Conflicto absurdo e insostenible
El gobierno de Néstor Kirchner se ha introducido en un callejón sin salida. Los cortes de rutas en la provincia de Entre Ríos ya están violentado la lógica de una militancia medioambientalista y le están impidiendo al gobierno argentino todo margen de maniobra. A Kirchner le está quedando como arbitrio final, el que seguramente ni siquiera se le había pasado por la cabeza a los actuales habitantes de la Casa Rosada, de abrir los caminos hacia los puentes en base a la acción de la fuerza pública.
Es que Kirchner permitió que el gobernador Jorge Busti actuara durante mucho tiempo en una suerte de impunidad política sin advertir que su acción serviría para movilizar a la gente que, ahora, se ha olvidado de la prédica del político entrerriano, el que no sabe cómo hacer para detener lo que pasó de una militancia ecologista a un despropósito agresivo que está perjudicando el comercio entre los dos países. Situación que además puede tener, fallos mediante, onerosos perjuicios para quienes sean determinados responsables de los perjuicios económicos que han sufrido empresas de las más diversas procedencias que han presentado demandas.
Uruguay tuvo la mejor disposición de llegar a acuerdos, porque a nadie le sirve este conflicto virulento que se vive en la zona fronteriza en donde la organización Greenpeace, midiendo con varas totalmente distintas, comanda las acciones en contra de las obras que se levantan el Fray Bentos, sin hacer nada similar con otras, de más atrasada tecnología, que están funcionando en distintas partes del planeta, incluso en la propia Argentina. Una acción espectacular e injusta, destinada a socavar la decisión uruguaya de asumir los riesgos que trae aparejada la industrialización del país, o sea el camino del progreso. ¿Qué pretende Greenpeace? Que Uruguay sea un país con una producción pastoril, incapaz de asumir las obligaciones inherentes al control del impacto ambiental de plantas, de distinto tipo, que se levanten en su territorio y que sirven para transformar su producción y dar trabajo a la gente.
Estimamos que las próximas horas pueden ser decisivas para el conflicto cuya resolución sigue en manos del gobierno argentino, ya que Uruguay está dispuesto bien lo sabemos a integrar una comisión binacional de control del impacto ambiental que produzcan las plantas que se levantan en Fray Bentos. Lo que nunca hará nuestro país es aceptar la imposición, antojadiza y desubicada, de que se suspendan los trabajos de construcción de las mismas.
Sin embargo ese punto parece superado. Los acontecimientos han superado todo lo previsible y el gobierno argentino se debe sentir ahora impotente ante una situación que no puede controlar, que se le fue totalmente de las manos. Es de esperar que en las próximas horas se recapacite, que los que cortan las rutas comprendan la magnitud de la injusticia que están reclamando con su movilización que, además, pone como rehenes a camioneros y camiones de transporte, cortando un comercio binacional cuyos términos de intercambio han sido siempre favorables a la otra orilla.
La permisividad del gobierno de Kirchner con los militantes «ecologistas» de Entre Ríos desembocó en esta situación más que negativa para los intereses argentinos. Ahora la situación se ha vuelto insostenible y, como decíamos, Kirchner se encuentra en una encerrona política de difícil resolución, porque la posibilidad del diálogo desapareció y ni siquiera el ubicuo Busti es ahora oído por los manifestantes.
Veremos que ocurre en las próximas horas. No nos gustaría estar en el pellejo del primer mandatario argentino. *
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