La cultura de gobierno
Solía decirse por ahí, antes que el Frente Amplio ganara las elecciones de octubre del año pasado, que dicha fuerza política estaba demasiado acostumbrada a ser oposición y que le faltaba cultura de gobierno.
Con tal afirmación se pretendía descalificar a la izquierda a los ojos del electorado, tratando de hacerla aparecer como una fuerza política que no ofrecía garantías de ejercer un buen gobierno. Se dudaba, en síntesis, de su capacidad para gobernar en una coyuntura internacional en la que, a diferencia de lo que ocurría treinta y cinco años antes, la realidad exigía la revisión de más de uno de los postulados históricos de la izquierda.
Pues bien, la experiencia de los primeros diez meses de gobierno de la coalición de izquierdas muestra que, más allá de problemas, obstáculos y controversias, el gobierno encabezado por el doctor Vázquez va por el rumbo correcto, luego de haber resuelto problemas, sorteado obstáculos y dirimido controversias con acierto.
En estos primeros días del año, se han divulgado ciertas cifras que permiten calibrar, con su objetividad inapelable, los logros del gobierno. Los indicadores macroeconómicos hablan de un proceso de recuperación de la economía en franco ascenso, con récords en volúmenes exportados, con la inflación controlada y por debajo de las previsiones, con la recuperación de reservas por parte del Banco Central, con aumento del ingreso de los hogares y con una (leve) disminución del desempleo.
Pero no se trata solamente de esos famosos indicadores macroeconómicos, los únicos en que suelen reparar los asépticos tecnócratas a la hora de decretar el éxito o el fracaso de un equipo económico. Además de las cifras inapelables, hay una percepción generalizada en la población de que «las cosas empiezan a mejorar»; muy de a poco, es cierto, pero esa es la sensación instalada en el común de la gente.
Ha habido un aumento del consumo, una vigorización de la actividad comercial, palpable no sólo en el incremento de las ventas de bienes suntuarios, sino también –y esto sí es clave– en el aumento de las ventas en comercios barriales y ferias vecinales; esto último es denotativo de un crecimiento más o menos parejo del mercado interno, lo que implica un atisbo de mejora en la distribución de la riqueza.
Pero la gestión gubernamental no debe medirse solamente en términos económicos. Desde luego que para el grueso de la población, tan castigada por crisis y desaciertos en la conducción de la cosa pública de los gobiernos anteriores, las prioridades tienen que ver con el empleo y con la recuperación salarial que le permita acceder a un nivel decoroso de consumo. Sin embargo, como queda dicho más arriba, los éxitos de un gobierno no se miden sólo por los indicadores macroeconómicos.
Hay otros ámbitos del quehacer nacional en los que el gobierno actual ha demostrado su voluntad política de cumplir el programa y proceder a los cambios anunciados. En el área de las relaciones laborales, es mucho lo que se ha avanzado. La reinstauración de los consejos de salarios y la Ley de Fuero Sindical –amén de otras medidas menos espectaculares– tienden a redignificar al asalariado y a restaurar las condiciones laborales seriamente afectadas por la desregulación propiciada en administraciones anteriores.
La izquierda está demostrando que es capaz de gobernar. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad