¿Qué nos está pasando?
¿Qué nos pasa en el cono sur? Cuando el cerco, por decisión soberana de los pueblos está armándose a favor de los mejores intereses de esos mismos pueblos y cuestionando la dinámica de las grandes coorporaciones de EEUU – las del capitalismo salvaje que exigen una vorágine de crecimiento para evitar el estancamiento y la crisis – aparecen las disidencias entre sectores de esta parte del mundo, con escisiones ficticias y caminos encontrados. ¿Qué nos está pasando cuando el panorama se completa con los triunfos democráticos de Evo Morales, en Bolivia, y de Michelle Bachelet, en Chile?
El conflicto de las papeleras está tomando un vuelo inaudito porque quienes han tirado la primera piedra no han medido como ello repercutiría en la gente que, de manera militante, cree realmente que se contaminará el río Uruguay, que el Río de la Plata se convertirá en un estuario de muerte y que lluvias tóxicas caerán sobre los pueblos de la región.
De nada valen los informes técnicos, las explicaciones, la buena voluntad con que se explican las tecnologías limpias que se aplicarán.
El gobierno de Entre Ríos es responsable de haber iniciado el escándalo pero el de Kischner es también culpable de no haber adoptado las medidas adecuadas para poner punto final a una situación que está creciendo y que ya es difícil de dominar.
La situación es cada vez más grave. A los cortes de rutas –en los que la violencia está implícita– se suma ahora el incendio de un camión con cocteles «molotov», en una escalada de violencia que parece no tener fin, y otras acciones de «acción directa» inadmisibles.
De la diferencia se pasó al desacuerdo, de éste a la discrepancia y a la incomprensión y ahora al conflicto y a la discordia con la aparición de algunas acciones xenófobas, absurdas y desmedidas. Ahora –y con razón– preocupan esas situaciones.
Exacerbar los nacionalismos lleva a derechizar a las sociedades y ello, en estos países con gobiernos progresistas, es una enfermedad que puede tener imprevisibles consecuencias pero que además es contraria a los objetivos proclamados por las administraciones.
Sin embargo, entendemos, que es muy difícil romper tantos años de hermandad entre uruguayos y argentinos, de quebrar de un día para el otro lazos tan firmes, robustos, por acciones de personajes que «dando manija a más no poder» conmovieron a la gente, tocando fibras fundamentales que se entroncan con la vida misma.
Lo que ocurre a esta altura –cuando la soga se ha tensado de manera casi insoportable– es que nadie sabe cómo volver atrás.
Nuestro canciller, Reinaldo Gargano –debemos reconocerlo– se debate tratando de mostrar una posición firme y mesurada, coherente, intentando que no se pierdan nunca los lazos que aún se mantienen con el pueblo y el gobierno argentinos, pero dejando traslucir la firme decisión de que no se dará ni un paso atrás en la decisión de construir las plantas.
Por supuesto que ahora la jugada está en Argentina, ya que es de allí de donde surge la agresión, en donde se cortan las rutas que provocan una merma en nuestro turismo, de donde despegan los helicópteros de Greenpeace y salen las embarcaciones (gomones) que tratan de conmocionar a la opinión pública, en un increscendo de acciones que parece no tener fin.
Entonces, es deber del gobierno argentino hacer algo. Existen demasiados lazos entre uruguayos y argentinos para que el sectarismo y la obcecación sean el denominador común de la acción política.
Desde aquí lo único que queda es la ponderación, el trabajo de convencimiento, el tratar de aplacar las tormentas pero, con firmeza, no admitir las transgresiones como las de los activistas de la organización ecologista financiada, al parecer, por ONG europeas, que no sólo violentaron nuestra soberanía sino que conmocionaron a toda una zona que, tradicionalmente, vivía la bucólica tranquilidad de un litoral sin muchas expectativas y ahora, cuando aparece una esperanza de progreso, se enfrenta a una situación inédita.
Firmeza, además, para defender su verdad, para no admitir los argumentos trasnochados como los que han comenzado a pulular en algunas cabezas de que la catástrofe ecológica se avecina por obra y gracia de plantas que según lo afirmado por los técnicos se levantan en base a los últimos elementos de la técnica para evitar la contaminación.
Pero también y ello hay que tenerlo bien claro para exigirle a las empresas que construyen las dos plantas, todas las garantías de que se cumplen con las especificaciones y que, en el futuro, no se asistirá a una situación que nadie desea.
Por supuesto que confiamos en los técnicos de nuestro gobierno que se están reuniendo con sus pares argentinos y, de acuerdo a lo sabido, han llegado a acuerdos en un 85 por ciento de los temas discutidos.
Pero, más allá de esa ardua tarea que es realmente la que importa, se está visualizando la acción desenfrenada del gobernador Busti, una especie de señor feudal en su provincia que, con esta acción, trata de lograr un apoyo popular que estaba perdiendo.
Por supuesto que entendemos que no son de recibo algunos argumentos que se manejan desde nuestro país, en donde se señala la contradicción existente en la propia Argentina, donde funcionan varias plantas de celulosa contaminantes, de vieja tecnología. ¿Qué se quiere decir? ¿Que si se tiene una planta de esas características se debe aceptar otra que también contamine? Por supuesto que ese argumento se cae por su propio peso, como anteriormente se deterioró otro trasnochado que afirmaba que la campaña contra las plantas tenía un móvil electoral.
El tema, obviamente, tiene una profundidad mayor. Se trata de una confrontación que el gobierno argentino debería haber evitado desde el pique, porque lo perjudica es evidente primeramente a él mismo. Buena parte de la pequeña y mediana industria del vecino país exporta hacia Uruguay y comercialmente el cierre de rutas, más allá de los perjuicios que ocasiona al turismo, puede provocar a la economía argentina varios traumas de indudable importancia.
¿Entonces? ¿Cuando en el continente se están verificando vientos progresistas, hay que determinar a quién sirve un desencuentro entre Argentina y Uruguay?
Como usted compenderá, amigo lector, en primer lugar a ninguno de los dos países circunstancialmente enfrentados. *
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