Cuando el neoliberalismo pone en riesgo la democracia
Es cierto que no faltan quienes, como los representantes de la derecha política uruguaya, siguen confortablemente instalados en la repetición del catecismo neoliberal.
Pero en el campo del debate político y económico internacional, los profetas del neoliberalismo triunfante y rampante evidencian cada día las señales de flacura de un pensamiento que hace diez años parecía como invenciblemente hegemónico en el ámbito planetario.
Por cierto que, entre nosotros, los embotelladores autorizados de la vulgata neoliberal siguen imperturbables repitiendo la matraca de sus gastados versos.
Pero entre los más fogueados del debate teórico y académico las cosas no se plantean en los términos –adecuado como para nenes de pecho– en que lo plantea la derecha uruguaya.
Así, en estos días, se han hecho públicas algunas reflexiones del conocido sociólogo inglés Ralf Dahrendorf quien durante décadas representó un punto de referencia insoslayable en los debates ideológicos tanto en el campo político como académico.
Dice Dahrendorf: «Fue un momento dulce cuando pareció que la democracia y la economía de mercado habían ganado por fin el gran debate. Algunos espíritus impacientes llegaron incluso a afirmar que había llegado el fin de la historia. El futuro no era más que el tiempo para desinhibirse y disfrutar del botín de la victoria. Pero, desgraciadamente, esos entusiasmos nunca duran. Una década después de la revolución de 1989, nadie hablaría del fin de la historia, y pocos afirmarían que ahora nadie cuestiona la democracia y la economía de mercado. En lo que a la democracia respecta, parece que sucede lo contrario, y que es posible plantear la siguiente pregunta: ¿tiene algún futuro la democracia?.
Más adelante el analista –que además es miembro de la Cámara de los Lores– sostiene que «la democracia parlamentaria tal y como la conocemos está en las últimas».
Por un lado observa el crecimiento de los fundamentalismos que hacen hincapié en la homogeneidad étnica, especialmente agravada en los últimos años, incluso en los países de mayor grado de desarrollo económico-social.
Señala asimismo lo que llama «el retorno en la práctica, aunque no en la teoría, del gobierno autoritario» que atribuye entre otras cosas «a la curiosa combinación de llamamientos populistas por parte de los líderes y apatía por parte del pueblo».
El punto central de la reflexión del sociólogo británico apunta a señalar la relación existente entre la democracia y el declive del Estado nacional. «Se podría afirmar que la democracia ha crecido con el Estado nacional y declinará con él».
Algunas áreas importantes de la acción de gobierno trascienden cada vez más los espacios políticos nacionales. Por un lado la actividad económica, a partir del papel creciente que, en las decisiones fundamentales, tienen organismos internacionales, como la O.M.C. o el grupo de los 7 países más poderosos de la tierra.
Y agrega: «otras partes del ámbito económico simplemente se han desmoronado bajo la influencia de las nuevas fuerzas productivas de la globalización. Hoy en día, muchas transacciones financieras tienen lugar sin ningún tipo de control digno de mención».
Las reflexiones de Dahrendorf, de las que apenas hemos hecho una breve introducción, revisten interés por provenir de un intelectual prestigioso más allá que se compartan o no sus opiniones, a menudo poco proclives al cambio social.
Tienen, para el observador latinoamericano, el interés que brinda conocer estas preocupaciones de parte de un analista situado en uno de los países centrales del sistema capitalista mundial.
Si para el sociólogo británico las decisiones económicas, al evadir el campo del estado nacional y adoptarse en el terreno incontrolado de las transacciones económicas internacionales o de los organismos controlados por los grandes países, lesiona seriamente a la democracia, cabe preguntarse: ¿qué condiciones existen en nuestra América Latina para la consolidación de la democracia cuando las determinantes fundamentales de sus políticas económicas y sus gastos e inversión social son decididos en ámbitos ajenos como lo son el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial?
Como resulta obvio para quien siga el discurso de los políticos de la derecha uruguaya a ninguna de estas preocupaciones da respuesta el mosconeo tedioso de las prosas neoliberales de estos pagos.
Compartí tu opinión con toda la comunidad