La democracia en Italia está en juego
Un acontecimiento cuya importancia va más allá de la circunstancia italiana. Una consulta electoral cuyos resultados resonarán en Europa y en el mundo: las elecciones italianas del próximo 9 de abril.
Allí estará en juego no solo la sobrevivencia del gobierno Berlusconi sino también la eventual validación democrática de uno de los más inescrupulosos proyectos de vaciamiento de la democracia que se ha perpetrado en los últimos decenios en Europa.
En estos días, el célebre escritor y ensayista Umberto Eco ha realizado un elocuente llamado político y electoral a sus conciudadanos. La circunstancia importa especialmente pues este proceso de perversión de las instituciones es a la vez completamente italiano y al mismo tiempo condensa aspectos de despotismo, corrupción y cinismo propios de cualquier democracia contemporánea.
El cansancio y la desmoralización que ha asaltado a una parte de las fuerzas progresistas y de izquierda, como fruto de los errores y reveses políticos y electorales sufridos, es una de las preocupaciones que muestra el documento que comentamos.
Dice Eco: «Estamos frente a una cita dramática. Desde 2001 hasta hoy Italia ha caído horriblemente bajo en cuanto al respeto de las leyes y la Constitución, en cuanto a la situación económica y en cuanto a prestigio internacional. Si tuviésemos que pasar por otros cinco años de gobierno del Polo [coalición liderada por Berlusconi], (…) la decadencia de nuestro país sería imparable y tal vez no podríamos volver a reponernos.
Por tanto, la del 9 de abril es distinta de cualquier otra cita electoral del pasado: en aquellas se trataba de decidir quién iba a gobernar sin sospechar que un cambio de gobierno podría poner en grave peligro las instituciones democráticas. Ahora, en cambio, se trata de salvar estas instituciones».
En este trance, los partidos de la oposición intentan, como es obvio, capturar el voto de los indecisos que en anteriores elecciones habían votado a la coalición liderada por Berlusconi y que se han sentido traicionados. Los partidos cumplen con su deber, pero, dice Eco, «considero que, dirigiéndonos a los socios y simpatizantes de (los partidos de la oposición) hace falta otro razonamiento.
Uno de los riesgos mayores de estas elecciones no son sólo los indecisos que han votado a la derecha la vez pasada (los cuales se moverán según dinámicas difícilmente controlables, por fe o por pereza seguirán votando como antes, o renunciarán a votar). Por otra parte, su número, como muestran los sondeos, es oscilante. Yo sostengo que los simpatizantes del opositor ‘Libertad y Justicia’ no deben, por el contrario, comprometerse a convencer a los indecisos de la derecha, sino a los desilusionados de la izquierda. Los conocemos, son muchos y no es aquí donde se pueden discutir las razones de su descontento. Pero es a ellos a quienes hace falta recordarles que, si se dejan arrastrar por su descontento, colaborarán para dejar Italia en manos de quien la ha conducido a la ruina. No hay descontento, por justificable que sea, que pueda equipararse con el temor de una involución fatal de nuestra democracia, con la indignación que siente todo demócrata sincero frente al estrago que se ha hecho con las leyes, la división de poderes, el sentido mismo del Estado. Es esto lo que todos nosotros debemos repetir a los amigos indecisos y desilusionados». De ellos, termina diciendo el documento, y de su compromiso, dependerá que Italia se libre de seguir siendo durante otros cinco años territorio de rapiña de defensores de sus intereses privados…
Las elecciones italianas de las próximas semanas serán seguidas, sin duda, por la opinión pública del resto del Continente. Una victoria democrática sobre la derecha inescrupulosa de Berlusconi permitiría un nuevo avance ante los regímenes intransigentes y xenófobos europeos que, junto con Bush en los EE.UU (quien dicho sea de paso ha dado todo su apoyo al continuismo de Berlusconi), han contribuido a enrarecer las relaciones internacionales y a cerrar los caminos para dirimir pacíficamente los conflictos entre las naciones. *
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