¿Y el camino de la mediación?

Desde estas páginas hemos siempre pregonado, en torno al conflicto con Argentina, una actitud claramente negociadora pero que mantenga una necesaria firmeza que reafirme con claridad el derecho soberano de Uruguay a tomar decisiones, como la construcción de los emprendimientos papeleros en Fray Bentos, teniendo en cuenta además de los acuerdos binacionales –por supuesto–, las medidas que impidan la contaminación de la zona en cuestión.

Sin embargo la etapa de la negociación y el diálogo parece cerrada. La parte argentina, en una obcecación sorprendente, trata de imponer su posición pese a que se le demuestre que las plantas no van a contaminar. No valen los informes técnicos, ni los estudios bilaterales de las comisiones de alto nivel, como la del «agua», cuyo acuerdo fue impedido por un impertinente funcionario que prefirió ahondar el disenso que aceptar que se sentaran las bases para aclarar posiciones y arribar, en definitiva, a un trabajoso consenso.

Mientras tanto la situación en la frontera sigue planteada. Los militantes «ecologistas» siguen cortando el paso de tres camiones en el puente «General Artigas» y realizan nuevos piquetes en Gualeguaychú, impidiendo no solo el paso de vehículos con materiales para los emprendimientos papeleros, sino el tránsito de turistas, lo que ya linda con la agresión en contra fundamentales intereses de nuestro país.

Claro, el gobierno uruguayo está atento a las acciones de su similar argentino y, de alguna manera, se «ilusiona» con que el conflicto se destrabe de alguna manera, como ocurrió en el correr de los últimos días cuando se sostuvo que el presidente Néstor Kirchner tenía una visión distinta a la del gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, y que este último, ante la diferencia, estaba pensando en presentar su renuncia.

Nada más alejado de la realidad. Busti en conferencia de prensa dio otra vuelta de tuerca al conflicto, los camiones detenidos en la frontera debieron regresar a Chile y, este fin de semana, la frontera, nuevamente fue cortada por piquetes que impiden –en lo que es, repetimos, una inaudita agresión– el tránsito de turistas, fundamentalmente argentinos.

El gobierno uruguayo, con firmeza, sigue afirmando que las plantas se levantarán en donde están proyectadas. Sin embargo, es evidente que se deben evaluar los hechos porque no sólo se trata de declaraciones sino de posibilidades reales. Si la progresión de acciones sigue como hasta hoy y el gobierno argentino no quiere escuchar los argumentos que se manejan, ni está dispuesto a llegar a acuerdos en las comisiones formadas para estudiar los impactos ambientales, ¿qué pasará en adelante?

A esta altura no estamos seguros que recurrir al tribunal de La Haya sea un camino pacificador, porque no creemos que la movilización por ello se desactive. Menos aun si se lleva el tema al tribunal de controversias del Mercosur, creado por el Acuerdo de Asunción. ¿Ello detendrá la progresividad de las acciones de los piquetes? ¿Con esas acciones legales se pondrá coto al sectarismo de los funcionarios que impiden los acuerdos y hacen que se levanten reuniones de trabajo?

Hay analistas que manejan la idea de una mediación entre los dos países que, de alguna manera, intente poner punto final a un diferendo insólito, que no acepta –como hace la parte argentina– que existen diferencias técnicas entre el cloro y el óxido de cloro, que las plantas se han proyectado cumpliendo con todas las garantías para preservar el medio ambiente.

Quizás llegó el momento de hacer un alto en el camino. Detener la vorágine de declaraciones, protestas y trascendidos periodísticos y, buscar una mediación que pueda acercar a las partes y aventar, de una vez por todas, los peores augurios que existen sobre una relación fraternal que se deteriora rápidamente. *

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