La lengua no es de trapo

De asunciones y reivindicaciones

Pude leer una información brindada por una agencia internacional sobre los últimos atentados en Irak en la que se afirma: «según observadores imparciales, se puede asumir que hubo agentes infiltrados…».

No por ser bastante común podemos aceptar este uso francamente contaminado de anglicismo del verbo asumir. En efecto, la semántica unívoca de este vocablo no admite emplearlo como sinónimo de presumir, colegir o sospechar. Yo habría escrito: «según observadores imparciales, se puede concluir que hubo agentes infiltrados». Según el DRAE, asumir significa «atraer a sí, tomar para sí»; también puede ser «hacerse cargo, responsabilizarse de algo, aceptarlo».

Esta segunda acepción es la que con mayor frecuencia aparece en el lenguaje común: Por razones de salud, el general no pudo asumir el mando; Tabaré Vázquez asumió la presidencia en medio de gran expectativa; Los jerarcas de la administración anterior deben asumir su responsabilidad en la crisis.

Sin embargo, no debe confundirse el último ejemplo y suponer que asumir es sinónimo de reconocer o confesar; por tanto, no es correcto decir, por ejemplo: La ETA asumió el atentado. En este caso, hay que recurrir a otros verbos como atribuirse o a expresiones como declararse autor.

Entre paréntesis, y ya que estamos con atentados, quiero recordar que es también un disparate decir que tal grupo armado reivindicó el atentado, pues sólo puede reivindicarse un derecho: reivindicar significa «reclamar, exigir uno aquello a que tiene derecho».

Finalmente, hay un uso de asumir que hasta no hace mucho tiempo los académicos consideraban incorrecto pero que las últimas ediciones del diccionario terminaron por admitir y lo recogen en la tercera acepción: «adquirir, tomar una forma mayor».

No me parece mal en principio que las academias se adapten y acepten los cambios lingüísticos (en este caso se trataría de una ampliación semántica) que las comunidades imponen. Pero reconozco que sigue chocándome cuando leo que como consecuencia del fuerte viento, el incendio asumió grandes proporciones.

–Y usted, ¿por qué no asume de una vez su responsabilidad, y manda servir la vuelta? Yo, lo que reivindico, es la posibilidad de tomar otra grapita, ¿vio?

–¡Qué lo parió! *

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