El conflicto y el Mercosur

El conflicto con Argentina es insólito, por su gravedad y el desvarío político que implica. Un diferendo que podría tener consecuencias gravísimas para nuestro país si, finalmente, no se concretan las inversiones de las empresas papeleras que ante el cariz de los acontecimientos deben estar pensando seriamente en la oportunidad de levantar plantas para elaborar celulosa en el marco de un conflicto irracional, con pocos antecedentes. Una situación que se puede convertir en un drama para todo el Mercosur, pues pensemos: ¿qué inversor serio estará dispuesto en adelante a arriesgar su dinero y su trabajo en una región –como sostiene ayer en el diario La Nación el analista Morales Sola–, donde dos países, «socios y hermanos desde el fondo de la historia, no han tenido la voluntad política para resolver un conflicto medioambientalista?»

Argentina, según los reiterados anuncios, acusará a Uruguay ante los tribunales de La Haya. ¡Insólito!, ya que Argentina nunca recurrió a ese tribunal, ni siquiera para denunciar el litigio por las islas Malvinas, antes, ni después de su guerra con Gran Bretaña. Y ahora parece que lo hará en contra de Uruguay. Morales Sola sigue diciendo que ello «sería como hacerse un juicio contra uno mismo ya que hay una historia y un entramado social preexistentes: es difícil que argentinos y uruguayos se sientan en otro país cuando están en la orilla de enfrente».

El tema está cada vez más enrarecido y puede terminar en una tragedia para el ya prácticamente inexistente Mercosur, por más que todavía haya quienes crean sinceramente en su vigencia y en su futuro. Un Mercosur que, ahora, parece tomar sus decisiones a nivel de tres países, Argentina, Brasil y Venezuela, dejando fuera a Paraguay y Uruguay. Un Mercosur, además, que en lo práctico para Uruguay es inexistente: ¿es posible un acuerdo regional, cuando nuestro país no puede vender su arroz a Brasil ni sus bicicletas y sus neumáticos a la Argentina?

Pero, además, un Mercosur que vive en su corazón mismo un conflicto de estas características y parece paralizado. Ni Lula, ni Chávez, han realizado gestiones para acercar posiciones y aventar los peligros de un deterioro aún mayor de las relaciones. Sólo se ha visto alguna tímida gestión del gobierno norteamericano, exhortando a lo obvio: al acercamiento de las posiciones en la mesa de negociación.

Quizás los presidentes Kirchner y Vázquez esperen el punto final para hablar entre ellos. ¿Pero para entonces no será muy tarde? ¿Habrá punto final si antes ellos mismos no hablan para redactar las bases de un acuerdo necesario?

Luego de esta larga polémica, de los encuentros y desencuentros en las comisiones técnicas de «alto nivel», que de poco han servido, porque están jaqueadas por el sectarismo y política menuda, no podrían haber llegado los dos países a un acuerdo firme de reclamarle garantías y reaseguros a las empresas que no contaminarán la zona. Porque en todo el asunto importan los futuros mecanismos de control, con los que se aventarán suspicacias y así los personajes como Busti deberían meter violín en bolsa, hacer silencio, y dedicarse con más enjundia a gobernar su provincia.

Un conflicto que no cede, que se ahonda y diversifica, en el que cada vez participa más gente y se involucran más actores. ¿Hasta dónde se llegará en las posiciones irreductibles? Uruguay se está viendo perjudicado de varias maneras: el tránsito hacia el país se vio restringido, lo que fue un buen pretexto para justificar por quienes, de antemano, manejaron que la temporada de verano sería récord sin tomar en cuenta que los precios uruguayos, por razones cambiarias, duplican a los argentinos, los que fueron la verdadera traba para la no llegada de la clase media argentina.

Una situación insólita, planteada en el seno del Mercosur, un acuerdo regional cuya existencia es bueno replantearse, que todavía no movió una sola pieza para poner coto a la irracionalidad que debe sorprender a los analistas de mundo entero. *

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