Perspectivas y expectativas

En nuestra edición de ayer se publica un pormenorizado balance de la gestión de los primeros diez meses de gobierno progresista, al tiempo que se señalan los desafíos pendientes.

Sin duda alguna, el gobierno encabezado por el doctor Tabaré Vázquez ha logrado sortear obstáculos y salir airoso en un buen número de asuntos; se trata de aspectos prioritarios del programa de gobierno que han hecho posible que el titular del Poder Ejecutivo mantenga un alto índice de popularidad y de aceptación de su gestión.

Cierto es que ha habido ciertos asuntos polémicos que generaron desacuerdos y rispideces en la interna del partido de gobierno.

La solución al problema del endeudamiento de algunos sectores productivos planteó una de las primeras desavenencias. Más tarde fue la participación de la Armada en la Operación Unitas, lo que dividió las aguas frentistas. Después, el envío de tropas a Haití motivó la renuncia de Guillermo Chifflet; y últimamente, el voto negativo del senador Lorier al Tratado de Inversiones con EEUU generó una nueva polémica.

No obstante, y sin perjuicio de algunas críticas a la política económica, la fuerza política gobernante aparece sólidamente unida en torno a las grandes líneas de acción trazadas desde el Ejecutivo.

Es así que en áreas de enorme trascendencia es posible suponer que habrá consenso para llevar adelante los cambios anunciados durante la campaña electoral.

Una de ellas es la atención de la salud. Se espera que este año el Parlamento se aboque al estudio del proyecto de ley por el que se instaura el Sistema Nacional Integrado de Salud y el Fondo Nacional de Salud. Es un asunto de vital importancia, ya que se trata de uno de los derechos humanos fundamentales que, por más que esté consagrado en la Constitución, la realidad hace que el Estado esté en deuda con un número alarmante de ciudadanos cuya cobertura sanitaria es nula o deja mucho que desear. De acuerdo con la mentalidad neoliberal –una exacerbación del sistema capitalista–, la salud se ha convertido en un servicio más, regulado implacablemente por las leyes del mercado.

Durante los últimos tres lustros se fue produciendo un paulatino deterioro en la calidad asistencial de la población de menores recursos. Con el aumento de la desocupación y la pérdida de poder adquisitivo del salario, miles de uruguayos debieron abandonar el sistema mutual, con lo que aumentó considerablemente la población atendida por el sistema estatal, cuya capacidad de respuesta a ese aumento se vio desbordada por completo.

En el ámbito del Ministerio de Educación y Cultura destaca la necesidad de una reforma profunda. Las autoridades ministeriales tienen pensado convocar a un gran debate nacional, en el que se recojan las ideas y se confronten las propuestas e iniciativas de modo de elaborar una nueva ley de educación.

En fin, no son estos sino algunos de los asuntos pendientes que el gobierno deberá resolver este año. Junto a la reforma impositiva, al fomento del empleo y el aumento del salario real, las áreas de la educación y la salud exigen una atención especial de parte del gobierno.

Las expectativas de la inmensa mayoría de la población están centradas en esos aspectos. La gente no pretende cambios súbitos; espera sí cambios que vayan procesándose paulatinamente pero que tiendan a transformar los aspectos más irritantes de una sociedad desestructurada. *

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