Las obras no pueden suspenderse
Mas allá del cese de la ilegítima medida de bloquear a nuestro país, intentar arruinarnos la temporada turística y sabotear el transporte internacional de personas y bienes por parte de algunos argentinos y su gobierno, Uruguay no puede ni debe suspender las obras que empresas privadas debidamente habilitadas realizan en el país para construir las plantas de celulosa.
No es posible ni jurídica ni lógicamente que se suspenda por noventa días la construcción de las paredes de una planta que comenzará a estar operativa y a producir dentro de muchos meses.
Si se tratara de una planta en funcionamiento pleno, y quisiera realizarse un estudio en virtud de la contaminación probada de su accionar, sería lógico que se planteara una suspensión de la producción para estudiar el tema en un plazo razonable. Pero no en medio de la construcción edilicia, sin que se hubiere procesado un gramo de pasta de celulosa, y cuando no hay más contaminación que el humo de los asados de los cientos de obreros uruguayos que trabajan en las obras.
Comisiones de estudio, las que quieran, control efectivo monitoreado y sin ocultamientos, como nos han hecho siempre desde el oeste a los uruguayos, sin problema; pero detener las obras de construcción sería una vergüenza internacional para el país y una violación al orden jurídico interno.
El daño del bloqueo ya está hecho.
Si no hay acuerdo y cesa la agresión sostenida y sustentada del bloqueo al Uruguay, de inmediato apoyemos al presidente argentino y todos a La Haya para que se nos haga justicia. Maggi lo dijo magistralmente este domingo en El País.
Si tenemos razón, seguiremos adelante con la producción, en aquella fecha en que saldrá el laudo de la Corte.
Si en cambio se prueba que las plantas y su tecnología empleada contaminan, entonces nada perdemos, se suspende la producción hasta que el proceso de producción no sea contaminante. Ganamos por todos lados y no hay nada que perder.
Porque está claro que contaminar el ambiente en Uruguay no es admisible.
No hacen falta simbolismos, sólo hace falta que se cumpla la ley, que se cumplan los tratados internacionales, que se respete el orden jurídico internacional donde se afirma la identidad jurídica y política del Estado uruguayo ante el mundo organizado.
Qué quieren que les diga, me parece que hoy, a la luz de los hechos que vivimos, un fallo en el ámbito barrial del Mercosur corre el riesgo de no ser acatado por nuestros vecinos gobiernos. Ni la OEA les vino bien.
Entonces, de suspensión de las obras ni hablar, no es siquiera proponible.
El gobierno uruguayo no tiene facultades para disponer la suspensión; hacerlo, sería violatorio de los derechos adquiridos de los inversores.
La imagen que daríamos al mundo sería lamentable. Difícilmente vendría nadie más a invertir a lo grande en el país, en todo caso sólo vendrían si a los grandes hermanos les conviene y nos dejan sus vecinos en los puentes, en los puertos y en los aeropuertos, ante la pasividad contemplativa de tan poderoso como permisivo gobierno populista del otro lado del río. *
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