Entre Ríos, la capital del anti Mercosur
Oscuros y fatídicos nubarrones cubren el cielo que cobija a los hermanos del Plata. Un belicoso gobernador por cuyas venas corre sangre garibaldina y que tuvo un «ejemplar» comportamiento durante la dictadura de su país, guardando silencio, lidera una cruzada en defensa de la salud y la vida de los pobladores de su provincia. A esta altura, ya sólo resta actualizar la Proclama de 1865 del entonces presidente Bartolomé Mitre: «a las 24 horas en los cuarteles, a los 24 días en campaña y a los 3 meses en Asunción». Cinco años le llevó para culminar su guerra de conquista, pillaje y exterminio. Pero, ni la contaminación, ni la sangre llegarán al río Uruguay, porque también hay una Argentina de Mariano Moreno, Juan Bautista Alberdi, Hipólito Irigoyen y Lisandro de la Torre, una Argentina de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Admitimos ser recurrentes, orillando el fundamentalismo cuando nos toca evaluar acontecimientos que hacen al quehacer político y compromete el presente y futuro de los pueblos, en éste caso, de esta parte del hemisferio. Desde que surgió la iniciativa de crear el Mercosur, el Departamento de Estado apeló a todos los medios, válidos y de los otros para torpedearlo y ahogar la criatura en la cuna. Es que Estados Unidos no tolera ningún pacto económico, político o militar sin su presencia, hegemónica, por supuesto.
En esto, abundan testimonios. Nos remitiremos a uno solo, oportuno y elocuente. En la década del 40, terminada ya la segunda guerra mundial, se suscribe un Tratado de Unión Aduanera entre Paraguay y Argentina que, obviamente, favorecía más a este último país, pero era el primero de esta naturaleza. Con la rápida intervención del Departamento de Estado, el temerario Acuerdo es archivado.
En 1954, los presidentes de esos dos países, Federico Chávez y Juan D. Perón reflotan el emprendimiento y mientras avanzan en su instrumentación, en la localidad Mariscal Estigarribia del Chaco Paraguayo, se reúnen generales del Pentágono, jerarcas del Departamento de Estado con militares y dirigentes colorados del gobernante partido colorado y deciden el derrocamiento de Chávez, hasta ese momento no les era posible hacerlo con Perón, lo concretarían el año siguiente con la «Revolución Libertadora». En elecciones libres y tras un breve período de un gobierno de transición y mediante elecciones «libres» asume la presidencia el general Alfredo Stroessner iniciando así la era más larga, oprobiosa, sanguinaria y entreguista que conoció el país. Todo fue tan ostensible y bochornoso que el Embajador en Asunción declaró. textual, que el Paraguay no está preparado para la democracia. En retribución, podría sentenciarse que los norteamericanos no están preparados para la paz.
El Departamento de Estado no puede con el Mercosur emplear la misma estrategia utilizada con el Tratado de Argentina y Paraguay y más aún, teniendo en cuenta que el enlentecido, alicaído y tedioso proceso de integración regional desde hace unos años adquirió un vigoroso impulso con la presencia de otros países. El Imperio tiene conciencia de los reveses que está experimentando, pero no puede aceptar la derrota y cuenta con amigos para seguir jugando. Apuesta al desencuentro entre los socios. Y esto lo está haciendo. Busti no es nada más que la cabeza visible de la conspiración. Detrás y por encima de él están personajes de mayor rango, expertos en ajetreos diplomáticos y con fuertes vínculos en el gobierno. Entre Ríos por razones geográficas se constituyó en la Capital del Anti Mercosur y Gualeguaychú en el comando operativo de la patriada que ya causó enormes daños al Uruguay pero que inexorablemente está condenada al fracaso.
No está demás recordar que en la Agenda de la diplomacia yanqui, al promediar la mitad del siglo pasado, un lugar de preferencia lo ocupaba un eventual conflicto bélico entre Brasil y Argentina, proyecto que tuvo como sepultureros a Getulio Vargas y Juan Perón. Se trataba de debilitar a esos países para impedir que con sus inmensos recursos pudieran emprender un desarrollo económico independiente, alcanzar la prosperidad y el bienestar de sus habitantes. *
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