Derechos humanos: doble discurso de EEUU
Desde la creación de la ONU, la defensa de los derechos humanos fue uno de los ejes principales del discurso internacional del Estado norteamericano.
La Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948, se constituyó en el punto de referencia de la doctrina en torno a la cual la diplomacia y el conjunto de las oficinas del gobierno de los EEUU organizarían en lo sucesivo su accionar en el concierto de las naciones.
Eran los años de la guerra fría, y la lucha ideológica con los Estados del «socialismo real», liderado por la Unión Soviética y con los países del Tercer Mundo, era intensa.
Para los EEUU la medida estaba en el cumplimiento o no de las cláusulas de la declaración universal de los Derechos Humanos. Cumplimiento o no que, a menudo, era un pretexto para hostigar o sancionar a los gobernantes de países donde florecían movimientos y gobiernos de signo nacionalista, antiimperialista y anticolonialista.
A partir de esa mirada reducidora, muchos de lo movimientos y gobiernos de amplia base popular y nacional de Asia, Africa y América latina fueron condenados y hostigados por las potencias centrales bajo la acusación de que en esos países se violaban los Derechos Humanos amparados por las Naciones Unidas.
Esos tiempos quedaron atrás. La caída del bloque socialista por un lado y el crecimiento de la agresividad militar de los Estados Unidos han llevado a una nueva situación: el gobierno de Bush no quiere una comisión de Derechos Humanos fuerte, con prestigio en el campo internacional en momentos en que arrecian las críticas a las acciones violentas que las tropas anglo-norteamericanas han perpetrado en distintos puntos del planeta.
Hoy la vieja Comisión de Derechos Humanos es un escollo a la política de dominación planetaria alentada por el gobierno de Bush. Como dice Alejandro Teitelbaun, en estos momentos los Estados están discutiendo en las Naciones Unidas en Nueva York una reforma fundamental en el sistema de derechos humanos de la organización: la supresión de la Comisión de Derechos Humanos y su reemplazo por un Consejo de Derechos Humanos. Los pueblos quieren (deben) saber de qué se trata.
Dice el reputado jurista argentino radicado en Ginebra: «Si bien es cierto que la Comisión de Derechos Humanos merece críticas por su excesiva ‘politización’, de todas maneras es el organismo interestatal principal de la ONU que desde su creación en 1946 se ocupa de la situación de los derechos humanos en el mundo y ha tomado y sigue tomando la iniciativa en la elaboración de normas de derecho internacional de derechos humanos de enorme trascendencia, junto con su órgano auxiliar, la Subcomisión de Promoción y Protección de los Derechos Humanos».
Uno de los reproches que se pueden formular a la Comisión es su selectividad, pues a veces parece un tribunal destinado a juzgar sólo a los países pobres y más débiles. Y esto es imputable a las presiones que sobre ella ejercen las grandes potencias, Estados Unidos en primer lugar, el que con un cinismo a toda prueba alecciona y califica a los demás Estados en materia de derechos humanos, en lugar de tratar de dejar de ser él mismo uno de los peores de la clase y comenzar por predicar con el ejemplo.
Pero, agrega Teitelbaun, cuando la Comisión se ocupa de cuestiones de fondo, por ejemplo al examinar los informes de sus relatores temáticos, especialmente en materia de derechos económicos, sociales y culturales, Estados Unidos, oponente irreductible a reconocer esos derechos (el desarrollo no sería un derecho sino algo que depende de la iniciativa privada y de la economía de mercado), queda en minoría, cuando no totalmente aislado.
En ese contexto, la diplomacia estadounidense se desenvuelve en medio del cinismo y del doble discurso para ocultar los crímenes de las tropas de ocupación en Irak. Asimismo no está interesada por que en la vieja Comisión de DDHH de ONU se discutan las denuncias sobre secuestros y torturas perpetrados en Irak. *
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