Cuando se pisotean las razones
Es sorprendente la vociferante actitud de muchos argentinos, de un militantismo sectario que pisotea las razones y que quiere imponer, en base a la prepotencia, razones que no tienen en torno a la construcción de dos plantas papeleras, dando por sentado que el gobierno uruguayo deja de lado todas las previsiones y exigencias para que esas plantas respeten escrupulosamente el medio ambiente.
Es una actitud grave, inadecuada y que habla mal de un gobierno que no hace cumplir sus propias leyes y que, además, perjudica al comercio de los dos países, fundamentalmente al proveniente de las pequeñas y medianas empresas del vecino país, muchas de las que trabajan esencialmente para nuestro mercado.
La afirmación del gobierno vecino de «que no reprimirá» a quienes cortan las rutas, lanzan «cócteles molotov» en contra de camiones que se dirigen a Uruguay, dejan despegar helicópteros de su territorio para realizar acciones propagandistas en nuestro territorio, es también un asunto que exige análisis, porque el presidente Néstor Kirchner y sus ministros están sosteniendo, con esa afirmación, que no harán nada contra los que violan la ley, vulneran el derecho internacional y los acuerdos del Mercosur.
Quizás les moleste que un pequeño país, como Uruguay, tradicionalmente amigo de la Argentina, con pueblos hermanos que han multiplicado los lazos de amistad, se haya plantado con firmeza ante la prepotencia y siga adelante con la decisión de construir las plantas papeleras que, además, no contaminarán, tal como lo establecen los informes técnicos que se han logrado desde las más diversas procedencias.
Pero, lo que nos preocupa ahora, es la actitud de mucha gente que se ha subido a una campaña, tan irracional como creciente que sigue radicalizándose. Hemos escuchado argumentaciones grandilocuentes que sostienen que se envenenará no sólo el río Uruguay, también las aguas del Río de la Plata «serán malsanas» y lluvias «venenosas (sic) caerán sobre las ciudades». Estos argumentos se manejaron, son afirmaciones que se trasmitieron por la televisión argentina surgida de boca de manifestantes en un incremento de la locura ululante en que están inmersos. Argumentos que parecen estar en la cabeza de muchas personas que ya están viendo en las empresas papeleras el centro de todos los males y que si se construyen esta zona del continente se convertirá en un páramo producto de la contaminación.
¿Cómo es posible que se llegue a estos niveles de irracionalidad? ¿Quién puede haber lanzado esa información tan irresponsable que sirve para que sectores ululantes de la sociedad argentina se dispongan a luchar a brazo partido contra un proyecto de plantas de fabricación de pulpa de papel, como hay siete en la propia Argentina, 400 en Europa e incontables en el mundo.
Pero, además, que se levantan en Uruguay con la garantía de un gobierno progresista que les exige a las empresas el mayor cuidado por el cuidado del medio ambiente, con todo un método de blanqueo del elemento que produce, en base a técnicas limpias. Sin embargo nada de esto es de recibo. Lo que vale es la información torcida y falsa, la militancia que da por sentado que todo está mal y que las plantas son contaminantes. *
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