Ante la suspensión del desfile de Llamadas

Hay ciertas tendencias que aparecen cada vez con mayor habitualidad, especialmente en jornadas que debieran convertirse en fiestas masivas que tienen el objetivo del disfrute y el contacto con elementos de la cultura, que han comenzado a preocupar. ¿Cómo es posible que cada año durante los desfiles de Llamadas grupos de inadaptados, altamente alcoholizados, provoquen disturbios violentos que podrían haber culminado, como ocurrió el último viernes, con desgracias a lamentar?

¿De qué se trata? ¿Por qué jóvenes y no tan jóvenes, buscan casi con énfasis alcoholizarse y, en un momento de la noche, los más inconscientes e irresponsables, protagonizan incidentes violentos que  en este caso  determinaron la suspensión de una fiesta popular que, evidentemente, fue demasiado larga, y por lo tanto se convirtió finalmente en tediosa? Claro, en la medida adoptada por la dirección de Cultura y Recreación de la Intendencia de Montevideo también jugó la situación de una participante del desfile que se descompuso en su transcurso y, posteriormente, dejó de existir en el Hospital Maciel. Pero problemas de este tipo, con la salud de los participantes pueden ocurrir siempre y no tienen nada que ver con el despropósito de los grupos de inadaptados altamente alcoholizados que, paralelamente a que se descompusiera la bailarina, se enfrentaron en una batalla campal en que volaron proyectiles de todo tipo, entre ellos botellas de cerveza, sillas, etc. Enfrentamiento absurdo, sin otra causa detectable que el alcohol, que impidió que los conjuntos lubolos pudieran avanzar en lo que es, sin lugar a dudas, la principal fiesta de carnaval que se realiza en nuestro país. Esa violencia nos preocupa porque es la misma que aparece los medios días previos a las fiestas tradicionales, en la zona del mercado del puerto, cuando -en una tradición que se reitera- jóvenes comienzan a bañar a los asistentes al lugar con líquidos de cualquier tipo, especialmente cidras y cervezas. Casi siempre esa violencia termina en enfrentamiento personales que derivan en graves batallas campales.

Son situaciones graves que se vinculan con elementos de nuestra cultura. Contienen una violencia latente, sorda, que aparece en ocasiones, pero que es malsana, lamentable y destructiva. Por supuesto que el pasado viernes los organizadores del desfile de Llamadas cometieron errores importantes. ¿Cómo es posible que una fiesta de esas características, que afecta a una zona importante de la ciudad, tenga una duración de más de 10 horas, quizás de 12, -como algunos entendidos sostienen – si la misma hubiera terminado luego de que pasaran los 12 conjuntos a los que les faltaba hacer el recorrido?

Cualquier estudioso del tema lo puede afirmar: la atención del público puede fijarse en un hecho artístico un tiempo determinado que, en este caso, se superó largamente. La Intendencia debió organizar un desfile más corto, haciendo una selección previa, o como ocurre en el «sambódromo» de Rio de Janeiro, haciendo que el desfile se reitere por varios días. Lo del viernes es absurdo y, claramente, abrió el camino para que los grupos alcoholizados y fuera de contexto, se agredieran, en el marco de un escándalo inaceptable que  obviamente  ahuyenta a los turistas que en importantes cantidades estaban presentes en el lugar.

Comprendemos a las autoridades municipales y entendemos que su forma de accionar tiene vinculación al mantenimiento de las características de la fiesta popular. Pensamos, además, la presión que podrían hacer los conjuntos para participar en el espectáculo con el dibujo tradicional o, en otro, si el tradicional fuera modificado. Un cambio en su diagramación, concretar más de un día de Llamadas, puede ser un cambio resistido. Pero si ello ocurriera, lo lógico, es que cada día en cada desfile, la programación estuviera integrada por buenos conjuntos. Que no fuera cayendo la calidad de la fiesta en el transcurso del tiempo.

De lo ocurrido el pasado viernes surgen algunas evidencias, que van más allá del tema cultural que está imbricado a la conducta del desmán protagonizada por grupos de muy tristes personajes inadaptados, siempre alcoholizados. Es evidente que por el volumen de público que concurre a la fiesta  espectáculo y por el crecimiento de los conjuntos que quieren participar, ya esa zona de los barrios Sur y Palermo, es inadecuada para albergar al desfile lubolo. Pero, es difícil encontrar en Montevideo otro lugar con esa prosapia cultural que surge de cara pared, de cada casa, del clima de los barrios mismos. Tampoco es posible que el desfile se prolongue por tantas horas, ello es un absurdo que conspira también contra los elementos esenciales de propio espectáculo. Por eso nos volcamos a una programación de varios días, al estilo «sambódromo»

Son temas para resolver. Ahora, estamos a tiempo de hacerlo. *

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje