El agravamiento de la situación en Irak
En estos días las agencias internacionales han dado cuenta de la intensificación de los enfrentamientos violentos entre corrientes religiosas en Irak. Desde el comienzo de la agresión anglo-norteamericana, los expertos en los problemas de Medio Oriente habían advertido acerca de los enormes riesgos que entrañaba una irrupción violenta en el terreno siempre complejo de las distintas y enfrentadas corrientes religiosas presentes en la región.
Los pronósticos pesimistas acerca de la intervención norteamericana han sido confirmados en su totalidad. La ceguera y la brutalidad del gobierno de Bush han quedado demostradas a costa de un inmenso lago de sangre cuyos límites parecen difíciles en el tiempo y que, a la vez, resulta imposible separar del agravamiento de un conjunto de otras tensiones que enfrentan a los países occidentales con el mundo musulmán.
Como han señalado distintos expertos en la cuestión, en este cuadro hay que incluir todo el proceso interior de los grandes países industriales de Europa y América, la modificación en un sentido restrictivo y represivo de las reglas de juego con que son tratados los emigrantes económicos en los países centrales y el auge del fanatismo religioso de la extrema derecha política norteamericana.
En estos días, una nota del analista David Swanson publicada en la revista digital Rebelión señala que los profundos cambios que se han operado en el interior de los Estados Unidos son de tal amplitud que merecen la atención de toda la opinión progresista internacional.
Dice Swanson que, en oportunidad del sepelio de Coretta Scott King, viuda y continuadora de la lucha de Martin Luther King, figura venerada en la lucha por los derechos civiles y políticos en los EEUU, el Reverendo doctor Joseph Lowery, hablando frente a cuatro presidentes, retó la injusticia, diciendo: «Sabemos que no había armas de destrucción masiva ahí [ovación de pie] (en Irak)… pero Coretta supo y nosotros sabemos que hay armas para confundir, aquí mismo. Millones sin un seguro médico. Pobreza abundante. Para la guerra miles de millones, pero no más para los pobres».
Los costos de la guerra de Irak para el pueblo norteamericano, como han venido anunciando varios analistas, constituyen un impacto tremendo, sobre todo para la economía de las familias más pobres.
Acerca del presupuesto ha dicho en estos días el congresista Dennis Kucinich: «Este presupuesto no es sólo bancarrota fiscal, es bancarrota moral. Este presupuesto elige guerra antes que salud, recortes de impuestos antes que educación, intereses especiales antes que necesidades de la nación y ricos antes que pobres. Este presupuesto recorta fondos domésticos vitales por gastos de la guerra en Irak y los recortes de impuestos a los norteamericanos más ricos, colocando la carga directamente en las espaldas de los norteamericanos pobres y trabajadores».
El presupuesto presentado por el Presidente, agregó Kucinich, incrementará los gastos de defensa en casi un 7%, a 439 mil millones de dólares, mientras que los fondos vitales para Medicare, Medicaid, educación, seguro médico de los veteranos de guerra, seguro médico infantil, bienestar social, transporte, programas de la NASA y del Departamento de Agricultura, son rebajados drásticamente. Todo esto, mientras se solicitan 70 mil millones o 120 mil millones de dólares anuales, adicionales, para financiar la engañosa y mal aconsejada guerra y ocupación de Irak.
La intervención del gobierno de Bush en la distribución regresiva del ingreso en los Estados Unidos es una arista significativa de esta administración conservadora. Un aspecto de la gestión que resulta complementaria de la acción de Bush en el plano internacional marcada por la agresividad contra Irak y la amenaza latente contra cualquier gobierno que se atreva a desafiar las reglas de juego impuestas desde Washington. *
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