Voces irritadas desde la oposición

El curso de los hechos políticos, tanto en el plano internacional como en el de los asuntos domésticos, pone en evidencia la patética superficialidad política de los partidos de la oposición.

También de los analistas y plumíferos que comentan los hechos políticos y establecen, con una solemnidad en la que ni siquiera ellos creen, las sentencias que inculpan al gobierno progresista de todos los males imaginables.

Lo curioso es que, pese a la bien orquestada acción de buena parte de los medios de comunicación de masas, la mayoría de la población no parece conmoverse por la irritada y a la vez desmesurada gritería de la oposición.

En estos días, ha quedado en evidencia que mientras el gobierno se enfrenta con problemas de diversa índole que tienen en común un elevado grado de complejidad, la oposición las sabe todas.

Ha examinado todos los problemas y está, habla como si lo estuviera, madura para establecer, a cada paso, el juicio definitivo acerca de lo actuado por el gobierno. Ante cuestiones, repetimos, caracterizadas por su extrema complejidad y difícil resolución.

Solo estando animado de un espíritu con gran frivolidad se puede usar y abusar de la palabra con tanta ligereza.

Lo notable de la actitud de la oposición es que su gritería silenciosa se desata de manera circunstanciada, ante cada hecho, grande o chico, se pretende «alumbrar» al país desgranando unas frases de condena a lo actuado por el gobierno progresista.

Ahora bien, la situación está enfrentando no ya al gobierno sino al entero país a problemas que resisten mal tal pasión simplificadora. Simplificar es deformar, mutilar, presentar engañosamente como sencillos problemas que requieren abordajes multidisciplinarios y que han de tener soluciones que no serán inmediatas.

Los problemas que emanan de las dificultades y retrasos de la integración regional en el territorio del Mercosur, ¿nacieron ayer? Los graves problemas de la seguridad pública, ¿se conseguirá resolverlos mañana?

Sólo la demagogia irresponsable puede tender a presentarlos de esta manera.

A la vez, planteadas las críticas de forma a la vez perentoria y caso a caso, vale la pena preguntarse: ¿desde qué visión global critican los dirigentes blancos y colorados que fustigan con tanta irritación al gobierno?

A la vez, esa visión global, si es que existe, ¿de qué manera informó y dio razón al desarrollo de las políticas impulsadas por los sucesivos gobiernos colorados y blancos que se sucedieron al frente de la administración en los últimos 25 años?

¿Qué tan exitosas resultaron las orientaciones que animan a blancos y colorados para avanzar en los problemas de la seguridad pública? ¿Acaso les faltó tiempo para poner en práctica sus programas sociales, de mejoramiento de la situación carcelaria, de creación de fuentes de trabajo?

O por el contrario ¿entregaron el gobierno del país con las cárceles atestadas de presos y a todo el sistema penitenciario al borde del colapso humanitario?

El estilo ramplón de simplificar lo complejo lleva a su fase caricaturesca final con la personalización de las dificultades que encuentra la acción gubernativa.

A resultas de este retroceso en la cultura política del país, el fundamento conceptual que explica la subsistencia de determinados problemas y la llave maestra para resolverlos está en la remoción de tal o cual ministro.

La falta de enjundia de estas críticas resulta lamentable. A falta de ideas y de propuestas, en el lugar de los enfoques específicos sobre los asuntos y a la búsqueda de orientaciones que apunten a solucionarlos, se pretende resolver todo con ataques personales a ministros que, entre otras cosas, están en funciones porque, precisamente, cuentan con el respaldo del Presidente de la República. *

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