Dialogar no es transar
El anuncio formulado el sábado pasado por el doctor Tabaré Vázquez trajo un respiro en la medida que implicaba la aparición de una luz de esperanza hacia la solución al diferendo con Argentina.
Un conflicto que amenazaba seriamente la buena relación entre ambas naciones y que ya había causado importantes perjuicios a nuestra débil economía en razón del bloqueo de los puentes que impidió la venida de turistas así como demoras y gastos extra en el transporte de mercaderías.
La postura intransigente del gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, lo había llevado a desarrollar una furibunda campaña que trascendió el ámbito provincial para transformarse en asunto de Estado para el gobierno federal argentino. De ese modo, llegamos a asistir, estupefactos, a una situación prácticamente de bloqueo económico similar a la que sufre Cuba. Porque, como decimos más arriba, el asunto de los piquetes no se limitó a impedir que eventuales turistas argentinos veranearan en Uruguay, sino que los piquetes y cortes de rutas interrumpieron y entorpecieron el flujo del transporte comercial. Es así que, como bien lo señaló el senador Fernández Huidobro, el país entero estaba siendo víctima de un acoso inusitado que toma la forma de sanción económica.
La postura argentina se había embarcado en una espiral intransigente que parecía no tener límite y que sólo se explica por la soberbia y la prepotencia de quien se sabe más fuerte. Un comportamiento propio de compadritos más que de malevos, que no ha hecho sino alimentar odios, generar problemas, instalar conflictos.
No obstante, poco a poco, empezaron a emerger señales –tímidas señales– que alimentaron la esperanza de que la situación se revirtiera.
La intransigencia y las bravuconadas cedieron paso a las posturas racionales, dialoguistas y civilizadas, y la razón empezó a prevalecer por encima de las amenazas de violencia. Triunfaba así la ponderación del gobierno uruguayo, que actuó como debía, sin responder a provocaciones.
Quedaron echadas las bases de un posible entendimiento, entendimiento que –como toda transacción o salida negociada– supone concesiones recíprocas, es decir que ambos contendores cedan algo.
El paso dado por Kirchner y Vázquez el sábado en Santiago de Chile significa la ratificación de esa voluntad dialoguista. Sin embargo, esa actitud no fue percibida así por la oposición política uruguaya. Tanto blancos como colorados cargaron sus tintas contra lo que consideraron una «aflojada» de nuestro gobierno. Amorín Batlle llegó a afirmar que el Presidente «se rindió ante la patota»; Larrañaga, por su parte, no vaciló en señalar que «aquí ganó la prepotencia».
¿Pretendían, acaso, que el país se mantuviera en la intransigencia y que respondiera a los gestos de apertura argentinos con una postura cerrada?
Como queda dicho, toda transacción implica que ambas partes hagan concesiones recíprocas. El gobierno uruguayo se ha limitado a anunciar su disposición a sugerir a la empresa Botnia la posibilidad de suspender las obras de construcción de su planta. Es lo menos que podía hacer como respuesta a la decisión argentina de levantar el bloqueo. De otro modo, como lo reconoce el matutino El Observador en su editorial de ayer, lunes 13, la alternativa hubiera significado un daño aun mayor a la economía uruguaya. El colega advierte que el gobierno uruguayo ha pagado un precio muy alto para salir del bloqueo argentino, pero al mismo tiempo razona que quizá no había más remedio que pagarlo.
Se ha abierto la posibilidad de dialogar. No podemos darnos el lujo de desaprovecharla. *
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