Chile: mucho más que una elección
Integrante de la Secretaría de RR.II. del Partido por la Democracia de Chile
El próximo 15 de enero Chile decidirá qué modelo de vida quiere para los próximos 50 años. La derecha ha salido a la calle a comprar votos, repartiendo en las poblaciones, en los barrios más populares canastas con alimentos, lentes de sol y hasta pastas envasadas con el nombre de Piñera. Se ha ofrecido como garante de deudas de aquellos que deseen vender su decisión en las urnas. Para sus conspicuos representantes el electorado equivale a un mercado, donde el ciudadano posee el valor de una mercancía.
Felipe Lamarca, otrora director del Servicio de Impuestos Internos de Pinochet, ex Presidente de la Sociedad de Fomento Fabril y su sucesor, el señor Claro, integran el selecto y pulcro comando político de los ricos con miras a la decisión final .
No tenemos dudas de que los dueños de los fundos, industriales y banqueros, el señor Cumsille, presidente del Comercio detallista de Chile y actor relevante en la caída del Presidente Allende, junto al ex empresario de los camioneros golpistas León Vilarín, cerrarán filas detrás del abanderado de sus intereses.
Frente a esta cordillera de dólares, acciones y negociados se enfrenta esta mujer, médica pediatra, torturada en Villa Grimaldi, junto a su madre, hija de un héroe de la fuerza aérea chilena, el General Alberto Bachellet, quien fuera ministro y asesor del mártir más grande en la historia de Chile.
En los próximos días asistiremos a un ataque personal hacia Michelle y un intento de avasallarla por lo que representa, por su condición femenina y porque además en sus dos gestiones anteriores en los gobiernos de la Concertación, demostró capacidad, solvencia y un gesto permanente de ternura y compromiso por los más débiles que genera transversalidad en el apoyo popular hacia su figura.
Michelle representa al chileno medio, al hombre y mujer que viven de su salario, a las madres, a las docentes, a las temporeras y agricultoras, a los jóvenes hambrientos de participación en un proceso de transformaciones, iniciado por Don Patricio Aylwin, el 11 de marzo de 1990. Michelle representa un cambio cualitativo en la cultura de Chile, propiciado por el actual primer mandatario.
La construcción de un país justo es siempre una tarea incompleta. El desarrollo chileno está sujeto a los vaivenes e imperfecciones de un modelo que prevalece hoy día a nivel mundial, caracterizado por una globalización vertiginosa en los modos de vida, en los patrones culturales y en las relaciones económicas. Nosotros pensamos que llegó la hora de profundizar la democracia y hacerla llegar a los sectores que aún hoy, no disfrutan de bienes y servicios indispensables para una vida digna.
Sin embargo, en medio de inequidades aún no resueltas por el modelo chileno, decimos también que en pocos años, habrá un millón de jóvenes en la educación superior. Existirá allí una reserva de talento, de la que nunca antes en su historia dispuso la patria de Neruda. En eso deberá trabajarse a futuro, elevándose el «stock» de desarrollo humano a nivel de educación formal y en la construcción de nuevos ciudadanos y ciudadanas, desde la cuna.
Estamos absolutamente convencidos de que el modelo de Piñera y de los clanes económicos dueños de Chile, lejos de resolver la brecha existente entre ricos y pobres, la hará más ancha, generando mucho más concentración de riqueza en pocas manos, explotando trabajadores por esmirriados salarios y en condiciones inhumanas.
El Chile de la fanfarria que propone Piñera es del mismo signo y tenor que la Argentina de «pizza y champagne» de Menem, el Brasil de Collor de Mello, las patrias financieras e impunes para dineros «non sanctos». Chile merece otro destino. El sacrificio de Salvador Allende no fue en vano. Diecisiete años de dictadura demostraron a cabalidad la propuesta de esta derecha que hoy se reúne detrás del empresario-político, quien afirma poseer un pensamiento humanista y cristiano.
Ayer los Pinochet, los Sergio Fernández y los Novoa. Hoy los Piñera y los Lavín, maquillándose la faz que oculta los privilegios acumulados sobre las espaldas de los trabajadores, durante décadas. Frente a ellos la Concertación de Partidos por la Democracia que recibirá el respaldo del nuevo referente de la izquierda trasandina, «Juntos Podemos», y en particular del Partido Comunista de Chile a efectos de asegurar el triunfo en segunda vuelta.
Es justo y necesario a nuestro juicio, más allá de este análisis referido a la actual coyuntura que vive la nación hermana, que los comunistas, víctimas predilectas del tirano, vuelvan a su casa, en un futuro cercano, cual es el Congreso Nacional, que ocuparan con tanta dignidad Volodia Teitelboim, Luis Corvalán, la inolvidable Gladys Marín, Pablo Neruda, entre muchos otros. Para ello Michelle Bachellet ya ha señalado que una de sus primeras tareas de gobernante será la abrogación del sistema binominal, rémora de la dictadura, y el retorno al sistema de representación proporcional, propio de la Constitución anterior de 1925, que permitirá el retorno de una fuerza política constructora de las más sentidas luchas obreras. Contará para esta medida con una relación de fuerzas favorable en el parlamento electo el pasado 11 de diciembre.
Se blindará así el porvenir de un Chile más digno y parecido al país coloquial de los fermentales años 60. La nación trasandina se juega el próximo 15 de enero mucho más que una elección. En un MERCOSUR que tendrá Parlamento para integrar etnias y sensibilidades diversas, necesidades y sueños de futuro compartidos, parece poco probable visualizar a Piñera, que representa más de la ortodoxia neoliberal generadora de la pobreza en su patria y en toda América Latina. En suma, Michelle Bachellet dignifica el alma de Chile y bajo su impronta amanece la esperanza de continuar transitando las anchas alamedas para que nuevos hombres y mujeres libres avancen en la generación de una sociedad más próspera y mucho más equitativa que la actual en la distribución de la riqueza. *
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