La amenaza de la aftosa
El entorno real.
La aftosa nos rodea. Brasil y Argentina, poseedores entre ambos de más de 220 millones de vacunos, continúan con los rebrotes periódicos de la enfermedad y los riesgos trasmisibilidad para el resto de la región. En los últimos cinco meses se desencadenaron focos en Mato Grosso do Sul y Paraná (Brasil) y en Corrientes (Argentina).
Los hechos confirman que el Plan Regional para eliminar la aftosa sigue figurando tan solo en el papel, como acertadamente lo dijera el ministro Mujica.
Pero lo que más agrava la situación es que el tema de la enfermedad demuestra no solo la existencia en los países vecinos de notorias fallas de las políticas y acciones tendientes a su efectivo contralor, sino que incluso se comprueban hechos que merecen catalogarse de manejo irresponsable de tan importante asunto. Veámoslo.
El 9 de octubre del año pasado se desataron focos de aftosa en Mato Grosso do Sul, Brasil, y el 21 de dicho mes se divulgó la sospecha de nuevos focos de la enfermedad en el estado de Paraná. Resultó asombroso que recién el 6 de diciembre pasado el Ministerio de Agricultura de Brasil reconociera oficialmente dichos focos en Paraná, con el argumento de discrepancias entre los gobiernos federal y estadual en cuanto a la confirmación de los casos. Pero a este hecho insólito hay que agregarle que tampoco se sacrificaron cerca de 1.800 animales de la estancia Cachoeira, en São Sebastiao de Amoreira, a raíz, se dijo, de una disputa judicial. Por supuesto que esto aparejó además una severa observación de una misión de la UE al país norteño.
En el caso de la provincia de Corrientes, Argentina, no se permitió el acceso de una misión técnica multinacional para efectuar un relevamiento del área donde se registraron los recientes focos.
Dichos focos posibilitaron a su vez toda clase de sospechas folklóricas en cuanto a su origen, siendo aleccionante al respecto la nota publicada en Clarín el 11.02.2006, bajo el título «La aftosa y la mano de Dios».
Y para colocarle un broche final digno de Ripley, la Senasa dispuso trancar, con la excusa de trámites fiscalizadores de productos agroalimentarios, las exportaciones terrestres de carnes y lácteos uruguayos hacia Chile, que deban pasar por territorio argentino. Convengamos que cualquier sospecha de que esa medida pretende agregar más perjuicios al Uruguay, sumado al que ocasiona el bloqueo de los puentes internacionales por las plantas de celulosa, no parece obra de la casualidad.
Inteligencia.
Está claro que si apareciera, por cualquier circunstancia, un brote de aftosa en nuestro país, las consecuencias serían calamitosas a partir del día siguiente: cierre total de mercados, sacrificios e inmovilización de animales, paralización inmediata de la cadena cárnica destinada a la exportación (75% de la producción de carne en gancho), pérdidas productivas y comerciales, desempleo superior al 70% a nivel de la industria frigorífica y repercusión social grave en vastas zonas del interior del país.
Demás está agregar que Uruguay llegó a su actual nivel de reconocimiento sanitario internacional, aún vacunando contra la aftosa, y de crecientes exportaciones a los exigentes mercados de América del Norte, Europa y otros, en base a la demostración de seriedad, transparencia, responsabilidad y el trabajo organizado de todos sus agentes involucrados, tanto públicos como privados.
Apenas conocido el brote aftósico en Corrientes, de inmediato se instaló un riguroso control sanitario fronterizo, lo cual sumado al cumplimiento de la etapa del plan de vacunación anual del rodeo, correspondiente al pasado mes de febrero, nos da un respaldo de contención ante los riesgos de eventual ingreso de la enfermedad.
Pero mi preocupación se perfila a esta altura, dadas las periódicas amenazas de la aftosa que proceden del desconfiable entorno regional, en la necesidad de instrumentar sistemas que aumenten la prevención y seguridad de nuestro principal renglón productivo, el cual abarca por su condición de recurso natural, manufacturación y exportación, a todo el territorio nacional.
Ese sistema se corresponde con la actividad de inteligencia.
Obviamente, no se trata de preparar agentes de la época de la «guerra fría» al estilo del famoso James Bond, ni un equipo de elite para ejecutar acciones secretas de espionaje. Nada de eso.
Se trata sí que el Estado comience a desenvolver tareas de inteligencia en el terreno de la defensa de ciertos rubros esenciales de su economía, proclives a su afectación por factores de origen externo, mediante la recolección y procesamiento continuo de información que contribuya a la seguridad y resguardo de la gestión productiva y comercial del país, disminuyendo los márgenes de riesgos sanitarios, respecto de la aftosa en el caso que hoy nos ocupa, pero con más razón ante la eventualidad de amenaza de otras enfermedades de origen animal que pudieran introducir riesgos de zoonosis.
La captación de la información se hará a través de las formas convencionales y legales, a través de un plantel de operadores y analistas que basen su actividad en la identificación y clasificación de fuentes de los mas variados orígenes, provengan de actores públicos, privados, corporaciones, etc., su ubicación geográfica, inserción económica, cultural y social.
No se trata tampoco de implementar una acción de inteligencia operativa puntual, sino de converger en lo que se conoce como inteligencia estratégica, con objetivos permanentes acorde a la defensa de los intereses nacionales, relacionado con lo productivo y económico.
No dudo, en definitiva, que este es un tema trascendental a incorporar en nuestro medio, en tanto es sabido que otros países lo practican como parte de la materia de seguridad nacional propia. *
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