Inseguridad: percepción y realidad
La semana pasada, el subsecretario del Interior, doctor Juan Faroppa, en su calidad de ministro interino, debió comparecer ante el Parlamento convocado por la oposición, que insiste en atacar al gobierno y a esa cartera en particular por un supuesto incremento de la actividad delictiva, flagelo ante el cual –se sostiene– las autoridades se muestran omisas.
Por otro lado, en diferentes barrios de la capital se suceden protestas (caceroleos e interrupciones del tránsito) reclamando mayor vigilancia ante el aumento de rapiñas y arrebatos.
Cada vez con mayor insistencia, desde las páginas de la prensa conservadora se lanzan advertencias apocalípticas sobre el aumento de la actividad delictiva, sobre el incremento de la violencia, sobre la inseguridad urbana. Cada vez es más frecuente oír al ciudadano común reclamar mayor rigor represivo, expresar su disposición a ejercer justicia por mano propia y sugerir la presencia de soldados en la calle.
Todos estos factores coadyuvan a que la población perciba cada vez con mayor vigor una sensación de inseguridad, de desamparo casi, y la percepción de que ni la Policía ni la Justicia se muestran capaces de combatir el delito. Este fenómeno –que alguna vez bautizamos como «blumberismo» por las acciones promovidas en Buenos Aires por el padre de un joven secuestrado y asesinado– parece extenderse en una sociedad atemorizada por hechos objetivos pero también por la acción irresponsable de algunos medios de prensa que recogen opiniones supuestamente bien fundadas sobre una realidad que no todos conocen bien.
Al respecto, resulta por demás ilustrativa y desmitificadora la nota del periodista Carlos Lemos, publicada en esta misma edición, en la que se recogen declaraciones del jefe de Policía de Montevideo, inspector Ricardo Bernal. El jerarca policial es claro: «Hay apetitos políticos que están atrás de movilizaciones y reclamos, y por cierto que estamos investigando esta peligrosa vertiente. (…) Se está creando adrede un clima de efervescencia que enfrenta a ciudadanos con ciudadanos. Parece que algunas personas estuvieran empeñadas en montar un escenario como si la ciudad se hubiera convertido en una selva. (…) En los últimos tiempos se ha producido un fenómeno que le está haciendo un mal terrible a la comunidad. Cualquiera opina y forma opinión sin tener el más mínimo conocimiento de lo que pasa realmente en la ciudad de Montevideo en lo que a seguridad de refiere».
Para sustentar tan categóricas afirmaciones, el jefe de Policía ofrece cifras no menos categóricas que revelan una realidad bien diferente de la percepción generalizada. Según las estadísticas, en el año pasado no sólo no hubo aumento de la actividad delictiva sino que se registró un leve descenso, especialmente durante el último cuatrimestre. Con excepción del delito de rapiña (que sufrió un incremento de 2,4 por ciento), todos los demás delitos disminuyeron en cifras significativas. Los famosos y temidos «copamientos» en comercios y fincas particulares exhibieron un caída de 31 por ciento en todo el año y de 46 por ciento en el último cuatrimestre; del mismo modo, los asaltos a unidades de transporte de pasajeros, bajaron 11,6 por ciento en el año 2005 y en el último cuatrimestre la disminución fue del 20 por ciento.
Ante la contundencia de estos números, cabe preguntarse qué hay detrás de una campaña mentirosa que parece complacerse en profundizar la sensación de inseguridad.
¿Qué intereses mezquinos se ocultan detrás de esta campaña alarmista que pretende desacreditar al Ministerio del Interior? *
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