No es lo mismo ser patriota que patriotero
Que el pueblo argentino es heroico, no caben dudas; que ha sido un pueblo sufrido, tampoco.
Que lo han golpeado y saqueado, la historia lo demuestra. Pero que siempre ha tenido la valentía y la gallardía necesaria de una gran nación, para luchar de pie, nunca de rodillas y salir airoso de las más grandes contiendas en todos los terrenos, eso tampoco nadie lo pone en tela de juicio.
Los argentinos quieren a su patria, como los uruguayos queremos a la nuestra, y en eso no le damos la derecha a nadie.
Pero hubo gente que utilizó con otros fines ese amor a la patria. En abril de 1982, inflamados de fervor patriótico fueron a la plaza de Mayo, convocados por Galtieri, que supo sacar provecho de un deseo legítimo del pueblo argentino de recuperar algo que verdaderamente les pertenece, las islas Malvinas.
Pero esa no era la forma, ni el momento oportuno de hacerlo, y el dictador lo sabía, pero debía conformar una cortina de humo que le permitiera gobernar, y que la gente se olvidara de las necesidades básicas y el desempleo.
Allí, en ese histórico balcón de la Casa Rosada, mareado por los efluvios del poder, el general se sintió omnipotente.
Mientras recibía el baño de calor de la gente, abrió los brazos e imaginó que era otro general, otro que muchos años antes se había ganado el apoyo de muchos argentinos.
Pero él no era ese hombre y nunca lo sería, aunque el militar al oír a la muchedumbre repetir incansablemente: El que no salta es un inglés, el que no salta es un inglés, creía que estaba alcanzando la gloria.
Y mucha gente le creyó, y la juventud argentina terminó siendo la carne de cañón que marchó al frente de batalla. Ellos fueron los verdaderos héroes que dieron sus vidas por la nación, mientras los dictadores permanecían seguros en sus escritorios de Buenos Aires. Hoy la historia es otra, en el tema de las plantas de celulosa en Fray Bentos, no hay que recuperar un territorio usurpado, ni existe posibilidad de enfrentamiento bélico, aunque sí la posibilidad de que algunos desubicados, inflamados de fervor patriotero, como ocurre en las distintas marchas pacíficas que se realizan en la Argentina, que terminan con ataques desenfrenados, atentados a vehículos y personas, con el resultado de varios heridos graves, como atestiguan las crudas imágenes que se han visto por televisión.
De ocurrir hechos de estas características en el puente internacional que une Fray Bentos con Gualeguaychú, los responsables tienen nombre y apellido, y con sus actitudes y arengas, no hacen otra cosa que fomentar una asonada de imprevisibles consecuencias. Para ellos la diplomacia no existe y al diálogo le rehúyen.
Tampoco le dicen la verdad a la gente, hablan de los supuestos daños que la instalación de las plantas de celulosa en Uruguay, podrían provocar en el medio ambiente, de ambas orillas, pero nada dicen del peligroso reactor nuclear de Ezeiza, en Buenos Aires, cuyas napas están contaminadas por uranio.
Le bajan el perfil al informe realizado en 2005, en los laboratorios de la agencia oficial de medio ambiente de los Estados Unidos (EPA) que coincide con la pericia judicial realizada por el hidrogeólogo Fernando Díaz, que comprueba niveles de contaminación por uranio superiores a lo normal, en pozos de aguas cercanos al Centro Atómico de Ezeiza.
También se comprobó que los niveles de uranio a los que se expuso a la gente que consume el agua de esos pozos es superior a lo que aconseja la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Salud de Canadá y la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos.
Los elevados valores de uranio encontrados en los alrededores de la planta nuclear de Ezeiza, señalan que la contaminación de ese metal en el agua subterránea de la zona proviene de ese centro de manipulación de uranio.
Nada dicen sobre la contaminación comprobada en los ríos argentinos por la decena de plantas de celulosa y papeleras, antiguas y casi sin tecnologías de prevención, y que instaladas en ese territorio desde hace 50 años vierten sus desechos tóxicos sin que nadie las detenga, o las obligue a ponerse a tono con las exigencias medioambientales.
Nadie le dice nada al gobernador Busti, sobre su actitud de expropiar 1.900 hectáreas, en tierras entrerrianas, para posibilitar la instalación de una industria de alta contaminación ambiental, como es un frigorífico de cerdos.
La actual mortandad de peces y la contaminación del Río Paraná ha hecho que la gobernación de Misiones recomiende a la gente que no se bañe en sus aguas, por el enorme peligro que ello implica.
¿Dónde está el enojado señor Estrada, encargado de temas del medio ambiente de la cancillería argentina? ¿Esto no lo ve, o no quiere verlo?
La actitud inexplicable de los gobernantes argentinos no hace otra cosa que sembrar la semilla del enfrentamiento en algunos patrioteros, que sólo piden combustible para encender el fuego de la confrontación.
Los responsables nada dicen sobre los peligros enumerados más arriba, pero como Galtieri, arengan a la gente y le hacen creer que las plantas de celulosa son un tema que involucra a la Patria. Afortunadamente, la gran mayoría del pueblo argentino no comulga con estos bárbaros, que hacen del piquete y el terrorismo casi una razón de vida, y que sólo ven lo que ocurre en la casa del vecino, sin darse cuenta de que a ellos se les está incendiando el lugar en donde viven. *
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