Mediación del Vaticano: una propuesta improcedente
Lo de la celulosa da para todo sin dudas y pone a prueba inteligencias, humores, profesionalismos, diplomacias, cintura, pasiones y desencuentros incluso consigo mismas en las personas. De otra forma no se explica cómo un diputado, en pleno ejercicio de su legislatura y supuestamente en sus cabales, idea –ideota– que podría ser el Papa quien mediara en dicho conflicto entre Uruguay y Argentina.
La contienda promovida por espurios intereses de ciertos argentinos que condenan en nuestro país lo que tal vez desearían tener en el propio, o se benefician de la merma económico comercial que devino como consecuencia de tal controversia, o sacan provecho político, o quién sabe cuántos subterfugios más, es ya un nudo gigantesco casi imposible de dilucidar.
El establecimiento en Río Negro –departamento limítrofe– de plantas procesadoras de pasta de celulosa, que contra los analistas de medio mundo a algunos «ambientalistas» se les antojan superlativamente contaminantes, ha dado en una querella de insospechada magnitud. Sólo falta que el hermano país nos declare la guerra. De hecho ya estamos sufriendo una beligerancia atroz «a cuenta», como bien dijo nuestro Presidente Tabaré.
No quiero dañar la naturaleza como nadie lo quiere o la mayoría. Creo en mi gobierno y en sus peritos y técnicos y reafirmo mi voto que para los que carecemos de conocimiento científico como la mayoría de la población, hoy es de confianza en el tema de las papeleras.
Aspiro a un progreso socioeconómico real –fundamentalmente para los ciudadanos más desprotegidos– y a que exista el desarrollo sustentable de que tanto se habla. Pienso que esa inyección de capital llamada Botnia y Ence, nunca vista en tierra oriental uruguaya, tendrá una onda expansiva hacia los sectores más carentes de recursos, transformándose en el imprescindible trabajo decorosamente remunerado que dignifica la existencia humana. Duele ver que la gente se siga yendo al exterior o se autoelimine por falta de calidad de vida.
Esa es la más terrible de las contaminaciones ambientales.
Aun ante este panorama de infausta dificultad: ¿a quién se le puede ocurrir, por más desesperados que estemos, que debería mediar el Vaticano? ¿A qué seguimos atados?
Quien así discurre se quedó en el tiempo y en la arcaica visión de cuando la iglesia decidía todo, por cierto de acuerdo con los intereses políticamente dominantes pero con fachada de palabra de Dios. Si lo que se busca es una solución mágica, consultemos a la Divina Providencia y no a los hombres. No obstante, sugiero con todo respeto: no le tiremos con esto de la celulosa a los cielos si es que queremos mantener el mito.
Fuera de la broma, bajo esa actitud, flota un reconocimiento de superioridad que hiere la sensibilidad de otras concepciones espirituales que no son las cristiano-católicas. Hay trato desigual y racismo religioso directo, agravado por ser aplicado desde cúpulas de gobierno. Por mencionar algunos aspectos, fue una idea discriminatoria y vetusta.
Que el enfrentamiento de uruguayos y argentinos por la construcción de las fábricas de celulosa es una situación límite es inocultable, pero no permitamos que se recalienten las neuronas y enfilemos para cualquier lado porque podemos caer en arenas movedizas. Los representantes nacionales están para lo que están y deben cuidarse de proponer desaguisados. Después que fueron puestos en el sillón de cuero para ser la voz de todos o de unos cuantos al menos, sin pretender perfección, al menos pedimos coherencia.
Nadie cuestiona la influencia de la institución romana, ni su poder político y económico surgido en la época de las colonias, las que amparó y bendijo en sus genocidas gestas conquistadoras llevando macrotajadas para construir su imperio, fundamentalmente ideológico, que hoy induce a un legislador a pedir la mediación vaticana en un diferendo propio. Sólo que al otorgar tal preponderancia a una autoridad religiosa, se ignora ostensiblemente la existencia de otros credos, lo cual es imperdonable en un integrante del Parlamento. ¿Por qué es autoridad moral el Papa y no un pastor evangélico o un pai umbandista, por ejemplo, para intentar un acercamiento en esta disputa, señor diputado? ¿Por qué no todas las iglesias o confesiones espirituales juntas?
La injerencia y supremacía de la Iglesia Católica en los temas sociales es un fósil necesario para comprender el pasado y mejorar el futuro. Es hora ya de que nos desprendamos de ciertos atavismos que paralizan indirectamente el crecimiento en la aceptación, respeto y valorización de la diversidad cultural de nuestro país y propenden a los monopolios religiosos o cuasi tales, impidiendo el disfrute colectivo de la riqueza humana y sus aportes a la construcción de la identidad uruguaya. No todos somos católicos, señor legislador; hablo también de los que lo promovieron políticamente. Además en un problema que es del Uruguay es inadmisible su propuesta, incluso porque el Vaticano está constituido en un Estado. Siguiendo ese criterio, también podría ser Bush quien dirimiera en este tema o el propio Fidel.
Sólo para reflexionar, transcribo para el señor Víctor Semproni el diálogo de una película –no recuerdo cuál pero no importa– que era más o menos así. Dijo A: «-A veces hablo sin pensar.» Y B contestó: «-Sería mejor que pensaras sin hablar.» *
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