Un clavo saca otro clavo

Quien lea comparativamente las constituciones de 1952 y la de 1966

actualmente vigente ,con algunas modificaciones realizadas en 1997, se da cuenta de que ambas modificaciones fueron a pedido expreso de las clases conservadoras. Las del 66 para la redistribución en pocas manos de la renta nacional ,la del 97 para perpetuarse en el poder con cobertura democrática. Uso la expresión clases conservadoras, con el mismo significado que tenía a fines del siglo XIX, en tiempos del coronel Latorre.

Son las clases conservadoras el círculo vinculado a la City financiera del puerto, engranaje exportador montado para proveer al Imperio Británico de carnes y lanas. Esas clases conservadoras eran representadas públicamente por la doctocracia fabricada a esos efectos por la Universidad. Esa doctocracia alternaba, como ahora, del bufete privado que servía a las empresas extranjeras al periodismo o la política. No es de extrañar que por lo tanto sean los diseñadores jurídicos del país exportador limitado a llenar las necesidades del comercio internacional. No pocos presidentes y ministros salieron de los directorios criollos del Ferrocarril Central inglés, empresa que facturaba mas que el ministerio de Hacienda. Como agentes del comercio internacional, estas clases conservadoras se definían como liberales, por ello fueron los sostenedores de la corriente económica llamada «orismo», opuestos a la existencia de moneda nacional , adoratrices de la libra esterlina, adversos al curso forzoso de papel moneda y del BROU, etc. Esa mismas clases conservadoras con un léxico actualizado, ya no inspirados en las doctrinas Manchesterianas sino en las generadas en Harvard, de este lado del Atlántico norte, fueron los voceros de los afiebrados «Chicago Boys» de los años 70. Por lo tanto los antiguos oristas devinieron en defensores de la dolarización de la economía, cuando no de la eliminación lisa y llana de la moneda nacional, o algo más perverso, las «tablitas», que operan como membrana semipermeable generando una especie de «osmosis económica» ,que produce un flujo favorable de la riqueza hacia el exterior. Nada mas natural para quienes desde siglo XIX se consideran , «administradores de estancias cuyo directorio estaba en Londres», al decir del Presidente Julio H. Y Obes. Los nuevos liberales siguen afectos al librecambio-ahora están pasando de la vaca al eucaliptus- y a la paridad prefijada de la divisa imperial, padrinos de la usura financiera que aplasta todo intento de producción con valor agregado, que dinamice al trabajo y el talento nacionales.

Las clases conservadoras deciden el golpe de estado jurídico con la reforma constitucional de l966. Para ello modifican con agregados sutiles algunos artículos de la constitución de 1952. El principal cambio se hace en el artículo 168, donde se definen las atribuciones del Presidente de la República, convertido a partir de allí en un plebeyo monarca sin corona, al cual ningún sultán podría envidiar poderes.

Además de las atribuciones de mando mas celebres, como la de decretar Medidas Prontas de Seguridad, inc.17, necesarias para enfrentar las resistencias a sus políticas, encarcelando o deportando a opositores.

Para gobernar prescindiendo de un parlamento adverso agregaron al inciso 7º, la interesante institución de las «Leyes de Urgencia». El Partido Colorado pudo de esa manera comenzar a desmantelar el país productivo, previo que el vaquero Bordaberry embozalara al país, con una serie de leyes que quedaban aprobadas de la siguiente manera:

Un proyecto de ley con declaración de urgencia debía ser aprobado o rechazado por el parlamento dentro de los cuarenta y cinco días. De no haberlo hecho el mismo quedaba firme. Si bien la oposición no lograba los tres quintos(60%) de los votos establecidos para la derogación del carácter de urgente al proyecto, si podían tenerse los votos para su rechazo, entonces, el propio Partido Colorado dejaba sin quórum al Parlamento haciendo correr los plazos a favor de su iniciativa. ¡Bonita democracia la de los años 60! ¡Democracia de los «palo y palo»! Ahora, luego de más de medio siglo, contamos con un gobierno con mayorías parlamentarias, mandatado para el cambio.

Un conjunto de leyes de urgencia bien podrían hacer expédita la reforma tributaria, la reorganización del comercio exterior en beneficio del país productivo, como Argentina. Paliar la falta de tierras para los productores , disponiendo de aquellas que quedaron en garantía de créditos incobrables, las cuales de no mediar una ley terminarán engordando al latifundio multinacional forestal.

Bien señores, lo que sirviera para destruir al país productivo en beneficio de «la patria financiera», bien podría ser el instrumento de su redención.

Un clavo saca otro clavo. *

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