Testimonios de la barbarie contemporánea

Viernes 17 de febrero de 2006 | 4:46
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“La barbarie reaparece, pero esta vez ella es engendrada en el propio seno de la civilización y es parte integrante de ella. Es una barbarie leprosa, la barbarie como la lepra de la civilización”.

Kart Marx, citado por Michael Löwy

 

La nueva ronda de difusión pública de fotografías de las torturas a que son sometidos prisioneros iraquíes por parte de tropas estadounidenses han reiterado, de un extremo a otro del mundo, las expresiones de rechazo por parte de periódicos independientes, organizaciones no-gubernamentales de defensa de los derechos humanos y dirigentes políticos y religiosos.

La divulgación se hace en momentos en que la guerra de Irak mantiene toda su incandescencia y que en todo el mundo musulmán la irritación ante las caricaturas que pretenden ridiculizar a Mahoma generan actos de violencia de una amplitud completamente inesperada.

La comunidad internacional entera parece atrapada en una dinámica de inhumana crueldad contra el pueblo de Irak sin que se avizoren perspectivas de solución a un conflicto cuyo costo de vidas humanas, en especial en la nación agredida, es absolutamente injusto e injustificable.

Es posible que el impacto sobre la opinión pública de algunos países que hasta ahora han revistado como aliados de los EEUU termine generando el retiro de nuevos contingentes y, por esa vía, aumenten el descrédito y la reprobación que mes a mes se acrecienta en la opinión pública norteamericana.

No obstante esa eficacia como factor de alarma, los reveses brutales de la política impulsada por la actual administración republicana, no da señalas de aminorar su agresividad urbi et orbi: las amenazas contra el otro vecino de la región mesopotámica, la República de Irán, han seguido subiendo de tono y la apertura de un nuevo frente de guerra solo puede augurar un incremento universal de la barbarie.

Michael Löwy, el notable analista brasileño, ha escrito en estos días: “Si nos referimos al segundo sentido de la palabra ‘bárbaro’ –actos crueles, inhumanos, la producción deliberada de sufrimiento y de muerte deliberada de no combatientes (en particular, niños)–, ningún siglo de la historia conoce manifestaciones de barbarie tan extensas, tan masivas y tan sistemáticas como el siglo XX. Ciertamente, la historia humana es rica en actos de barbarie, cometidos tanto por las naciones ‘civilizadas’ como por las tribus ‘salvajes’. La historia moderna, después de la conquista de América, parece una sucesión de actos de ese género: la masacre de indígenas americanos, el tráfico de negros, las guerras coloniales. Se trata de una barbarie ‘civilizada’, esto es, conducida por los imperios coloniales económicamente más avanzados en la acumulación del capital”.

Y agrega luego: “En El Capital, Karl Marx era uno de los críticos más feroces de esos tipos de prácticas maléficas y destructoras de la modernidad, que para él están asociadas a las necesidades de acumulación capitalista. Especialmente en el capítulo sobre la acumulación primitiva, se encuentra una crítica radical de los horrores de la expansión colonial: la esclavitud o el exterminio de los indígenas, las guerras de conquista o el tráfico de negros.

Esas ‘barbaries y atrocidades execrables’ –que, según Marx (…), no tienen paralelo en cualquier otra era de la historia universal, en ninguna raza por más salvaje, grosera, impiadosa y sin pudor que ella haya sido–no fueron simplemente interpretadas como ganancias y pérdidas del progreso histórico, sino debidamente denunciadas como una ‘infamia’.”

Más de un siglo y medio después, los horrores apuntados por Marx se reiteran. *

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