Plaza Palestina: idea para el gobierno nacional y contribución a la paz

Con la Plaza Palestina asistimos a la concreción de una vieja idea surgida en la colectividad árabe del Uruguay desde décadas atrás, que se materializó en un proyecto de decreto presentado en la Junta Departamental de Montevideo en el año 1997, por el edil del Partido Nacional Carlos Manzor, integrante del Herrerismo quien, cumpliendo con la filosofía del fundador de dicho sector nacionalista, dio un fuerte impulso a la iniciativa.

A pesar de ocultas pero fuertes oposiciones que dilataron este justo homenaje al pueblo palestino, en definitiva, en la capital de Uruguay hoy tenemos una Plaza Palestina y en ella se erigirá un monumento. A la ceremonia de colocación de la piedra fundamental concurrieron altas autoridades del gobierno departamental de Montevideo y, también, del gobierno nacional. La presencia de un nutrido grupo de parlamentarios, diplomáticos y personalidades junto a un hombre nacido en el seno de una familia judía, el intendente de Montevideo, ingeniero Ricardo Ehrlich, constituye todo un símbolo representativo de una forma de ser, de una idiosincrasia muy propia de los uruguayos, acostumbrados desde siempre a ver como muy natural la convivencia armoniosa entre los árabes y sus descendientes e integrantes de la influyente colectividad judía, como no podía ser de otra manera en un país como el nuestro, integrador y conformado por un crisol de razas, fruto de la polifacética inmigración de fines del 1800 y primeras décadas del 1900. Esta ceremonia parece ser el anuncio del establecimiento de relaciones diplomáticas entre la Autoridad Nacional Palestina y Uruguay. Lo que estaría en concordancia con lo manifestado por el Presidente Vázquez en la Cumbre de Países de América del Sur y Países Arabes, realizada en Brasilia en mayo de 2005, evento en el que el mandatario expresó que el pueblo palestino tiene derecho a su propio Estado, libre y soberano, con Jerusalem como capital, lo que sorprendió gratamente a los Presidentes árabes allí presentes. Cabe señalar que nuestro país es el único que, dentro del Mercosur, aún no ha establecido relaciones con la Autoridad Nacional Palestina. En 1947, cuando en Naciones Unidas se dispuso la partición de Palestina, Uruguay jugó un papel muy importante, representado en la ocasión por el profesor Rodríguez Fabregat. Aquella resolución de Naciones Unidas previó, con claridad meridiana, la creación de dos estados: Israel y Palestina. Uno de ellos, efectivamente, se constituyó y se ha desarrollado. Al otro, a pesar de las largas décadas transcurridas, aún no se le reconoce.

Su pueblo, el pueblo palestino, obviamente, no cederá en sus esfuerzos infinitos hasta el reconocimiento de su Estado soberano, libre e independiente, máxime sabiéndose legítimo poseedor de esa tierra desde milenios antes de Cristo. El gobierno departamental de Montevideo, que tiene al frente, se reitera, a un hombre nacido en un hogar judío, con la ceremonia oficial del pasado 13 de febrero en la Plaza Palestina dio un paso muy importante que, a nuestro entender, constituye un aporte a la paz. ¿El gobierno nacional, Uruguay como país, que tanto influyó para la creación del Estado de Israel, no tendrá ahora un rol que cumplir, para contribuir a la paz entre israelíes y palestinos? ¿Nuestra Cancillería y el propio Presidente Vázquez, con inteligencia e imaginación, no podrán crear y ofrecer un ámbito fresco de negociación en Latinoamérica, frente a las instancias agotadas y fracasadas del hemisferio norte? Ante una acción de semejante naturaleza, el actual gobierno, sin duda, contaría con el apoyo unánime de toda la oposición. Simplemente hay que tener voluntad política, claro el objetivo y poner a andar la imaginación, elementos éstos fundamentales en toda tarea gubernamental. Años atrás el doctor Luis Alberto Lacalle fue el calificado testigo de una visita inusual: el entonces embajador de Israel, señor Yosef Arad, junto con el Comité Central Israelita, concurrió al Club Libanés del Uruguay, donde departieron, él y sus acompañantes, con la dirigencia de la colectividad árabe, noticia ésta que circuló ampliamente en Medio Oriente, por ser un hecho sin precedentes (que sólo pudo ocurrir, hasta ahora, en nuestro país). Poco tiempo después se realizó en el mismo Club Libanés una ceremonia en la que las colectividades judía y árabe del Uruguay emitieron una declaración bregando por la paz entre israelíes y palestinos, estando presentes el Presidente Batlle, el doctor Luis Alberto Lacalle, el presidente la Federación de Entidades Americano-Arabes, doctor Horario Munir Haddad, el intendente Arana, ministros, senadores y diputados. ¿Por qué la autolimitación como método por el hecho de ser un país pequeño? Países auún más pequeños que Uruguay tienen un protagonismo y una incidencia en el concierto internacional que no está en relación ni con su territorio, ni con su población ni con el volumen de su economía. ¿Cuál es el factor que hace la diferencia al respecto? A nuestro modesto criterio, la diferencia está en la mente, en la creatividad e inteligencia de los gobernantes. Uruguay tiene un gran prestigio en el orden institucional internacional, diría que en todos los organismos multinacionales, sin embargo, hoy dicho prestigio está desaprovechado. Volvemos a la interrogante: si el profesor Rodríguez Fabregat, representando a Uruguay, fue tan importante en la creación del Estado de Israel, ¿no tendrá nuestro país el deber político y moral y un rol que cumplir, en pro de la paz entre israelíes y palestinos? *

 

(www.alemgarcia.8m.com)

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