, aparece así la figura del ‘detenido-desaparecido’, que escarnece a nuestra memoria colectiva. La inventiva criminal de los déspotas no se agota ahí, sino que genera también la venta de vientres, el robo de bebes, la apropiación de bienes y la transferencia forzosa de propiedades como ‘botín de guerra'; con estas últimas, muchos bribones de uniforme acrecentaron sus patrimonios. La dictadura erosionó nuestro tejido social, desapareció la solidaridad ante el miedo, se instauró la sospecha, la delación y el fatídico ‘por algo será'».

Se trata, como se puede apreciar, de un conjunto de valoraciones profundas que realizan hombres con experiencia y gran responsabilidad en la conducción de sus armas. Es un camino que, tarde o temprano, deberán encarar los militares compatriotas ante realidades que tienen muchas semejanzas con lo ocurrido en la otra orilla del Río de la Plata. *

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