Nueva etapa para el pueblo boliviano

El aplastante triunfo del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, en las elecciones presidenciales en Bolivia agrega un nuevo episodio en el ciclo de agotamiento de las propuestas políticas involucradas en el continuismo neoliberal y coloca a este país, el segundo más pobre en América Latina después de Haití, en una nueva etapa cargada de promesas y de riesgos.

Basta una primera lectura de la prensa internacional para observar que el líder cocalero triunfante no goza de buenas simpatías en el campo de los amos del imperio. Ya se ha difundido una serie de informaciones «desinformantes» que intentan descalificar lo que ha sido un pronunciamiento democrático con los más altos índices de participación ciudadana en la historia del altiplano.

El capítulo boliviano de la larga marcha latinoamericana en busca de los caminos de la liberación nacional, social, cultural y étnica, agrega más fuerza al conjunto de procesos inclinados hacia propuestas que apuntan a la construcción de propuestas que impliquen una superación del modelo neoliberal.

En ese sentido, Atilio Borón ha escrito en estos días: «El excepcional triunfo de Evo Morales revela los significativos alcances de esa toma de conciencia de las masas bolivianas y ratifica, una vez más, que el ciclo neoliberal está agotado. No sólo las economías no crecen ni distribuyen bajo sus auspicios, revelándose el carácter fantasioso del famoso «efecto derrame»; peor aun, las democracias se vacían de todo contenido, se deslegitiman e inflaman la protesta popular. El posneoliberalismo se ha instalado en la agenda de nuestros pueblos. Y Bolivia, fiel a una tradición insurreccional que arranca desde los tiempos de la colonia, lo ha expresado del modo más radical».

También el analista brasileño Emir Sader ha realizado una serie de artículos en los que analiza el proceso boliviano en el contexto de los procesos posneoliberales que se desarrollan en América Latina.

Dice Sader en una nota difundida por el diario digital Rebelión: «Bolivia tiene pésimos índices de distribución de renta, sólo superados -negativamente- por Brasil. El 20% más rico dispone de una renta 30 veces mayor que el 20% más pobre. El 60% de la población vive en la pobreza en el conjunto del país, pero ese índice llega al 90% en las áreas rurales. El desempleo oficialmente registrado triplicó en los últimos 17 años, desde que los planes de estabilización monetaria comenzaron a ser aplicados, llegando al 13,9%, mientras la proporción de personas del sector «informal» -es decir, de trabajo precario- aumentó del 58 al 68% en 15 años. La mortalidad infantil es de 60 por mil nacidos vivos, siendo que la media del continente es de 28. La expectativa de vida al nacer es de 63 años, mientras la media de América Latina y del Caribe es de 70 años.

Dos y medio millones de campesinos tienen como principal instrumento de trabajo el arado egipcio, de 3.000 años atrás. La tecnología de punta sólo es utilizada en la extracción de petróleo y del gas, en las telecomunicaciones, en los bancos y en un 10% de la extracción minera y de la producción industrial. La prometida «modernidad» se reduce en Bolivia a los cibercafés, a los coches de lujo y a los bienes suntuarios consumidos por la elite, en las palabras de Alvaro García Linera, el más importante intelectual boliviano, electo vicepresidente de la República en la boleta de Evo Morales». *

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