La política exterior uruguaya y el Mercosur
En los últimos meses se ha dado una serie de hechos políticos que guardan relación con nuestros vecinos y sus intereses económicos hegemónicos.
En otro orden, Chávez comenzó a desmarcarse de los tabúes ideológicos y señaló que el comercio estaba por fuera de su consabida postura antiimperialista que, con tanta vehemencia, esgrime habitualmente. Está muy bien.
Sería una necedad no abrir las fronteras, comprar y vender productos, generar mano de obra y prosperidad en un mundo estrecho en distancias, globalizado. Hay sin embargo quienes predican la libertad de comercio, pero no la practican. Mantienen aún hoy políticas de bloqueo contra naciones como Cuba y todo aquello que configure un enemigo ideológico. Absurdo y falaz.
Tan absurdo y falaz como el intento de bloquear la construcción de plantas industriales de celulosa sobre nuestro río Uruguay que generarán trabajo para nuestra gente.
El próximo 1 de marzo será el momento de evaluación en el plano interno. ¿Cuánto hemos avanzado en materia de derechos humanos? ¿Qué percepción tienen nuestros gobernados en materia de seguridad ciudadana? ¿Cómo evalúan nuestros habitantes la gestión económica del nuevo gobierno, o la instrumentación del Plan de Emergencia Social destinado a los sectores más desprotegidos?
Naturalmente y de cara a los sucesos de dominio público que involucran el secuestro de camiones provenientes de Chile, que contienen materiales para la construcción de las plantas de celulosa, la inacción de los poderes públicos de la República Argentina que deberían operar normalmente en un estado de derecho frente a cualquier abuso, ponen en jaque la viabilidad del Mercosur como instrumento de integración regional.
Las señales del sistema político nacional dan cuenta de lo acertado en la actuación vinculada al tema que afecta el trabajo de fraybentinos y de uruguayos de todos lados que llegarán a esa zona del litoral a buscar mejores oportunidades.
Resulta por otra parte muy poco estimulante recibir otro código de señales poco claras desde la gobernación de Entre Ríos y desde la Casa Rosada. Máxime cuando se anuncian demandas ante una Corte internacional y se permiten medidas de fuerza que atentan contra el libre desplazamiento de bienes y personas y la libertad de trabajo, de parte de particulares que «per se» deciden tomar el control de rutas y decidir quién circula o no por ellas.
Tiempo atrás, nuestros camiones conteniendo arroz eran detenidos en la frontera con Brasil y los propios presidentes debían resolver estas escaramuzas, teléfono mediante. Ahora los tribunales para la solución de controversias deberían generar un marco jurídico mucho más idóneo para los litigios.
De lo que no cabe duda es de los contrastes: por un lado el gobierno uruguayo toma una decisión política y estratégica, no improvisada, estudiada científicamente a lo largo de varios años tendiente a permitir la explotación de celulosa en nuestro litoral oeste, a cumplir a cabalidad con las normas medioambientales y por otro, un estado hegemónico, en el cual los piquetes actúan como elementos de persuasión y disuasión frente a los medios coercitivos que cualquier estado posee. La vida y la política parecen a momentos transitar al otro lado del río, al compás de los redoblantes piqueteros y de situaciones anómalas que dañan la relación de pueblos hermanos.
¿Cómo construimos entonces, una política exterior independiente de estos avatares?
Existe un antes y un después en esta área de nuestras relaciones internacionales, frente a estos embates hegemónicos de los dos grandes, que afectan también a nuestros socios paraguayos.
Deberíamos comenzar a transitar la senda del regionalismo abierto y a observar con un poco menos de desdén y mayor humildad a Chile y lo que ha construido la Concertación de Partidos por la Democracia en los últimos 16 años.
Mercosur, sí. Ojalá con instituciones parlamentarias y políticas para discutir fraternalmente sucesos como los ocurridos durante estos días en los puentes binacionales.
Del mismo modo y de manera complementaria debería instrumentarse con mayor énfasis una política proactiva en el área de comercio exterior del Ministerio de RR.EE, orientada hacia nuevos mercados y oportunidades. Si se estuviese trabajando ya en esa dirección, es importante que la opinión pública lo sepa, lo conozca ampliamente en su total magnitud. No parecen el Mercosur de 2006 y en especial sus socios mayores en peso específico, dar respuesta a nuestras inquietudes y esfuerzos. Deberíamos explorar la posible suscripción de acuerdos complementarios de cooperación económica y comercial con México, y Chile en particular, para ampliar mucho más nuestro comercio hacia estas naciones.
Nuestra embajada en Santiago, de alto valor estratégico, además de trabajar en aras del incremento comercial binacional, debería consolidarse en este quinquenio como plataforma de negocios y expansión hacia el sudeste asiático, China e India.
Deberíamos abrevar del conocimiento trasandino y de sus técnicos en lo que hace al proceso de gestación de acuerdos con grandes mercados como representan los de EE.UU., la Unión Europea, Corea o China .
No podemos darnos el lujo de demonizar a las potencias del primer mundo, en una aldea global a la que cada vez menos le interesan las rémoras ideológicas.
Dicho esto con la mayor humildad y respeto hacia nuestros referentes de la política exterior, a los técnicos de la Cancillería y muy especialmente a otros compañeros que han expresado sus puntos de vista en el seno de la fuerza política Frente Amplio. Nosotros confiamos plenamente en las decisiones que ha tomado el gobierno uruguayo, que nos representa a todos los ciudadanos y que a la brevedad emprenderá una gira sudamericana para explicarle a gobiernos y pueblos vecinos en qué estamos los uruguayos y en particular el Presidente Vázquez, a quien el pueblo oriental mandató para que gobierne una nación independiente de presiones externas e indebidas que generan nacionalismos estrechos y dañan el común porvenir de prosperidad, felicidad y hermandad que nos espera a uruguayos y argentinos tan particularmente.
Entretanto las plantas de celulosa, que conllevan la inversión más grande que recibiera el país en su historia, se erguirán de esta margen del río Uruguay, a pesar del quejoso y paquete sonar quejumbroso de Greenpeace y de los reclamos de circunstanciales políticos que operan en nuestra vecindad. *
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