Los imperdonables
En este caso, no es el título de la recordada película de Clint Eastwood, pero tiene similitud con la forma en que se actuaba en el lejano oeste americano, al menos eso era lo que se veía en aquellas producciones cinematográficas del siglo pasado, y que muchos solíamos disfrutar en las hoy desaparecidas matinés del cine de barrio.
Lo de ahora, con diferente argumento, parece extraído de uno de esos filmes, y lo protagonizan dos actores de la talla del presidente del país vecino, maestro del histrionismo, quien pretende emular a su ex colega, el otrora presidente norteamericano Ronald Reagan, el mismo que en sus tiempos mozos fue protagonista de películas de vaqueros, clase B.
En la actualidad, ya casi no hay producciones sobre esa temática, ni el desafío a duelo para probar quién era el más rápido con el revólver, ni las bravuconadas, ni las amenazas del dueño del pueblo, para sacar de sus tierras al propietario legítimo de esas parcelas, que se negaba a entregarlas para que por allí pasaran las vías del ferrocarril.
El coprotagonista es, en este caso, el gobernador provincial, el eterno personaje amigo del muchachito, infaltable en toda película del Far West.
El segundón, el sacrificable, el que a veces le tocaba morir en forma heroica, tratando de salvar al héroe.
Hoy todo es diferente, la tierra deseada está fuera de fronteras, no la separa el Río Bravo, la separa el Río Uruguay y otros son los dueños, que aunque parezcan pasivos, no lo son, y esto le complica la vida al muchachito dueño del pueblo vecino y a su ladero. Y para colmo de males, las vías del ferrocarril, que pretendían se instalaran en sus dominios, se quedarán para siempre en el territorio vecino.
¡Parece mentira, tan cerca, y el tren no pasará por sus tierras!
Entonces comenzaron las amenazas veladas de invasión, que aunque irrealizables, sirven para mostrar el perfil del duro de la película.
El aspirante a cowboy y sus laderos, decidieron poner las carretas en el camino para impedir el paso a la otra orilla, y eso tampoco les funcionó.
Los viajeros de su propio territorio cruzaron por otras vías, la seguridad y la diversión siempre fueron más atractivas de este lado del río, y eso los sigue enfureciendo.
Pusieron las carretas en círculo, esperando algún ataque, pero ni a los indios les interesó lanzarles alguna flecha.
Quieren dar marcha atrás, sacar las carretas del camino, pero los extras que contrataron se tomaron en serio sus roles, y quieren ser ellos también protagonistas de la mentira que les vendieron, el dueño del pueblo y su secuaz, para llevarlos al set de filmación.
Por allí se dice que El Llanero Solitario y su fiel amigo Toro, ya sin trabajo, vieron tanta acción sobre esta zona que pensaron en venir a reeditar sus hazañas, pero pronto lo desestimaron; los roles protagónicos ya estaban cubiertos por dos grandes de la actuación nativa. Aunque el indio Toro guarda alguna débil esperanza, si se cumple la promesa de renuncia del segundón de la película argentina.
Los dos actores, el nacional y el provincial, deberían buscar por otros caminos artísticos, en este hay mucha competencia y demasiados vaqueros famosos con pareja estable, recordar solo a modo de ejemplo que Roy Rogers y Cisco Kid entre otras celebridades, ya tienen compañero para sus aventuras en el cine.
Tal vez por el lado de la canción melódica encuentren su destino, aunque en su tierra deberán competir con otro dúo famoso, los hermanitos de Pimpinela, quienes manejan el mismo estilo, en eso de pelearse constantemente.
Donde quedan espacios libres es en el mundo del circo; Gaby, Fofó y Miliki ya no están, Piñón Fijo actúa solo, y el payaso Plin-Plin, se jubiló.
El número de los cachetazos recíprocos les saldría muy bien, les serviría además para canalizar esa incontenible violencia verbal que ambos poseen. *
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