Turismo y seguridad

Cuando el país entra en plena temporada estival, época del año en que se incrementa el flujo de visitantes extranjeros, vuelven a plantearse los problemas de inseguridad (o de falta de una seguridad apropiada) que aquejan durante todo el año a toda la población pero que preocupan especialmente a las autoridades cuando los balnearios reciben una cantidad de turistas que colman sus instalaciones.

Parece una preocupación lógica y explicable, puesto que los ingresos originados en la actividad turística han venido creciendo paulatinamente desde hace unos años. Con los altibajos inherentes a aspectos coyunturales de índole financiera, puede afirmarse que el país, que ha incrementado y variado su oferta turística, está recibiendo cada año más veraneantes provenientes de los países limítrofes e incluso de otras partes del planeta.

Parece razonable, pues, que al tiempo que se mejora la infraestructura para atender esa demanda creciente, se busque mejorar la seguridad de quienes han elegido nuestros centros de veraneo y de esparcimiento para pasar sus vacaciones. Los turistas exigen, además de la gama de servicios habituales que cualquier centro turístico ofrece, que el lugar donde se instalan para su descanso no ofrezca riesgos, de modo de poder gozar de su estadía sin temor a sufrir robos, asaltos, arrebatos o rapiñas.

Es así que desde el Ministerio del Interior se han dispuesto medidas tendientes a redoblar e intensificar la vigilancia en nuestras principales estaciones balnearias y otros lugares elegidos por los visitantes extranjeros. No obstante, como si se tratara de una idea fija, de una obsesión, vuelven a surgir los reclamos de la oposición que ha hecho del ministro José Díaz el blanco predilecto de sus ataques. Entienden que las medidas dispuestas por esa cartera no son suficientes y vuelven a reclamar la renuncia de la jefa de Policía de Maldonado, al tiempo que preparan un llamado a sala al doctor Díaz.

Esa sensación de inseguridad está fundada en hechos objetivos que hablan de una multiplicación de delitos en los balnearios de Maldonado, principalmente en Punta del Este y La Barra. Pero la percepción de esa falta de seguridad también se ve abonada por los gritos de alarma lanzados por los dirigentes políticos opositores con el auxilio de una campaña de prensa desatada en Buenos Aires que informa con especial destaque de los hechos delictivos ocurridos en el este uruguayo, de los que han sido víctimas veraneantes argentinos más o menos famosos.

El doctor Lacalle, vecino habitual del poblado de La Barra durante la temporada estival, exige «tolerancia cero» con todas y cada una de las transgresiones a la ley penal; faltas y delitos deben ser castigados con todo rigor. Sostiene el líder herrerista –entrevistado por El País– que la «tolerancia cero» puede operar como factor de disuasión, vale decir que al difundirse que hasta la menor falta tendrá su sanción penal, ello desestimulará al delincuente y lo hará desistir de sus propósitos. «Si se reprime desde lo mínimo, se logra transmitir a la sociedad la sensación de que no va a quedar impune ninguna transgresión», habría dicho Lacalle.

Nosotros entendemos que la perspectiva de sufrir una pena severa no suele tener efecto disuasorio alguno, y que más que soluciones de esa índole, es preciso sí reforzar la vigilancia y profundizar la tarea preventiva de la Policía, pero sin olvidar que mientras no se ataquen las causas del incremento de la delincuencia, vanos serán los esfuerzos para lograr la necesaria tranquilidad de los turistas. *

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