Martí, héroe de América
Vale la pena, con motivo de un nuevo aniversario de su nacimiento, recordar la figura de uno de los hombres más importante de la Historia de América.
En sus apenas 42 años de vida, vividos con una plena intensidad, dejó una fecunda obra y pensamiento, que desborda ese período, para convertirse en el ideario que hoy en día tiene la enorme vigencia de conducir a su pueblo cubano en su proceso revolucionario.
En este breve comentario queremos destacar dos facetas, de las múltiples que tuvo su obra y vida, que tienen en nuestra opinión, tremenda vigencia.
Su acendrado antiimperialismo
Uno de sus libros más removedores, es NUESTRA AMERICA, donde valora, con claridad, como casi ninguno, el papel trascendente de su unidad. Desde el Río Bravo hasta la Patagonia (sin lugar a dudas habla de Latinoamérica). Dice Martí:
«Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber que los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra».
Martí, en su vida y acción posterior a nuestro héroes sudamericanos, Bolívar, San Martín, Artigas, resume el pensamiento americanista y lo eleva a la condición de lucha antiimperialista, primero contra España, luego contra los Estados Unidos, flagelo del cual todavía hoy sufrimos las consecuencias en nuestra América Latina, y el mundo todo.
Durante el período 1881- 1895, que vivió en Estados Unidos, años de exilio y preparación de la gesta libertadora, desarrolló múltiples actividades, representando a nuestro gobierno de la época y escribiendo notas permanentes en el diario La Nación de Argentina.
De esa etapa en tierra norteamericana, y su experiencia de lucha, llegó a decir a su compañero de lucha, Mercado, en la víspera de su muerte: «Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas».
Martí educador
Para los educadores, la figura de Martí, más allá de su trascendente obra literaria (sus Obras Completas formaron 73 volúmenes), de su intensa labor periodística y naturalmente su trascendente papel liberador y revolucionario, adquiere vital importancia su aporte en el campo de la educación.
Tiene plena vigencia la forma en que los cubanos llaman a Martí, el Maestro. A cerca de 120 años de haber expresado sus ideas, éstas siguen teniendo total vigencia.
Decía Martí: «Escuelas no debería decirse, sino talleres, y la pluma debía manejarse por la mañana en las aulas y por la tarde la azada». Este concepto de vinculación del estudio y el trabajo, y del papel «educador» de éste en la personalidad integral del ser, en su conciencia humana, tiene una enorme trascendencia que todavía no ha sido valorada en el campo pedagógico en su debida importancia. No le otorgamos aquí, ni en muchas partes del mundo el papel formador que tiene el trabajo.
Gran importancia le asignaba el Maestro a la enseñanza tecnológica, y a la función social que ella llevaba implícita, así como vincular la educación a las necesidades más apremiantes de nuestras sociedades.
Así escribió en Nueva York en 1883, resaltando la importancia de la creación de Escuelas de Artes y Oficios en América: «Nicaragua acaba de festejar bien el aniversario de su independencia: en él abrió una Escuela de Artes y Oficios. Ya Guatemala tiene la suya. El Salvador va a tenerla. Chile anda buscando modelos para una. La de Montevideo da celos a las mismas de Europa».
Finalmente, queremos hacer referencia al sentido universal de la educación, y al compromiso de todos los hombres con la misma:
«Al venir a la tierra, todo hombre tiene el derecho a que se le eduque, y después, en pago, el deber de contribuir a la educación de los demás».
Dijo Marti «Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre». Y así quedó estampado en la Constitución Socialista de la República de Cuba. *
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