Una necesaria reivindicación del artiguismo
Una democracia, no existe, no puede existir sin la vigencia de los partidos políticos, ya que ellos son el instrumento para ser receptivos y en lo posible interpretar lo que es la voluntad del ciudadano en los grandes temas, sociales, económicos y políticos.
Para fundamentar mi pensamiento tengo la saludable obligación de hacer hincapié en la historia que a muchos no nos contaron en su momento y tuvimos que preguntar e investigar (en mi caso para ser justo con mi amigo el buen historiador Roberto S. Torres), sobre otra historia en gran parte oculta con mala intención.
Después de la batalla de Las Piedras, Montevideo es sitiada sin poder ser tomada por los patriotas. Buenos Aires negocia el levantamiento del sitio.
Los orientales se reúnen para evaluar eso en las asambleas de la panadería de Vidal, pero sobre todo en la quinta de «la Paraguaya».
Es en ésta que los delegados del pueblo deciden nombrar a Artigas, jefe de los orientales y seguirlo al interior en el «Ãxodo del pueblo oriental».
El primero de octubre de 1812 las vanguardias artiguistas, al mando de Culta, vuelven a sitiar Montevideo. Se suceden las intrigas porteñas antiartiguistas.
A principio del año 1813 traman asesinar al jefe de los orientales, siendo Sarratea el responsable de tal intento.
Los porteños convocan a una constituyente en su campamento sitiador, Artigas convoca a un congreso para designar sus representantes. Es el congreso de Tres Cruces. En diciembre de ese año 1813 se hace el segundo congreso, es el de la Capilla Maciel. Allí es donde se proclama: «Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana», ante los delegados.
Los porteños en junio de 1814 toman Montevideo, luego los orientales derrotan a los porteños y Otorgués entra a la capital en nombre de Artigas. Este se instala en Purificación (desde ese momento capital real de la Provincia Oriental y de las Ligas Federadas, ya que ahí reside el Protector de los pueblos Libres y decretó la reforma agraria). Allí también está la mayor parte del pueblo y el grueso del ejército patriota.
Desde que desertó del cuartel español de Colonia, Artigas nunca entró a Montevideo, el Cabildo fue siempre su enemigo político, tratando de no hacer cumplir el mandato de la reforma agraria. Montevideo era dominada por la oligarquía, afectada por aquel decreto sobre la tierra.
Montevideo era brutalmente antiartiguista, por eso fue rabiosamente monárquico y luego le «chupó las medias» (realmente fue así), a los portugueses y brasileros cuando la guerra grande, a los de la flota anglo francesa.
Después de la derrota (más que nada por las traiciones) los sinvergüenzas hacen circular la historia negra. La reivindicación vendrá más de dos décadas después de su muerte a través, entre otros, del mercedario Clemente Fregeiro.
Será el general Leandro Gómez quien invoque la gloria de Artigas como la guía fundamental del heroísmo de sostener hasta el fin la defensa de Paysandú en 1864-65. Máximo Santos dispuso liquidar el antiartiguismo y ordenó levantarle un monumento. Sin embargo tal monumento (plaza Independencia) se construye en 1923. Pero aniquilada la leyenda negra ,»el nuevo Artigas», oficial, es el de la burguesía y para ello se le borró lo revolucionario de toda su lucha: lo antioligárquico, lo anticentralizador, lo antiimperialista, lo democrático, y la reforma agraria a favor de los pobres (que los más infelices sean los más privilegiados), su combate a la corrupción al favoritismo y privilegios, le borraron su humanismo y su acendrado concepto de que para gobernar ejemplarmente no hay que enriquecerse, ni ganar como un rico, trataron de hacer un Artigas de pura retórica y bronce para dejar por el camino un principio fundamental de su pensamiento de que un pueblo para ser libre de explotación, de mesianismos o imperialismos, debe ser un pueblo ilustrado (y lo mismo propone José P. Varela, muchos años después, para despojar del gobierno a «las castas oligárquicas».
El Artigas revolucionario (como lo fue de verdad), nunca fue el de los gobiernos oligárquicos burgueses, en realidad fue reivindicado por las vanguardias más izquierdistas de este país.
El gobierno de 1855 repatria sus restos, su objetivo es demagógico como postura oportunista, ante las masas que seguían siendo artiguistas. Es la actitud lo que los delata desde el momento en que la urna que los contiene queda trece meses tirada en un rincón de la aduana, luego se dispone «su traslado a un lugar preferente», pero la historia oficial sigue diciendo que Artigas fue un delincuente.
Así llegamos al acto de máxima ofensa al ideario revolucionario de Artigas, al insulto a sus cenizas y al pueblo uruguayo mismo. Quien hace esto es la dictadura fascista, brazo armado del imperialismo yanqui y de la oligarquía, heredera histórica del antiartiguismo.
La casta de bandoleros armados, asesinos, torturadores, repite la brutal hipocresía de la oligarquía de 1855. Aquella lo abandonó más de un año en un rincón y permitió que se siguiera insultando su memoria. La dictadura de los mercenarios de 1973, mientras torturaban, asesinaban y mataban querían presentase como artiguistas y en su estupidez, de brutos verdaderos, creyeron que hacían un verdadero tributo a su memoria, ¡nada menos!, mandando la urna de sus cenizas a un tenebroso sótano de hormigón. Es el inconsciente de estupidez que los caracterizaba, los fachos no construyeron un monumento, sino un búnker al estilo del que construyó Hitler en Berlín y donde terminaron sus días de máximo malvado. A ese nivel de insulto llegó la dictadura.
Hay que sacar su urna de allí, para no continuar con el vilipendio. Ella debería estar custodiada en un sencillo mausoleo o pirámide de cristal especial sobre la tierra y no en la oquedad de un sótano construido por sus enemigos, los milicos dictatoriales, mercenarios y nazis.
Cuatro lugares caben como opciones, uno sería en los frentes del Palacio Legislativo, o dentro del recinto, dado que este poder representa la»presencia soberana» del pueblo a través de sus representantes democráticamente elegidos. Por otra parte habiendo sido Artigas enemigo jurado del despotismo, se sabe que cuando un poder legislativo funciona en la plenitud de sus obligaciones y legitimidad de su representación popular es porque el país es democrático y la libertad y los derechos plenos del pueblo es la característica de su vida cotidiana.
El que las cenizas del héroe reposen allí sería el tributo de un Uruguay juramentado en la continuidad histórica de su legado de principios y concepción social. Además siendo Artigas el fundador de la nación uruguaya, políticamente nada la representa mejor que los elegidos por el voto democrático. De esa legitimidad representativa emana toda autoridad, siempre renovable siempre temporaria, nunca para siempre por que el Poder Legislativo mismo es un poder delegado por el pueblo (depositario de la nación) ratificado en cada elección.
Otro lugar sería Tres Cruces, lugar de asambleas de su campamento militar en el sitio a la Montevideo monárquica española.
También es válido considerar el lugar mismo de la batalla de Las Piedras.
Otro lugar sería la meseta misma de Purificación (Paysandú), primera capital del Uruguay artiguista, centro político y militar de la nación y desde donde el jefe de los orientales y Protector de los pueblos libres gobernó con la plenitud de su esencia. La más fundamental de sus decisiones, el reglamento Provisorio (reforma agraria).
Más allá del lugar se haría justicia y Artigas brillaría a la luz y dejaría de permanecer en tinieblas. Este gobierno progresista tiene la oportunidad y yo
diría casi la obligación de que en 2011 esto sea una realidad. *
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