Insólito formato de una interpelación
A través del diputado Jaime Trobo del Herrerismo, el Partido Nacional viene expresando públicamente sus opiniones sobre el desempeño del ministro de Interior, doctor José Díaz. De acuerdo con lo anunciado se trata de un movimiento destinado a desaprobar la gestión del ministro y lograr su remoción.
La gestualidad con la que aparece presentado el movimiento contra el ministro frenteamplista es de una claridad meridiana: se trata de ‘subirse’, de manera fácil y demagógica, a la ola de preocupaciones ciudadanas que surgen a partir de la inseguridad pública.
Aunque se trata de una problemática de enorme importancia social y política, la cuestión de la seguridad pública suele convertirse en terreno propicio para el accionar político con estilo y formato tosco, garrote verbal en mano, al amparo de encuestas de opinión que muestran la existencia de situaciones que preocupan y explicaciones que se brindan y soluciones en las que se trabaja, que no encuentran un apoyo inmediato y masivo en la opinión pública.
A ese cuadro hay que agregarle las características propias de los operadores políticos que buscan pescar en río revuelto y cosechar algunas briznas de apoyo a sus raleadas convocatorias electorales.
El resultado de estas determinaciones ha creado una insólita situación política, en la que afloran discursos vocingleros y chabacanos con los que se ataca al ministro José Díaz por ser socialista, por profesar ideas marxistas y por pretender ‘echarle la culpa’ (sic) de la situación social que se vive en la actualidad a los gobiernos anteriores. En un estilo de simplificación y demagogia que ya parecía superado, se acusa al ministro del Interior de pretender explicar la cuestión de la inseguridad ‘a partir de interpretaciones sociológicas’.
Es de toda evidencia que hay una zona de problemas serios en esa área de la acción pública. Una zona de temas en los que las normas tienen importancia y complejidad técnica y la gestión de los titulares de la cartera le imprimen su estilo propio.
No obstante estos factores de actualidad, dos de los principales componentes de una acción eficaz en la reconstrucción de la paz pública están constituidos por factores que evolucionan lentamente, como el instituto policial por un lado y las condicionantes sociales que empujan o desalientan el desarrollo de conductas delictivas. Ni uno ni otro de estos factores actúan y se proyectan de un día para otro.
De modo que cualquier abordaje serio de la cuestión lleva a examinar las raíces socioeconómicas de las conductas delictivas, condiciones que son un verdadero problema nacional con independencia de su proyección sobre ese ministerio.
Aunque el problema es de vieja data, la marginalización de una parte considerable de la población y la extensión de la pobreza extrema en las clases trabajadoras urbanas y rurales han movido al nuevo gobierno a desarrollar los lineamientos de un Plan de Emergencia que ha significado la primera respuesta estatal positiva al problema de la miseria.
Y del mismo modo que en la atención del problema de la emergencia social, la indagación de las causas y el ensayo de respuestas a la realidad sociológica del crecimiento del delito no se habrán de sustanciar de un día para otro.
Tampoco tiene seriedad el anunciante de la interpelación cuando, para seguir haciendo imputaciones a la izquierda, (aunque tenga que distorsionar mucho los datos), sostiene que una de las raíces principales del aumento de delitos proviene de las opciones realizadas por las autoridades y por los docentes de la enseñanza pública. Según expresa el dirigente herrerista, las carencias de la educación pública, en manos de la izquierda desde hace años, y sus preferencias en materia de valores están en la raíz del aumento de las conductas delictivas que configura la actual situación de inseguridad. *
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