Viaje a los orígenes: intercambio de opiniones
Fernández Huidobro escribió sobre el proceso de unidad de la izquierda, León Lev formuló precisiones al respecto (cronológicas, y también conceptuales), Huidobro opinó en contratapa que «Tiene razón León Lev» y el diputado Pablo Pérez, «Yuyo», afirmó que Huidobro -no siempre identificado con esa concepción de la acumulación de fuerzas – había fusilado al chiquitismo. Ahora quiero yo meter la cuchara, reproduciendo en lo pertinente lo que publiqué bajo el título «La experiencia uruguaya» en la revista Terra e Tempo, órgano de la Unión do Povo Galego, integrante del Bloque Nacionalista Galego (BNG) en mayo 2005. Allí sostengo que de ninguna manera se había llegado al techo en el proceso de acumulación de fuerzas, lo que se vio luego confirmado y sigue siendo verdad para el futuro. Ahí va:
«El XVI Congreso del Partido Comunista del Uruguay (PCU), reunido en setiembre de 1955 (y por ende anterior al XX Congreso de PCUS) se propuso cambiar radicalmente la situación política y social del país, y pasar de una izquierda atomizada y de un movimiento sindical partido en tres y con corrientes enfrentadas, a una izquierda unida y a un movimiento obrero unificado en una central.
Del Congreso surgió una propuesta de unidad al Partido Socialista, rechazada y reiterada luego con el mismo resultado negativo. El mensaje unitario se amplió al conjunto de corrientes de izquierda en ocasión del 40º aniversario de la fundación del PCU (1960). Se gestaron luego formas embrionarias de conjunción de fuerzas de izquierda en un clima político conmocionado por la revolución cubana, una de ellas el Frente Izquierda de Liberación (FideL). La lucha conjunta contra los desbordes represivos del régimen de Pacheco Areco, el hecho augural de que dirigentes y grupos políticos de los dos partidos tradicionales quemaran las naves y se pasaran a las filas de la izquierda junto con una pléyade de líderes obreros, estudiantiles y sociales, de militares y civiles, de figuras religiosas, creyentes y ateos: con todos esos ingredientes se amansó el Frente Amplio, que nació el 5 de febrero de 1971 en base al principio rector de la unidad sin exclusiones.
El movimiento sindical siguió un curso análogo, y su impulso unitario cuajó antes que la unidad política. En un proceso de discusión fraterna, de unidad de acción y de solidaridad mutua entre los sindicatos y federaciones por reivindicaciones comunes y en defensa de la democracia (aspecto siempre presente en las asambleas, sobre todo a partir del golpe brasileño de 1964) se constituyó en 1966 la central única (Convención Nacional de Trabajadores, CNT) agrupando a la gran mayoría de las organizaciones sindicales de todas las ramas del trabajo y la cultura, y ligadas por pactos de unidad de acción y de apoyo recíproco a las organizaciones que no integraban sus filas. La CNT a su vez fue el alma mater del Congreso del Pueblo que reunió desde mediados de los años 60 a la clase obrera con las entidades de la sociedad civil organizada (jubilados y pensionistas, cooperativistas de vivienda, educadores e intelectuales y las que constituyen el entramado de los barrios).
El Frente Amplio y la CNT se mantuvieron vivos y actuantes, enfrentando los embates de la represión: después de Pacheco Areco, contra el régimen autoritario de Bordaberry y de la dictadura militar que durante más de 11 años ensangrentó al país y juró erradicar de la escena a la izquierda y al movimiento obrero. Resistieron con pasión y lucidez, en la cárcel, la clandestinidad y el exilio, a una dictadura sanguinaria; se engrandecieron en la lucha por la reconquista de la democracia y supieron a la vez mantenerse unidos y rechazar los intentos de disolverse o diluirse con mengua de su identidad esencial. De esta suerte reafirmaban la vigencia de la concepción unitaria que les dio origen.
Este proceso prosiguió en la posdictadura. Tuvo altibajos, pero en la línea de larga duración en estas dos décadas se verifica un crecimiento y una vigorización muy marcados y una sólida implantación en el seno del pueblo. En cierto momento determinados sectores abandonaron las filas, para más adelante reintegrarse bajo otras formas al extendido abanico de las fuerzas de izquierda, expresión viva de la unidad en la diversidad. Una mayor amplitud se alcanzó con la incorporación de sectores que emigraron del Partido Nacional y el reingreso del Partido Demócrata Cristiano, que había participado en la etapa fundacional en alianza con el grupo de Zelmar Michelini. La nueva formación pasó a denominarse Encuentro Progresista – Frente Amplio, y el ultieror acuerdo con el Nuevo Espacio le agregó a la sigla el nombre de Nueva Mayoría.
Esta compleja arquitectura recrea sin cesar nuevas formas organizativas para abarcar a todas sus fuerzas integrantes, dotadas de complejos vínculos entre ellas. Por ejemplo, una alianza formada por sectores frenteamplistas con otros grupos y personalidades que no lo son, refleja ese proceso de incorporaciones crecientes a lo que fue la primigenia organización del Frente Amplio, a su vez producto de la unión de numerosos sectores políticos. Todas las listas presentadas por la izquierda a las recientes elecciones llevaban el triple membrete de Encuentro Progresista – Frente Amplio – Nueva Mayoría. Así ha quedado plasmada, hasta ahora, la concepción que dio impulso a la unión de todas las fuerzas de izquierda, sin excepción, hace casi medio siglo. Debates internos ha habido muchos, y de todo calibre, pero en lo esencial se ha preservado la unidad.
Esto no significa que la izquierda haya llegado al techo. A lo largo de la campaña electoral, numerosos compatriotas sumaron su adhesión al EP-FA-NM, mediante el voto y/o la militancia activa. Muchos más podrán incorporarse en el curso de su acción de gobierno al Frente o al sector con el que sientan mayor afinidad».
En los párrafos siguientes hacía referencia a los Comités de Base como peculiaridad típicamente uruguaya. Hoy cabría agregar que el Frente está abierto a nuevas adhesiones e incorporaciones para afirmarlo, con mayor caudal de pueblo, como la principal fuerza política del país y para facilitar la gran obra de transformación y cambios en que está empeñado el gobierno nacional. *
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