La seguridad pública: tarea del Estado y la sociedad

El aumento de los delitos contra las personas y los bienes, así como la creciente violencia de los mismos genera una situación de ansiedad en la opinión pública y una demanda creciente de seguridad por parte de la sociedad.

Con la aparición de diversas expresiones de violencia ciudadana, que no siempre significan la comisión de delitos tipificados penalmente, se crea una fuerte percepción de inseguridad y provoca en la sociedad un fuerte rechazo y rebeldía ante la insuficiencia de las estrategias convencionales para la contención de estos fenómenos sociales crecientes.

Hemos visto como en estos años han florecido las empresas de seguridad, y las empresas conexas que venden desde enrejamientos, sistemas electrónicos de detección, sistemas de grabaciones de videos, sistemas de control a distancia de movimientos por Internet, blindaje de autos…etc. hasta venta de armas para la defensa personal de los ciudadanos.-

Estos medios de prevención son sólo accesibles a aquellos que tienen importantes ingresos.

El gran tema es que la inmensa mayoría de la población no puede desviar de sus escasos ingresos, fondos para aumentar su seguridad personal o familiar.

El aumento permanente de los delitos y de la violencia, poseen un origen multicausal y no es lógico abordarlos desde enfoques parciales o sectoriales.

Pero sí podemos dividirlos en dos partes importantes, política para lo inmediato, prevención y contención, y las políticas sociales, educacionales y económicas de integración.

La no visión clara de estas acciones, lleva a que mucha gente no entienda por qué el delito sigue aumentando cuando el gobierno ha implementado un plan de emergencia para favorecer la población sumergida que vive bajo el umbral de la pobreza, y que es la carne de cañón de la cual se alimenta el delito.

Todas las políticas sociales tienen un tiempo, y sobre todo resultados paulatinos, nunca espectaculares. Es muy difícil romper el ciclo reproductivo de la pobreza, y cambiar las subculturas que en ella se desarrollan.

Requieren éxitos sociales, educacionales y también crecimiento económico que encauce, e integre a la sociedad a estos grupos marginales hacia otras formas de obtener ingresos.

Hay una tendencia en nuestro sistema político de caer en el simplismo de que estas políticas no son coayugantes,

Dicen: el desarrollo de políticas de prevención y contención no son la solución, sino que son los resabios de un estado autoritario, y son limitantes de la libertad y los derechos humanos.

Otros sostienen: que las políticas sociales de largo aliento son inútiles, porque son lentas e ineficaces, distraen recursos que deberían destinarse al crecimiento económico y que todo se arregla con crecimiento, más policía, más represión

Ambas visiones están cargadas de fundamentalismos y prejuicios que sí son resabios de un pasado inmediato totalitario.

Estas dos políticas se deben llevar a cabo en forma simultánea y coordinada porque hacen a lo fundamental de una sociedad democrática, para defender los derechos humanos de la gente en forma individual y social y a la calidad de vida de la sociedad.

Es básico que las políticas sociales de integración se desarrollen con una firme política de contención y prevención, yo diría que no puede pensarse en una sociedad democrática en soluciones parciales.

La calidad de vida de la mayoría de la población no debe verse más afectada de lo que está. El hoy debe ser atendido como es atendido el mañana.

Los ricos son los únicos que pueden pagarse sistemas privados de seguridad que los alejen del delito. La inmensa mayoría de la población sólo tiene al Estado y a la ley para que la defienda

Pero entendamos que no se soluciona poniendo sólo más policías en la calle, ni endureciendo las penas.

Se necesita una policía capacitada, con los medios técnicos adecuados, con salarios dignos de acuerdo a las posibilidades del país, diferenciando salarialmente a aquellos policías que están operando en las calles para estimularlos, premiarlos de los que están en las tareas administrativas.

Y sobre todo que opere en la sociedad como el pez dentro del agua.

Para que más seguridad, no implique sólo más represión y eventual perdida de libertad, la comunidad debe involucrarse en la defensa de sus intereses, logrando la autogestión de los ciudadanos en las unidades más bajas de ejecución como pueden ser los barrios, transformándose en actores principales en la defensa de su libertad, sus derechos humanos y su calidad de vida colaborando con la policía, y sintiendo que su participación o no participación afecta sus intereses en los lugares donde deben vivir, donde desarrollan sus actividades, donde están sus hijos.

Por otra parte el policía debe integrarse a la comunidad que le toca proteger.

La policía exitosa en el mundo, cuenta con el apoyo directo de las fuerzas vivas de la sociedad, y participan en los quehaceres comunitarios, en una simbiosis funcional que va más allá de la represión y que apunta a la prevención.

Además la obtención o no del reconocimiento de la opinión del barrio en el cual le toca actuar, es un incentivo muy importante, así como un juez sobre la calidad del accionar de la policía.

Si se logra esto, será muy difícil que la delincuencia pueda refugiarse en una comunidad de este tipo, porque atenta directamente contra los intereses de la misma.

El tema de la minoridad, es primordial hoy en nuestra sociedad, la mayoría de los delitos y faltas son cometidos por menores de edad o cuentan con la participación de los mismos.

Se necesita un INAU fuerte, con claras funciones de contención y reeducación de los menores infractores, que los saque de las calles para cambiarles la cultura del delito por la cultura de la integración.

Los hechos demuestran que la mayoría de los padres no están en condiciones de poder actuar

Si la sociedad no sabe actuar en esa etapa correctamente, sólo se logrará que los establecimientos para los menores infractores se transformen en escuelas de delitos y se habrá perdido un tiempo precioso para reeducar a los mismos. Los delincuentes adultos, son mucho mas difíciles de reeducar que los menores.

La sociedad debe intervenir para que el menor infractor no llegue a delincuente.

Parece más racional actuar sobre los menores que llenar al país de cárceles para encerrar a los mayores. *

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