¿Otra vez la coalición?

Hace muchos meses, tal vez el año, que el embajador Silverstein por razones presumiblemente funcionales de plazos estipulados, se retiró del Uruguay. Desde entonces no hay embajador yanki en nuestro país. Por supuesto la embajada de marras funciona igual administrativamente con un funcionario de menor jerarquía que lo suple interinamente. Pero lo relevante no es si puede funcionar, sería tonto pensar lo contrario, sino la demostración subliminal más supina de desprecio en la que nos tienen. Seamos justos, el imperio está representado, en todos los países del mundo, formalmente con el peso de una representación completa político-administrativa. La cabeza de toda misión diplomática o embajada, órgano oficial de toda nación, es el embajador correspondiente. Puede faltar por un «tiempito cortón» en casos muy específicos de algún conflicto o roce, pero no tanto, máxime en países supuestamente «amigos». En Trinidad y Tobago, en Tanganika y en Samaranda, no quepan dudas que la potencia más poderosa de la tierra tiene sus embajadas «completitas». Menos acá. Pensemos un poco. Ya lo he dicho y discrepando totalmente con Rodó, ni los admiro ni los quiero. Pero es obvio que no se puede prescindir y menos nosotros, orgullosos y dignos «piojos» de la presencia del «elefante». Hay una razón elemental de subsistencia inevitable. Vivimos notoriamente de sus mercados cuantiosos entre otras «menudencias». Se han demorado y hasta se duda de la firma de los Tratados (que tampoco me hacen «gracia» por cierto) y se les ha demostrado, incluyendo ese hecho, durante décadas por la coalición de gobierno actual, la franca hostilidad correspondiente. No se piense, ¡por Dios! que deseo sus afectos carnales. Pero realísticamente, al decir del finado Olmedo: ¡Somos tan pobres!, que no se puede prescindir de esos mercados para poder comer.

Si el Mercosur nos sirviera para algo, macanudo. Pero resulta que el organismo inventado por nosotros, no sólo tampoco tiene sus «afectos», proponen el ALCA ostensiblemente, sino que en el propio Mercosur no nos llevan el apunte y está al servicio de los vecinos «poderosos» que nos informan por internet cuando se les ocurre, lo que resuelven. No podemos ir en bicicleta a la Argentina ni venderles un magro guisito de arroz a los camba brasileños. Estamos pintados. Por más que Astori me jure que estamos con los portones abiertos para las inversiones del mundo que traerían prosperidad, salvo las papeleras de muy vieja data, al Uruguay no han llegado inversores ni para poner un quiosquito de barrio.

Montevideo está vacío. A la falta de peatones y tránsito en general se suma la inseguridad pública facilitada por la ausencia de movimiento de gente. Todo coadyuva a pensar que los inversores con los yankis a la cabeza, no les resultamos atractivos comercialmente o no confían en las orientaciones del actual gobierno. Uno de los argumentos que se manejaron hace un tiempo, fue la del partido único en la totalidad del gobierno, dueño de vidas y haciendas. Puede que de allí salga la iniciativa insistente casi desesperada de la Presidencia, solicitando a los blancos ayuda y participación después de tantos años de odios prolijamente cultivados contra la colectividad de Oribe. Buena cosa es recordar que los dirigentes blancos más connotados «molían» cotidianamente a sus esposas a palizas y se quedaban con dineros electorales indebidos, o se publicitaba con «fruición» y entusiasmo mórbido las embestidas bagualas. Y todos por unanimidad blancos, éramos «ladrones y vendepatrias», ¡justamente nosotros que la hicimos! Parece que de golpe como nos necesitan, nos transformamos en «castos y puros». También es obvio, que determinados cancilleres blancos, específicamente tomados, por razones de oficio personal se deben manejar mejor con la USA. No porque el Partido Blanco seamos «amigos» de los rubios del norte, nunca lo fuimos, recuérdese al Dr. Herrera (allá ellos los rubios y amarillos del norte, etc.) sino por tener 170 años de otros antecedentes democráticos que se nos reconocen en el exterior y en cualquier lado. Pero el problema asoma por otro lado político. El sector mayoritario, Alianza Nacional y su líder Larrañaga, somos contrarios radicales a las coaliciones en general y a la participación de «carguetes» en particular por más cancillerías a título de ejemplo, que se nos ofrezcan. Si se tiene éxito el triunfo es del gobierno y si se fracasa la culpa es repartida. Máxime, que esos «acuerdos» no se hacen por identidades ideológicas o doctrinarias sino por la necesidad en la incapacidad de poder resolver situaciones puntuales o generales de gobierno. El barco tiene la quilla encallada y necesitan las aguas embravecidas blancas para poder navegar. Dejamos de ser los malos de la película. Estoy de acuerdo con Larrañaga. No se debe agarrar cargos ni carguetes. ¡No somos iguales que los colorados como nos decían! Ni somos iguales a nadie. ¡Somos blancos y punto! Si el gobierno necesita ayuda la tuvo siempre del Partido Blanco y la seguirá teniendo. Es nuestra obligación fundacional mandatada por el Libertador Manuel Oribe. hasta las últimas consecuencias. Para salvar la Patria al decir de Wilson, juntos sí, pero nunca «entreverados». Que se discutan soluciones y se voten en común y democrático acuerdo. Macanudo. Pero a los cargos, ¡Muchas gracias!. No los necesitamos. Agur. *

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