Los olvidados de siempre

¿Se olvidaron? Después de 20 años de espera es hora de que se termine la agonía de miles de luchadores sociales: un compromiso de honor que contrajo este gobierno y que debe resolver de inmediato.

Quienes fuimos parte fundamental para el triunfo y la asunción de un gobierno popular, seguimos siendo olvidados. A los ex presos políticos, sindicales, clandestinos, y exiliados que pusimos «todo» para la formación y consolidación de un frente popular, antes, durante y después de la derrota de la dictadura, nos sentimos marginados.

Por nuestra lucha nació en la clandestinidad el plenario intersindical de trabajadores, hoy PIT-CNT. Una expresión de la unidad sólida de la clase obrera que se consolidó y amplió en el Frente Amplio, con la participación de otras fuerzas sociales y políticas.

Por supuesto que no fuimos los únicos, ni es nuestra intención arrogarnos ese derecho, pero nadie puede negar que estuvimos siempre junto con los primeros en la lucha contra el fascismo. Fuimos de los militantes sin sueño antes, durante y después de la dictadura, junto a nuestras familias que han pagado un altísimo costo de sacrificio y dolor, algo que nadie puede negar.

Por ello tenemos todo el derecho, como todos los demás ciudadanos de este país, a vivir una vida normal, con lo mínimo imprescindible que nos permita una exisencia decorosa junto a nuestras familias. Por supuesto que también los familiares de nuestros heroicos y queridos compañeros fallecidos y desaparecidos.

Los gobiernos anteriores realizaron un simulacro con la Ley 17.449 que no dio ninguna solución a este problema, ya que sólo en un porcentaje mínimo de ex presos clandestinos y exiliados recibieron una mal llamada jubilación que no resolvió absolutamente ninguno de sus problemas.

De cientos de compañeros que se presentaron menos del 10% logró una miserable jubilación. Al día de hoy cientos han fallecido sin haber recibido ningún reconocimiento por su lucha y, los que todavía sobrevivimos, estamos marginados sin posibilidad de trabajo, sin jubilación o realizando changas (trabajos en negro), y ello en el «mejor» de los casos.

Hay cientos de compañeros que ni siquiera tienen esa posibilidad; porque las consecuencias sufridas en las torturas los han dejado imposibilitados.

Hoy, nuestro proyecto de ley está en el Parlamento. El Poder Ejecutivo lo recortó a pesar de que las cifras que nosotros planteamos están dentro de las aspiraciones mínimas necesarias para subsistir.

Ahora los señores senadores y diputados tienen la responsabilidad de tratarlo, mejorarlo y aprobarlo es un acto impostergable. Una decisión de dignidad nacional.

Ya hemos realizado varias entrevistas y hemos encontrado buena disposición en los legisladores.

En los próximos días seguiremos en forma periódica planteándo la necesidad de que en forma urgente se apruebe nuestro proyecto. *

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