El sol como símbolo nacional

Dada la importancia del sol para los residentes del planeta Tierra y la ignorancia de la astronomía para la gran mayoría de los homo sapiens de la antigüedad –ayudados por interpretaciones religiosas–, se comprende que éstos se sintieran centro y razón del mundo.

Pero en el primer tercio del siglo XIX, cuando se va plasmando la nacionalidad uruguaya, ya era conocida la insignificante pequeñez del sistema en el cual vivimos, comparada con la infinitud de la astronomía.

No obstante, la tardía confirmación, o mejor dicho el establecimiento formal de la simbología nacional, mediante el decreto del 18 de febrero de 1952 que deja firmes al Pabellón Nacional, el Escudo de Armas del Ejército, el Himno Nacional, la Bandera de Artigas y la de los «Treinta y Tres» y la Escarapela Nacional (todo con mayúscula), el mencionado decreto menciona especialmente las leyes sobre el «pabellón nacional«, leyes del 16 de diciembre de 1929 y del 12 de julio de 1830.

Respecto al tema que nos ocupa, el símbolo del sol en el pabellón nacional, se establecía que «el sol» (…) de «color oro» debía tener determinadas medidas y que «el dibujo del sol consiste en un símbolo radiante, con cara.

Y en esa «cara» (que el redactor da por entendido que es una cara de hombre y no de otro animal cualquiera) es que queremos detenernos a reflexionar un poco.

El sol, pues, debe dibujarse (¿caricaturizarse?) colocándole ojos, nariz, y a veces boca. Y sabido es lo que un buen dibujante puede hacer efectuando leves modificaciones en las líneas de dichos órganos: leves caracteres pueden dar a la cara una expresión de orgullo, seriedad, superioridad, o, por qué no, ironía.

¡Y la importancia que esto puede tener, habida cuenta del terremoto que armó un caricaturista que se metió con la cara de Mahoma!

Aunque por supuesto lo más importante del tema es la exageración, las ínfulas antropocentristas de colocarle al sol una cara humana, no podemos menos que alertar sobre el peligro que ello significa si lo miramos desde la óptica de la posible «caricatura», o sea, apelando al diccionario, si a alguien, por motivos políticos, sociales, o del orden que se quiera, decide «exagerar los rasgos físicos o faciales» (…) «con el fin de producir un efecto grotesco», ya que la palabreja podría provenir del italiano «caricare», o sea «cargar» o «exagerar» (….) como «medio de ridiculizar»,

Conclusión: debe ser muy difícil lograr consenso político para modificar las leyes del siglo pasado para eliminar aquel «con cara». Pero no dudamos de que ganaríamos mucho teniendo en la bandera un sol sin narices, narices que con un fin político se pueden dibujar oliendo feo, a vía de mero ejemplo. *

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