Lacalle tiene razón

La «voz de alerta» que el doctor Luis Alberto Lacalle viene levantando, con claridad y firmeza, frente a la posible instalación de un Parlamento del Mercosur debiera dar lugar a una profunda reflexión en el país sobre el destino del Uruguay, la relación con las naciones hermanas de la región y los caminos que debemos transitar para encontrar una salida que nos permita lograr el desarrollo y el bienestar social.

Todo proceso de integración implica de alguna forma autolimitar soberanía. Así el mismo esté circunscripto en forma exclusiva al ámbito económico. Por lo pronto se resignan decisiones importantes en procura de obtener consensos. El ejemplo más claro y primero es en materia arancelaria. También en cuanto a macroeconomía se refiere. Con políticas monetarias diferentes es imposible alcanzar acuerdos serios y perdurables, los hechos así lo demuestran.

La integración siempre empieza en lo económico y culmina en lo político e institucional.

Aquí nos encontramos en un esfuerzo exactamente opuesto. Avanzar en lo político sin resultados satisfactorios en los últimos años en el aspecto económico.

¿De que le ha servido al país la afinidad político-ideológica de su gobierno con los de Brasil y Argentina?. Absolutamente para nada. Por el contrario, nos encontramos con ambos en el peor momento de confrontación -en particular Argentina- de los últimos sesenta años.

¿ Que sentido tiene entonces ir a un parlamento conjunto?. ¿Para que resignar soberanía cuando no hay una contrapartida que interese a la Nación.?.

Cuando un país comienza un proceso de integración económica lo hace para aumentar su capacidad exportadora. Abastecerse en forma más eficiente. En definitiva crear más trabajo y desarrollo. En busca de ese objetivo se limita en decisiones que le son propias y están dentro de su competencia.

Al integrarse desde el punto de vista político, se esta desarrollando una acción conjunta que la da mayor capacidad de negociación y poder para enfrentar los desafíos que le plantea el ámbito internacional.

¿En el caso de Uruguay, en las actuales circunstancias, de donde provienen las dificultades mayores para que el país ejerza en plenitud su soberanía?. Esta claro, de los principales países de la región. En particular Argentina.

Hemos llegado al extremo de que se nos quiera imponer hasta que establecimientos industriales podemos permitir que se instalen en nuestro territorio. Limitaciones para lograr acuerdos comerciales con países de fuera de la región. Antagonismo evidente incluso a la hora de proyectar políticas y personas en distintos ámbitos multilaterales. Ninguna solución a los problemas bilaterales que afectan las relaciones de los dos países.

Es evidente que el doctor Luis Alberto Lacalle tiene tras de si una hermosa tradición política y personal para defender estos principios, tan caros a todos los uruguayos. También los antecedentes adecuados, en la medida que fue durante su gestión de gobierno que el país se integró al MERCOSUR. Y lo hizo con el respaldo del conjunto de los partidos políticos. El mismo respaldo con que cuenta este gobierno para solucionar el tema de las papeleras.

Es que a diferencia de lo que sucede en Argentina, sabemos encontrar en determinadas circunstancias los consensos que representan apoyo fundamental a la hora de enfrentar graves problemas.

En otros tiempos debimos superar inconvenientes. Los socios mayores querían hacer un acuerdo bilateral dejando de lado a nuestro país y el Paraguay cuando se creo la organización regional.

También es el momento de recoger la experiencia que hemos vivido desde entonces. Ligar nuestra economía y destino político a los vecinos es someternos a la posibilidad de crisis como la que vivimos en el 2002 en el futuro. Nuestros vecinos no se caracterizan por llevar adelante políticas serias de Estado sino todo lo contrario.

En estas circunstancias es evidente que no podemos ingresar a un Parlamento del MERCOSUR. Primero debe cambiar la actitud de nuestros vecinos. Después superar los problemas pendientes. Recién entonces será el momento de ver como recomenzamos un proceso de integración en lo económico que eventualmente puede llegar a lo político.

No es el instante de analizar para que y como debemos buscar una organización de ese tipo, que supondrá siempre limitar la facultad legislativa del país en algún sentido. También habrá que observar entonces si es necesaria o no una Reforma Constitucional para llevar adelante una acción de este tipo. Adelantamos desde ya que lo entendemos imprescindible.

Pero al margen de estas consideraciones finales, lo cierto es que el país necesita plantarse con serenidad y firmeza frente a toda la agresión gratuita que estamos recibiendo.

Y que en un proceso de este tipo la palabra y liderazgo del Presidente Lacalle resultan fundamentales. Por sus dotes de gobernante y capacidad política. Por haber sido un integracionista de siempre -fue el que llevo al Uruguay al MERCOSUR- y un defensor sin claudicaciones de los intereses nacionales.

Es momento entonces de que hombres de diferentes partidos y corrientes se sumen a su prédica. Que sin duda tiene como objetivo unir al país, respaldar al gobierno en un momento de dificultad y encarar con la seriedad que siempre los uruguayos lo hemos hecho este tipo de temas. *

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