Is Tabaré "going to China"?
El debate desatado por las declaraciones del ministro Astori sobre un posible tratado de libre comercio con Estados Unidos tiene varias aristas interesantes. Se pueden analizar las distintas posturas existentes dentro del Frente Amplio, la reacción de los partidos tradicionales (que para variar no tienen nada que decir), o las reacciones de nuestros hermanos argentinos y brasileños que una vez más nos tratan como si fuéramos sus hijos. La viabilidad del Mercosur es otro asunto que no se ha encarado con la debida profundidad. En esta ocasión, partiendo del debate actual, vamos a tratar un tema más vasto: ¿cuál es el rumbo del gobierno del doctor Vázquez? ¿El populismo de izquierda a lo Chávez o a lo Kirchner? ¿Un continuismo sin mayores sobresaltos de los gobiernos de los últimos veinte años? ¿O un viraje radical que busque seguir las políticas de los países exitosos?
La primera alternativa el populismo de izquierda exacerbado no parece ser la opción del Presidente. La conducta fiscal y monetaria ha sido bastante ortodoxa y salvo las intervenciones en el mercado de cambios de diciembre del año pasado no merece mayores críticas. Siempre se puede exigir un poco más. Sería mejor que el déficit fiscal fuera menor, sería mejor que no se hubiera aumentado el gasto público, o que las metas de inflación para este año fueran menores dado el resultado de 2005, pero en resumen esta conducción económica no ha sido peor que las anteriores.
Hay otros temas que sí pueden ser preocupantes como el sistema nacional de salud de Olesker, algunos aspectos de la reforma tributaria, y sin dudas la mal llamada ley de libertad sindical. Pero todas las iniciativas nocivas son más bien concesiones a los grupos de izquierda en un rumbo general dominado por el centro.
La posibilidad de que el gobierno inicie un plan de reformas estructurales serias es otra de las opciones. Dado que nuestro país es uno de los más estatizados y burocratizados del mundo y que desde hace cien años se gobierna para los grupos de presión y no para los ciudadanos, el único cambio posible es hacia las reformas liberales. Alguna iniciativa en este sentido se ha esbozado, como el pasaje de las empresas públicas del derecho público al derecho privado, la introducción de la matrícula en la Universidad de la República, y una apertura comercial real que sería posible con la firma de tratados de libre comercio (cuantos más mejor). La estrategia comercial de los noventa es parte de la explicación de la crisis de 2002.
Si en vez de haber tenido más de la mitad de nuestras exportaciones concentradas en Argentina y Brasil las hubiéramos tenido diversificadas por todo el mundo otra habría sido la historia. Esto no es sólo teoría, es el caso concreto de Chile que casi ni se enteró de la crisis regional. Sin embargo, por ahora este parece ser más el programa del Ministerio de Economía y Finanzas (Astori, Bergara, Lorenzo) que el del gobierno.
Nos queda la última alternativa que manejamos al comienzo, que todo siga más o menos como está con algunos retoques para justificarse en las próximas elecciones. Sería, debemos admitirlo, una estrategia muy uruguaya, dado que es lo que hicieron Batlle, Lacalle y Sanguinetti, pero, lamentablemente, debemos recordar que los resultados no fueron buenos. Hacer la plancha es lo más fácil para cualquier gobierno uruguayo, ya que sea cualquier cambio que se intente introducir en una sociedad como la nuestra, donde todos estamos acostumbrados a que le va mejor al que más protesta y menos trabaja, traería aparejado olas y olas de protestas. Vázquez ha sido extremadamente cauteloso en sus declaraciones y sus acciones, incluso desde antes de asumir el cargo, y notoriamente ha buscado eludir todas las posibles confrontaciones.
En otras palabras, para promover reformas importantes, como las que hizo la señora Thatcher que hoy le dan aire a Gran Bretaña, es necesario bancarse todas las huelgas, conflictos y protestas que surjan, y Vázquez parece ser más un mediador que un reformador, más un administrador de la situación que un impulsor de cambios.
Los politólogos suelen emplear la expresión «going to China» para calificar una actitud de un gobierno que no era esperada debido a sus antecedentes, su base electoral o su carácter, haciendo referencia al restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y China logrado por el reconocido anticomunista Richard Nixon.
No creo que deban temer los radicales de izquierda a las reformas liberales que este gobierno ni siquiera va a intentar. Tampoco debe temerse por una mayor estatización, debido a que es poco menos que imposible.
Eso sí, vamos a seguir igual, lo que quiere decir estar cada vez peor, como la langosta que se encuentra cómoda en el agua tibia de la olla que la va a hervir. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad