El conflicto por la celulosa

La pluralidad de opiniones es intrínseca a la democracia. Asegurar la expresión de ellas es básico. Así lo entendemos los uruguayos y así lo entiende su gobierno.

No camina en la misma dirección de esta forma de vida de los pueblos, impedir la circulación de las personas, invadir un territorio, secuestrar vehículos o arrojar una bomba molotov, como ha venido sucediendo. Defendemos el derecho a manifestarse. Condenamos que en nombre del derecho propio avasallemos el de los demás. Muchas cosas de enorme importancia están en juego en torno a esta situación que se ha generado: la hermandad entre dos pueblos vecinos, el trabajo, la economía, el medio ambiente, etc..

Por ese motivo valoramos y apoyamos plenamente la forma en que nuestro gobierno viene actuando: con diálogo y con mesura, defendiendo la soberanía. Actuando con dignidad y con la firmeza que otorga la razón.

Con los ilegales cortes de ruta que se registran en la Argentina se vienen produciendo cuantiosos daños a nuestra economía. Ello afecta a los uruguayos en su trabajo y en sus ingresos. También afecta a los argentinos en escala mayor por el volumen de sus exportaciones.

¿ Por qué razón las autoridades argentinas responsables permiten esta situación mientras que hacen todo lo contrario en los cortes de ruta que llevan a cabo trabajadores por otros motivos? Desde la Argentina se pidió a la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial que se expidiera sobre las plantas de celulosa en construcción. Pero como el fallo no les satisfizo ahora no se acepta.

¿Qué garantías hay, de que al recurrir a la Corte de La Haya se acepte el fallo si no coincide con su opinión? A un juez se recurre si después aceptamos su veredicto.

Pero el problema pasa ahora a tener otra dimensión. Con total razón el gobierno chileno está reclamando porque se violenta el derecho internacional, sus camiones se secuestran y se le inflige daño.

Motivados por lo que acontece en la propia Argentina, ahora Paraguay le reclama a este país porque tres obsoletas plantas de celulosa argentinas que nada tienen que ver con la tecnología de las que se construyen en Uruguay, les contaminan. El razonamiento es elemental: «Si ustedes reclaman porque dicen que les afectarán tecnologías más limpias, ¿qué nos están haciendo con vuestras obsoletas plantas?»

En este conflicto que se ha generado hay actores que actúan sin racionalidad y otros que actúan motivados por intereses menores, en un proceso que llevará un tiempo considerable.

Se trata de no perder la calma, de anteponer el diálogo y la negociación, de no estimular enfrentamientos. Simultáneamente actuar con dignidad, con firmeza, defendiendo la soberanía, el trabajo y el medio ambiente.

Cuando hay tantos valores en juego hay que compatibilizarlos y no erosionar ninguno. Ello es posible si se sigue actuando en la forma en que se lo viene haciendo a nivel de nuestro gobierno. *

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