Una saludable convocatoria al debate
En su reunión ordinaria celebrada el pasado lunes la Mesa Política del Frente Amplio decidió convocar al Plenario Nacional de esa fuerza para el próximo 25 de marzo. En esa reunión del organismo de conducción política de la fuerza política de gobierno se deliberará acerca de las modalidades de integración del país y de las formas y reglas de relación de la organización política con el gobierno.
Ninguno de los temas a abordar es nuevo en los debates del progresismo uruguayo y existen sobre los dos puntos zonas que han sido abordadas y resueltas en plenarios y hasta congresos anteriores.
No obstante el hecho que la fuerza política de gobierno convoque una instancia democrática de base es un hecho que merece la atención. Efectivamente uno de las dificultades más reiteradas en los procesos de reconstrucción democrática es la del funcionamiento de las organizaciones partidarias, especialmente cuando los partidos están en el gobierno. Es una dificultad a la que han sucumbido los partidos tradicionales en un largo proceso de ‘autonomización’ han ido cortando amarras con los organismos partidarios de debate abierto.
La decisión de discutir dos temas candentes como son los anotados más arriba indica asimismo la voluntad de no soslayar el desafío de los debates intensos. Cumpliendo el proceso de adecuar su funcionamiento a los requerimientos políticos y prácticos impuestos por el ejercicio del gobierno, el Frente Amplio decide transitar desde su orgánica con el proceso de maduración y fermentación conceptual que suponen estos debates.
Como es sabido, los problemas derivados de las dificultades para la integración regional en el MERCOSUR han generado la inquietud acerca de cuáles habrían de ser los caminos más convenientes para la inserción del país en el mundo. No faltan propuestas, como la de explorar la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos que suscitan, dentro del Frente Amplio, objeciones de distinta índole.
Algunas de aristas estrictamente técnicas que remiten a las condiciones y limitantes que imponen los EE.UU. a su comercio exterior. Otras son de tipo ideológico y remiten a una aproximación a lo que son actualmente los perfiles de la política exterior del gobierno del Sr. George W. Bush y su relación con algunos gobierno progresistas latinoamericanos.
En cuanto a las relaciones de la administración con la fuerza política tiene relación con las características de un ‘partido’ que es, a la vez, una coalición de partidos y organizaciones políticas y un movimiento con estructuras organizativas comunes en las que participan ciudadanos que pertenecen o no a algunos de los partidos que integran la coalición.
Estas estructuras del ‘movimiento’ reposan sobre el esfuerzo de una militancia que ha sido para el Frente Amplio un instrumento de gran eficacia en el momento de promover campañas políticas, instancias de democracia directa como referéndum y plebiscitos. En los últimos decenios esa militancia del movimiento tendió a desarrollar mecanismos de amplia participación democrática con eficaz gravitación en la obtención de resultados electorales, incluso en aquellas circunstancias en que el Frente Amplio tenía que remar contra corriente en el campo mediático y de los partidos.
Retomar la problemática del papel de la militancia de base en las decisiones que atañen al gobierno indica la voluntad de no dejar sin atención a ese potencial humano de acción política que ha caracterizado a los partidos de izquierda históricamente. *
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